domingo, 27 de abril de 2008

32. LA BAJADA DE LA VIRGEN



Los ritos son para el tiempo como los hitos para los lugares. Les dan estabilidad o permanencia ayudando así a nuestra frágil memoria. A veces se abusa de ritos e hitos, y en vez de servir de referencia crean algo de confusión, pero cuando faltan parece que todo se desmorona.

El patrón de Anguciana es San Pedro Mártir de Verona, que se celebra el 29 de abril, así que esa fue siempre su fiesta patronal. El resto de las fiestas del calendario religioso tenían un carácter general o compartido con muchas otras poblaciones: San Isidro, San Juan, Santiago, la Asunción, el Pilar, etc. Cuando llegaron los bilbainos a veranear se empezó a celebrar también San Ignacio de Loyola (el 31 de julio), y como ya hemos dicho al hablar de Oreca, el 24 de Agosto se hacía una pequeña celebración en San Bartolomé. La segunda fiesta importante del pueblo era la de Virgen o de Acción de Gracias del 8 de Septiembre, que también era compartida con muchos otros lugares (con Haro, sin ir más lejos).

En el pueblo se solía ironizar diciendo que la Virgen de la Concepción fue la primera veraneante de Anguciana pues mientras su ermita está en “la loma” (ver entrada previa), el domingo anterior al 29 de abril se la baja al pueblo, y el día 8 de septiembre se la llevaba de retorno a su templo para que pasase allí el invierno. Y digo que se la llevaba ese día porque siendo alcalde mi padre hubo un pequeño reajuste en esta última fiesta: como se echaba en falta una “fiesta grande” en los meses de julio y agosto, que es cuando empezó a haber más gente en el pueblo, y como toda fiesta es en realidad una convocatoria de gentes, pues se adelantó un par de semanas la subida de la Virgen juntándola con la pequeña fiesta de San Bartolomé y se hizo de esta fiesta la más sonada del pueblo. Así pues, ahora se la sube el domingo más cercano al 24 de agosto.

A los que amamos los viejos ritos nos quedó como más auténtica la “Bajada de la Virgen” pues además se hacía por la tarde y en abril, cuando no hay veraneantes. Así que, durante muchos años esta procesión ha sido el punto de encuentro de numerosos hijos de Anguciana que han venido desde lejos para reencontrarse con la gente del pueblo en torno a este rito. (Y digo “ha sido”, porque escribo estas líneas hoy domingo 27 de abril del 2008 después de haber ido por la tarde a Anguciana para la Bajada de la Virgen y haberme encontrado con que este año la habían hecho… por la mañana (!)).

Pero bueno, como del futuro no sabemos nada y del presente es mejor es no escribir mucho sin mayor perspectiva, lo mejor es recordar la Bajada de la Virgen con las dos fotos más viejas que poseo de la misma: la que he puesto arriba, que corresponde al momento en que sale de su ermita, y esta que pongo a continuación en la que desciende por la cuesta de la ermita hacia el pueblo.


Ambas fotos son restos de la exposición de 1993, o sea, préstamos de gente del pueblo. Y es por ello que en casa nos llevamos una sorpresa muy agradable pues descubrimos en la primera de ellas a nuestro abuelo Francisco (el segundo por la izquierda mirando a la cámara), que falleció durante la guerra y al que ninguno de sus nietos pudimos conocer. Yo sólo soy capaz de reconocer a Emiliano Ibarnavarro (el porteador del centro) y a Manolo Tobalina (el primero a la derecha de los porteadores de la Virgen) pero seguro que habrá quien reconozca a muchos más.
En la foto de la cuesta, más que entretenerme en reconocer a nadie prefiero recrearme en la contemplación de la gran cantidad de hombres del pueblo que la acompañaban entonces y en el aspecto de sus atuendos.

Por aquello de seguir con el rito o la tradición, completo esta entrada con dos fotos no tan viejas. Hace exactamente diez años, o sea en abril de 1998, hice una vez más la típica foto de la salida de la Virgen por la puerta de la ermita. En ella se puede ver a mi padre en vez de a mi abuelo, y entre los porteadores podemos ver a Tachi (no hace mucho fallecido) en el puesto de Emiliano:


Y como en el post anterior decía que no tenía ninguna foto vieja que diera una visión general del edificio de la ermita, pongo aquí esta otra que también hice ese mismo día de abril de 1998. (La que posa es mi hija Elena, que siempre ha dicho sentirse de Anguciana, pues aunque en realidad nació en Logroño, los dolorosos avisos de su llegada y la rotura de aguas de su parto tuvieron lugar en el pueblo, y para ella eso es lo importante; aunque seguramente, lo importante para ella sea “ser de pueblo” y no de una ciudad que según parece ¡va a tirar alegremente el hospital donde nació!):