miércoles, 9 de abril de 2008

24. DE FIESTA A HARO



¿Tendrá alguien una foto de “Marqueta”, el viejo autobús que hacía la línea Treviana-Anguciana-Haro? Cómo me gustaría ver una imagen de aquel “coche de línea” marrón oscuro con baca en el techo y escalerilla en la parte trasera que paraba cada día frente a la tienda de “Chano” para llevar y traer gente a Haro.

La foto a la que le dedico hoy toda la entrada es de los tiempos de Marqueta pero el medio de locomoción es algo más arcaico. No sé quién hizo esa foto ni desde dónde, y tampoco sé cómo pudo llegar a manos de mi familia, pero lo cierto es que ahí está para contar la forma en la que un gran número de mujeres y niños, e incluso con varios hombres, fuimos a Haro un día, seguramente (creo recordar) a ver las famosas “Vueltas” de los carros en la plaza de la Paz. Es una foto curiosísima por las conversaciones cruzadas, la variedad de miradas y la alegría que transmiten los gestos y los movimientos de buena parte del pasaje, y eso que estamos todos sentados.

En el pescante y al mando del remolque, a pesar de que está de espaldas reconozco perfectamente por la pose a Ballugera, (de apodo Charlie o Charlot, aunque creo que se llamaba Bernardo). Mi madre está sentada en primera línea con un chiquillo en su mano izquierda, que creo que es mi hermano José Mari, que murió con nueve años. Detrás de mi madre, está la que fue nuestra niñera, Ezequiela Sáez, con las cejas muy negras y el pelo muy blanco siempre recogido en un moño. A mitad del remolque y mirando hacia al fotógrafo se ve claramente a la Paca en la parte de arriba, a una hija del dueño del remolque, no sé si Carmen o Isabel Ballugera en el centro, y a “Margaritilla” (la hija de la Chunis) en la parte inferior. Por cierto, el otro día me encontré con ella aquí en Logroño y me dio una gran alegría (siempre es así cuando nos encontramos dos del pueblo fuera de él). Una señora alta, rubia y de muy buen aspecto se me acercó en el supermercado y me preguntó: “oye, tú eres Juanchu ¿verdad?”, e inmediatamente se me abrió el corazón porque estaba seguro que por el nombre con que me llamaba era alguien de mi pueblo y de mi infancia. Entorné un poco los ojos de la memoria y enseguida me di cuenta que era Margarita, aquella chiquilla que con dieciséis años y sin carnet de conducir repartía el pan del negocio familiar en una de las primeras furgonetas DKV que hubo en el pueblo.

Alguna de las cabezas de la última línea del remolque debe de ser la mía pero no sé muy bien cual. Creo que el chiquillo que ocupa el ángulo superior izquierda del remolque (y de la foto) podría ser mi hermano Ricardo, pero la precisión del original no da para más detalles o certezas.

Cuento veintisiete personas encima del remolque. Seguro que había muchos días en que Marqueta no llevaba tantas a Haro. Pobre yegua.