viernes, 16 de octubre de 2009

58. JULITO ALONSO, “EL TRAMPAS”

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De tanto en tanto recibo alguna carta de alguien que por casualidad ha encontrado este blog y que le gustaría conocer algún dato de sus familiares o aportarme alguna foto. Yo inicié este blog más que nada como una reflexión arquitectónica sobre un mundo perdido, el de los pueblos sin coches, pero cuando uno empieza a andar sin meta fija nunca sabe donde puede acabar. Internet se ha convertido últimamente en una gran red social (msn, facebook, tuentis, etc) de la que también participan los blogs, y aunque esa tendencia me pueda desviar de mi rumbo, no le voy a hacer ascos. Todo lo contrario: me encanta que la gente pueda conectar con sus raíces gracias a este blog.

El caso es que el otro día recibí un mail sobre el post GALERIA DE PERSONAJES, preguntándome sí ese Julito “el trampas” que yo mencionaba en él podía ser su abuelo. Tras dos o tres mensajes conseguí saber que quien me escribía era Inma Alonso, hija de “El Pichi” (fallecido en abril de este año) y nieta, efectivamente, de Julio Alonso Soto. Me dijo que me escribía desde Galicia y que su madre vive en Vitoria; y me mandó esta bonita foto posando de niña con su abuelo.

Si mencioné a Julio en aquella primer entrega de la GALERIA DE PERSONAJES de Anguciana fue porque le recordaba siempre alegre pasando por el badén, sentado en el pescante de su remolque, y diciendo con sorna “yo soy Julito el trampas”. Julito bebía como un cosaco y es seguro que más de una noche no llegaba hasta su casa en Oreca. A su nieta le conté que en mi memoria retengo una noche fría en que le ayudamos a levantarse de uno de los bancos de la tapia del convento y le encaminamos hacia el puente para que no se quedase congelado.

Mi padre me llegó a contar un día que su desparpajo y su excéntrica personalidad no le venían exclusivamente del alcohol o de la soledad de su vejez, porque el día de su boda también le vieron pasar con su carro por el badén llevando cosas de un lado para otro mientras la novia y todo el séquito le esperaban en la puerta de la iglesia.

Bien, ya sé que con dos pinceladas no se puede ni mucho menos hacer el retrato de nadie ni dar una idea de la vida un hombre, que seguramente tuvo circunstancias bien duras. Pero es esa no es mi intención: entiéndase que el protagonista principal de este blog es el pueblo de Anguciana y que quienes vayamos apareciendo aquí, por sus casas, calles o campos, no vamos a ser más que personajes más o menos pintorescos de su película. O mejor dicho, de la película de mis recuerdos.

Muchas gracias, Inma, por tu aportación.