viernes, 2 de julio de 2010

67. DOS ESTAMPAS DE LA VIEJA PLAZA

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Aunque este verano del 2010 me voy a Alemania y voy a estar por lo tanto lejos de Anguciana, sé que los oídos me van a chillar mucho con las mil y una conversaciones que se van a suscitar sobre la nueva plaza. Ya he dicho que no quiero hacer crítica ni buscar culpabilidades y que prefiero decir de un modo genérico que han sido el Mal de la Arquitectura de nuestro tiempo y el Mal de la Política de nuestro tiempo los que juntos han caído como una enorme losa sobre nuestro pequeño pueblo aplastando su corazón.

La desolación compositiva, el despilfarro económico y el desastre funcional de la nueva plaza me hacen recordar todo lo más un “pattern” o guía de proyectación que da mi teórico favorito, Christopher Alexander, respecto de los espacios públicos. Dice Alexander en el pattern nº 126 de su libro que para que una plaza no sea un lugar desolado hay que poner “algo brusco en medio”. Y ello me lleva a recordar una vez más aquel viejo kiosko de música de la plaza de mi infancia, rodeado por una guirnalda de árboles y bancos.

Pues bien, si de pequeños llamábamos “estampas” a las imágenes de santos y de cosas sagradas, a las dos fotos que traigo hoy aquí he querido darles también el título de “estampas” porque frente a ese gigantesco vacío de la nueva plaza de los próximos años, cualquier imagen de aquella vieja plaza me parece ahora “sagrada”.

Las hice a primera hora del día de una nevada caída en las navidades de 1970 y la verdad es que siempre me asombré de su calidad compositiva. En la de arriba, abierta hacia a la embocadura del castillo y el puente, pueden verse un fragmento del kiosko, de un banco y de un árbol, esas tres sencillas piezas con las que se componía aquella plaza.

En esta otra foto que pongo aquí abajo hice casualmente una composición muy extraña que luego supe que tenía mucho que ver con la estética de fragmentación y dualismo de muchas composiciones modernas. Dos de los árboles nevados enmarcan la divisoria de dos casas, la nuestra y la de los Marín.



Como hacían las beatas de mi infancia con las estampas de sus santas y su vírgenes, casi me dan ganas a mí también de besar ahora estas dos fotos. Estas dos estampas.