sábado, 22 de marzo de 2008

15. LA CARRETERA



Después de ver las tres plazas (Constitución, Iglesia y la de la Fuente) y las tres calles tradicionales de Anguciana (Arriba, de la Iglesia y Callejas) es momento de ver algunas fotos de la carretera.
La primera que he puesto arriba, de 1966, es una vista tomada desde el castillo hacia Haro y aunque en primer término vemos algunas casas del centro del pueblo y la frondosa arboleda de la plaza a la izquierda, me interesa dirigir la mirada hacia el fondo de la foto para ver la cortina de árboles que señala la línea de la carretera. También se puede ver en esa foto la caseta del caminero que estaba encima de la cuesta del Batán, y llegando al pueblo, otra gran mancha oscura de árboles a la derecha.
Las carreteras son ahora anchas cintas de asfalto entre biondas de protección y peligrosas cunetas cortadas a bisel, pero hace cuarenta años, las carreteras eran lugares, -lugares de paso, sí, pero lugares, es decir, espacios humanizados. Y las sombras de los árboles que las adornaban eran el elemento más evidente. Por eso pongo aquí otro par de fotos que tengo de la vieja carretera. En la primera, tomada en la cuesta del Batán a comienzos de los cincuenta, también podemos ver, tras las paseantes con niño y los árboles, la caseta del caminero. En la siguiente, hecha en el mismo verano de 1966 con la primera cámara que nos compramos a medias mi hermano y yo, se me puede ver posando con la bicicleta poco antes de llegar a la única curva que hay en el tramo llano entre Haro y Anguciana.



El arbolado de la mayor parte de la carretera estaba formado por acacias y olmos, es decir, por árboles que aguantan la sequedad de la Loma, pero al llegar al pueblo (y a sus ricas aguas subterráneas) había unas chopas enormes que creaban todo un bellísimo túnel de entrada. En esta foto que se hizo mi hermano Alberto hacia 1970 con algunos amigos junto a la valla del chalet de San Ignacio, puede verse ese túnel vegetal del que hablo, y el grosor de las chopas que marcaban la división entre la calzada y la acera.


Pero seguramente el lugar más bonito de la carretera a su paso por el pueblo era el pequeño “salón urbano” que se creó adosando a las tapias de la huerta del convento y del jardín de nuestra casa, esos medios bancos semejantes a los de la plaza. Los árboles eran unos plátanos tan frondosos como los de la plaza y las aceras estaban a un nivel inferior a la carretera con lo que resultaban ser como más especiales. No tengo una foto lo suficientemente específica de este lugar pero podemos hacernos una idea con esta vista tomada desde lejos.


De aquel bonito “salón urbano con carretera” quedan aún los árboles (los troncos más bien) del lado del convento, las aceras (ahora por encima del nivel de la calzada) y unos bancos de madera que sustituyeron a otros prefabricados de hormigón que se pusieron en el lugar de los originales. Pero algo es algo. Por comparar (y por llorar un poco), también podemos fijarnos en el fondo de este lugar, que ya hemos visto cómo era en la primera foto del Castillo (10) y en la de Jaime Marín (11). La foto la hice el miércoles pasado (19mr08) y por suerte no se ven las nuevas almenas, también de hormigón y color cagalera que le han puesto al castillo en la recién concluída "restauración" (lo dejaremos para otro día, o mejor, para nunca jamás: que esto va de recrearse la vista con las fotos antiguas del pueblo).