viernes, 20 de junio de 2008

46. LAS CIGÜEÑAS



Nunca he tenido mayor afición a los animales pero debo reconocer que en aquella Anguciana de los años sesenta los animales tenían un protagonismo muy importante en nuestra vida. Cuando era niño, en mi casa sólo teníamos gallinas y un perrucho, pero en el pueblo había de todo: cerdos, rebaños de ovejas, rebaño de vacas, gatos, burros, mulos, yegüas, conejos y todo tipo de pajarillos más o menos próximos a las casas. En algunas de las fotos que he puesto hasta ahora en el blog sale algún animal pero en general tengo muy pocas de los bichos que animaban y complementaban la vida en el pueblo.
Por empezar por alguna de ellas pongo hoy una foto del nido de la cigüeña en lo alto de la torre. La presencia de las cigüeñas en Anguciana ha sido constante y aún lo sigue siendo. El hecho de verlas desde casa, de saber el viento que sopla gracias a su posición, de celebrar las estaciones con su llegada (“por San Blas la cigüeña verás”) y su desaparición otoñal, sus constantes trabajos para recrecer y reforzar el nido, o las emocionantes clases de vuelo que les dan a sus polluelos cada año, hacen que las cigüeñas hayan formado siempre parte de nuestra vida.
En Logroño hay muchas cigüeñas, pero no son lo mismo. Andan siempre en guerra con los curas de la Redonda por ensuciarles el templo, o con las comunidades de vecinos cuando les da por montar nuevos nidos en las casetas de los ascensores. En Anguciana son las reinas y señoras del pueblo y nadie lo pone en duda. Por eso las quiero mucho.