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28. PROCESION DEL CORPUS




La secuencia de tres fotos que pongo hoy en el blog creo que es una de las joyas de nuestra colección familiar. No pone en ellas quién es su autor, pero todo parece indicar que sea Calleja, porque indica profesionalidad al apostarse en uno de los balcones de la casa de Poli para tomar las dos primeras, y porque la tercera está hecha con toda claridad a fin de captar bien los rostros de los asistentes.
Después de haber visto en la entrada anterior la nueva imagen del recién inaugurado “parque infantil”, aquí podemos ver su utilización inmediata. Muchos son los rostros y figuras conocidas que vemos en ellas, así que no me detendré en nombrar a los que soy capaz de reconocer y me ocuparé en observar algunos detalles secundarios.

En la primera de las fotos, la que he puesto arriba, la procesión del Corpus avanza por la carretera a la altura del "badén" dejando atrás ese saloncito arbolado en torno a la carretera del que hablé en el artículo sobre la carretera (15). No parece que aún estuviera asfaltada, o sea la foto es anterior a julio de 1964 en que ya la veíamos con brea, pero no muy anterior porque como se ve en la siguiente foto, las calles ya estaban “encementadas”. En la parte superior de la foto se ve la caseta del transformador de la luz que estaba en el mismo centro del pueblo, y a su derecha, una Lambretta aparcada. Como en aquellos días no había ningún coche en el pueblo, supongo que era la moto del veterinario que tenía una de esa marca, aunque al veterinario no se le ve en el grupo (¿estaría asistiendo a alguna vaca en apuros?). El médico tuvo una Vespa, y mi padre un viejísima MV Agusta que por entonces creo que ya no andaba o que la había vendido.

Otro detalle que me llama la atención en esta foto es la participación de los hombres de la Veracruz. Esa Cofradía me imponía mucho porque los hombres que pertenecían a ella asistían a todos los entierros del pueblo (y al parecer a otras ceremonias religiosas) portando un velón en la mano. Era una de las pocas ocasiones en las que se les podía ver bajo la luz del sol sin boina, por lo que la marca de la blancura en sus calvas les daba un aire irreal. Formaban dos filas abriendo la procesión, y en la foto de arriba vemos tan sólo a los dos últimos de sendas filas a ambos lados de Don Gregorio, el cura párroco, que ese día no oficiaba y le había dejado a “Bernardito”, el cura local, la conducción de la ceremonia. Detrás del palio puede verse al tercer oficiante con un misal en la mano: el Padre López, de la Comunidad de Franciscanos.


En la segunda de las fotos, con todo el pueblo arrodillado ante el palio colocado en la portezuela de la valla de los nuevos jardines, el protagonismo es la paz, el silencio y la participación de casi todo el pueblo en la ceremonia. Por lo general, quienes no participaban evitaban respetuosamente su presencia en las calles. Es por eso que los tres niños que se ven al fondo de la Calle Arriba tienen toda la gracia de la nota discordante.



Al principio pensé que el fotógrafo había bajado rápidamente de su balcón para obtener esta tercera foto, pero luego me he dado cuenta de que no está tomada en el mismo lugar sino en algún otro punto del recorrido porque el fondo no es el mismo.

Espero que disfrutéis reconociendo las caras y observando minuciosamente los detalles. A mí en particular, me llaman la atención esas gafas negras tan modernas de Amador, el traje a rayas que llevaba Luis el alguacil, el viejo “look” de americana, chaleco negro, y camisa blanca sin corbata y con el botón de arriba cerrado que luce el hombre que está de pie al fondo de la foto, o el fino velo negro con el que se cubrían las mujeres para las ceremonias religiosas. (Os recuerdo que se pueden ampliar clicando sobre las propias fotos).

(19ab08)

40. GRUPO JOAQUIN




Las fotografías viejas a veces tienen una vida errática. Es frecuente olvidar quién las hizo o porqué, de quién fueron y cómo llegaron a nuestras manos quedándose finalmente en nuestras cajas y carpetas. Los recuerdos familiares viajan en cartas o cambian de casa con las herencias y no se sabe muy bien dónde pueden acabar. Es lo que me pasa a la vista de estas dos fotos que traigo hoy al blog: ¿cómo llegaron hasta mí?

Bueno, el último paso sí que lo sé: estaban en algún cajón del alto de nuestra casa de Anguciana y yo he ido recogiéndolas de por allí para ponerlas a buen recaudo, pero ¿cómo llegaron hasta aquellos cajones? ¿Quizás un regalo a la tía Milagros Angulo, (hermana de mi abuela y que fue la dueña de nuestra casa)?

Es posible porque en estas dos viejas fotos del mismo grupo de personas aparecen varios miembros de la familia Angulo. El tío Joaquín, a quien yo conocí siempre calvo, muy calvo, aparece en el centro de la primera de ellas con todo su pelo negro, y su mujer, la tía Filo, es la que está en lo más alto de la foto. Están todos muy peripuestos pero lo que tiene mucha gracia es el juego de miradas de las tres parejas de abajo: los de la izquierda parecen enfurruñados, los del centro están en veremos, y los de la derecha en plena pose romántica.

En la segunda de las fotos, se han puesto todos de pié por lo que sus rostros aparecen comprimidos en una sola línea. A cambio, se ve mejor el fondo arquitectónico, que si no me equivoco, pertenece a la caseta del caminero del otro lado del puente, la que habitó la familia Carpo. ¿Qué harían por allí tan encorbatados y con abrigos? ¿Un simple paseo dominguero en grupo tan numeroso?


Cuando las fotos llevan una vida errática y pierden la información básica de su origen, cobran una nueva vida porque quedan entonces abiertas a nuestra imaginación. Yo he llamado a estas dos “Grupo Joaquín” por estar él en el centro y por ser el personaje más conocido para mí. Pero seguramente habrá quien vea ellas a otros seres más próximos y queridos y quien recuerde o imagine otras muchas cosas.

(19my08)

59. LAS FARMACIAS Y LOS TRANSFORMADORES ELECTRICOS

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Yo no conocí Farmacia alguna en Anguciana mientras viví allí mi infancia y adolescencia, pero mi padre siempre me habló con mucha admiración de la que hubo en sus tiempos. Estaba en la casa que yo conocí como de Joaquín Angulo y la tía Filo, la casa de la foto de arriba que aquí aparece en una foto reciente, pero que podemos ver también en la entrada número 12 con diferentes colores de pintura para las barandillas, antigua carpintería y sin esos dos escuditos tan refitoleros que le han salido últimamente entre los huecos de la primera planta. Según me ha contado siempre mi padre y me recuerda ahora, la Farmacia estaba entrando al portal a mano derecha, tenía una decoración de estanterías de madera con formas góticas y en sus estantes había no pocos de los preciosos tarros de porcelana tan propios de aquellos tipos de boticas.

El farmacéutico se llamaba D. Román, era cojo y usaba muletas. Vivía con una hermana llamada Benita (¡hay que ver que memoria tiene aún mi padre para las cosas más lejanas) y según cree, murió más o menos en los tiempos de la guerra. Y con él, murió también la Farmacia. D. Román vivía en el segundo piso de esa casa, donde de niño conocí viviendo a las hermanas Olarte, Dolores, y Mercedes. Esta es una foto reciente de la fachada trasera de la casa, la que da a la carretera:



Pocos datos más puedo aportar de aquella vieja Farmacia que gracias a este post no se perderá para siempre en el olvido, pero ya que estamos en esta casa, la casa del tío Joaquín, le pregunto a mi padre por un viejo trastero que había en el patio trasero de la casa y que a mí me obsesionaba de pequeño porque tenía en su puerta aquel siniestro cartel de chapa que se ponía en los lugares eléctricos con una calavera y una leyenda que decía NO TOCAR, PELIGRO DE MUERTE. Mi padre no se acuerda mucho de ese trastero, así que han de ser los hijos del tío Joaquín los que nos refresquen la memoria sobre él; pero a cambio me cuenta cosas muy anteriores sobre el particular. Resulta que en el alto de esa casa se instaló el primer transformador eléctrico para servicio de Anguciana, cuya corriente procedía de una central eléctrica situada en Casalarreina, propiedad de Severo García (padre de la tía Filo) y de su mujer, María Garnica. Esa fue la central que suministró electricidad al pueblo hasta que fue sustituida por la mucho más moderna y potente de la central de Posadas, aguas arriba de Ezcaray, cuyo transformador estuvo ubicado en esa construcción prismática blanca que había junto al badén y que pudimos ver en la foto del post sobre el Corpus (n 28). De allí pasaría a ubicarse entre dos postes de hormigón junto al depósito de las aguas y luego creo que se volvió a meter en una caseta, donde está ahora.

Y hablando del ahora, bien podríamos acabar este post con una foto de la nueva Farmacia de Anguciana, no tan bonita como yo me imaginé siempre la de don Román, y enclavada en una casa que muestra la tremenda decadencia de la arquitectura del pueblo, pero por lo menos, nuevamente representativa de la categoría de “un pueblo con Farmacia” ...y...¡luz eléctrica!



(30oct09)

61. OTRA IDEA DE PUEBLO

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Al hablar de nuestro “pueblo”, Anguciana, las más de las veces me refiero a ese lugar habitado entre Haro y Cihuri poco más abajo de donde se juntan el Oja y el Tirón, o lo que es lo mismo, a ese conjunto de casas atravesado por la carretera de Haro al Montón de Trigo antes de cruzar el río, organizado en torno en un par de plazas y tres o cuatro calles, caracterizado por el castillo y la iglesia, y con el barrio de Oreca al otro lado del puente. Como arquitecto que soy, yo empecé este blog hablando de las calles y de las casas, más que nada porque con lo feas que son las calles y casas que hacemos los arquitectos actuales, las sencillas calles y casas de mi pueblo se me antojaban mil veces más bonitas. Pero las casas y calles de Anguciana van cambiando también, amoldándose a los nuevos tiempos, y ya no reconozco en ellas a mi pueblo, a aquel pueblo de antes que trataba de buscar con este blog. Por eso, a medida que ha ido avanzando este blog creo que he ido desviando mi atención hacia la gente de Anguciana, al principio, en función de las fotos que tenía, y después, considerando que el recuerdo podía convertir a aquellas personas conocidas en “personajes”. Hoy, sin embargo, voy a dar un paso más diciendo que un pueblo no sólo es un lugar concreto con un nombre concreto y con unas casas y calles determinadas. Como tampoco un pueblo es eso que, abusando de la palabra, los políticos del siglo XX convirtieron en una cosa abstracta dotada de poder o de votos muy cercana a lo que entendemos como “masa de gente”. Para los que somos de pueblo, un pueblo es otra cosa: ni sólo un lugar, ni mucho menos un “ente abstracto”. Un pueblo es para nosotros un conjunto de rostros próximos y reconocibles.

Me contaba hace muchos años mi padre que cuando volvía del internado de Tudela y llegaba a Haro, nada le hacía más ilusión que cruzarse por entre la estación, las calles o la carretera a alguien de Anguciana. El ver una cara conocida de alguien de su pueblo le hacía sentir que ya estaba en su pueblo incluso antes de haber llegado a él.

Años después he comprobado no pocas veces, que cuando dos de Anguciana nos encontramos fuera del pueblo, por ejemplo en Logroño, nos saludamos con la misma efusividad que si fuéramos parientes.

Con los periódicos, las revistas y la televisión ahora somos capaces de reconocer a mucha, muchísima gente, pero ay, esa gente no nos es próxima, esa gente no es de nuestro pueblo, no es nuestro pueblo.
No hace muchos días, en una alegre comida en las Bodegas Darien de Logroño, el “Chino” nos dejó sorprendidos al decir que últimamente hay mucha gente que vive en Anguciana a los que no les conocen. Como si el pueblo fuera ya una ciudad dormitorio o un suburbio de otra ciudad donde viven seres anónimos o sin rostro conocido. No sólo el viejo pueblo se desvanece con las nuevas obras de casas y calles sino que también se desvanece en ese concepto de gente próxima y reconocible.

No sé si sería porque ya empezaba a pensar en ello, el caso es que el verano pasado, cuando subí al cementerio, me di cuenta de que la mayoría de los nuevos panteones que lo han macizado ya no tienen fotos, y que de aquellas pocas cruces de forja y chapa que mostraban la foto del fallecido, apenas quedaba media docena. Por suerte, comprobé también que los nuevos nichos han vuelto a la vieja costumbre de poner fotos de los fallecidos y entre las viejas cruces, algunos pocos panteones y los nuevos nichos me hice con poco más de una docena de rostros de Anguciana.

Gracias a este recurso, me hizo mucha ilusión, por ejemplo, descubrir cómo era Don Isidoro, el cura anterior a Don Gregorio a quien yo nunca conocí y a quien llamaban “Pico de Oro”. Llegó a Anguciana procedente de Treguajantes (pueblo en los Cameros Viejos luego abandonado) y según mi padre, el cambio fue todo un ascenso: a Don Isidoro, Anguciana le pareció una “capital”.




Quedan tres cruces de personas que murieron cuando yo era niño y que por lo tanto no los puedo recordar, aunque seguro que habrá familiares o gente mayor que yo que los recuerden (Blas Gómez es el padre del Ché, abuelo por tanto de Armando):





Pero a partir de los sesenta, las caras de todos los demás que pude ver en el cementerio avivan extraordinariamente mis recuerdos y vuelvo a verles como parte del pueblo que está en mí. Algunos de ellos son gentes con los que no creo que yo cruzase una palabra, y sin embargo, me resultan tan queridos como un familiar lejano. Por ejemplo, “El Campesino”, padre de Pedrito, el peluquero que salía en el anterior post, y de “El Litri” y Antonio....



o Eugenio Pérez Barrio, la señora Irene Aliende (creo que hermana de Benjamín, el de la dula, Luis Mínguez y Eugenio Fernández (padre de Pablo Fernández, marido de Candelas, y de Paco, marido de Crucita):






De los muchos panteones que hay son unos pocos han incorporado fotos reuniendo a familiares fallecidos con muchos años de diferencia. En uno de ellos podemos volver ver a la infortunada Cecilia Espejo, que murió en un terrible accidente en medio de la Calle Arriba, y junto a ella a su viudo, Ricardo Samaniego:




O al matrimonio de Justo Sáez y Amelia García, que vivieron en la plaza:



y a Luis Salazar, “Malán”, hombre risueño y socarrón, como en la expresión de la foto de su panteón:



Pero como digo, en los panteones no hay más fotos. De ahí me pasé a los nuevos nichos de donde obtuve la foto de Marce que puse en el anterior post, la de Alejandro Barrio, el “Cojo de Oreca” o mejor, “Alcalde de Oreca” como le gustaba decir a él,



y la tío Filo, recientemente fallecida y que nos ha dejado un último e imborrable recuerdo de tantos y tantos años cuidada por sus hijos.



La mayoría elige, o elegimos, no poner nuestras fotos en el lugar donde reposan nuestros familiares, y tratándose de un asunto tan serio como la muerte o el recuerdo, el respeto por cada cual es absoluto.

Pero creo que puedo también decir que los pocos que han optado por lo contrario, nos han dejado un gran regalo a los que aún vivimos y nos sentimos parte de Anguciana: el regalo de poder dar cuerpo a esa tercera idea de pueblo que antes mencionaba mediante la contemplación de esos rostros próximos y conocidos.

(3ab10)

63. DEL ALBUM DE ELVIRA DIEZ DEL CORRAL GARCIA

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Continúo con las fotos de contenido humano en la línea de esa “tercera idea de pueblo” de la que hablaba hace un par de entradas. De entre las fotos que me envió mi prima Elvirita he escogido estas seis.

Las dos primeras, colocadas arriba, pertenecen a otro de los episodios fundamentales de la vida de Anguciana, la vendimia; y en ellas, además de a los vendimiadoras, podemos ver junto al camino un grupo de viejas “camportas” o “comportas” -que había quien las llamaba de un modo u otro. El único vendimiador (y por eso dije vendimiadoras, por la superioridad femenina en la foto) es Justo Sáez, a quien le vimos también hace un par de entradas en la foto de su panteón.

La siguiente foto es de un grupo variopinto en el que todos excepto uno, el Chatillo, llevan el apellido Angulo (unos un poco más adelante, y otros más atrás). Supongo que el grupo estaría de charla veraniega en la sombra de una de las viejas chopas de la carretera y el fotógrafo no les hizo ni salir al sol. Agachado y junto a Elvirita está mi tractorista favorito, el hombre del primer Lanz, Jesús Angulo. Y a sus pies, otra vieja conocida de este blog, nuestra perrilla en aquellos tiempos, la Dali.



La cuarta foto que he seleccionado de entre las que me mandó, está tomada en uno de los bancos de la carretera. Pili García, Adita Angulo García y "Pencho" (o "siete Antonios") son sus veraniegos ocupantes:



En esta otra foto de Calleja de bastantes años antes, creo que la primera por la izquierda sigue siendo la misma que en la foto anterior, pero la segunda es la madre de Adita Angulo García, la tía Filo. La tercera es Margarita Tobalina ¿no? y la cuarta..., me suena pero no acierto a dar con su nombre. A ver si me lo decís:



Por último pongo otra foto en la que sale la propia Elvirita, que es quien ha compartido sus fotos con este blog y con todos sus lectores. Está montada en una de las primeras Vespas que debió haber en el pueblo, y detrás de ella Maria Luisa Diez del Corral Legórburu, hija de mi homónimo Juan Diez del Corral López Montenegro, de Haro. Aparte del interés humano me interesa de esa foto el fondo, donde se ve el viejo paso de aguas del badén y el espacio vacío de la plaza de la fuente donde luego se construyó la pérgola de ladrillo que ha llegado a nuestros días:



(3my10)

65. FOTOS DEL ALBUM DE MIGUEL ANGEL MARCOTEGUI

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Pongo hoy aquí otras pocas fotos de entre las que me escaneó y cedió Miguel Angel Marcotegui Angulo el pasado verano.

La primera de ellas es de un personaje que no reconozco pero que seguro que habrá alguien que pueda decirnos quien es. La niña de arriba a la derecha es sin duda Filo García, a quien hemos visto varias veces ya en el blog y vemos unos años más tarde yendo a la iglesia en la siguiente foto de Calleja, junto con su cuñada Marita y su marido Marcotegui, padres de Miguel Angel.

Me informa mi padre (3 jul 2010) que el señor de la foto se llamaba Víctor y era de Cihuri, casado con una hermana de doña Usina García. Aparte de Filo también reconoce a Marita, sentada sobre sus rodillas y a Maria Jesús García (la que fue mujer de Justo Diez del Corral) que es la que está detrás del señor. La de la izquierda de detrás no la reconoce.



Lo bueno de las tres siguientes fotos es que vienen con fecha y que son de grupos, así que habrá más de uno interesado en ellas. No son prodigio de enfoque ni encuadre pero eso también les da cierta gracia. En la primera, fechada en 1958, vemos a un curioso equipo de fútbol fotografiado en la carretera a la altura de lo que hoy es el Bar Las Palomas. En la fila de arriba está a la izquierda el propio Miguel Angel Marcotegui, y dos más a la derecha con un estupendo tupé moreno, el sobrino de Lola Mendoza, José Manuel. Agachados reconozco a mi hermano Ricardo y a uno de los hijos del veterinario.



En la siguiente, de 1965, vemos de nuevo a Miguel Angel y a mi hermano Ricardo flanqueando a Maruja, la hija del veterinario.



La última de un grupo es de 1973. Miguel Angel con su hermana, Juan Ramón y Atín en el río, y tres guapas bilbainas más cuyos rostros me son muy familiares pero cuyos nombres ya no recuerdo. Detrás del grupo es curioso ver a esa pareja tan cariñosa en tan romántico escenario:



(Me informa Itziar Pérez por mail de 5 sp 2010, que la chica con la camisa de cuadros es su hermana Marisol y que la chica de pelo corto se llama Edurne. Itziar, Marisol y su hermana mayor Ana Luz vivieron en una de las primeras casas de veraneo construídas en Oreca a partir de un viejo corral del camino a Gembres llamada Villa Lina).

El "álbum" de fotos que me pasó Miguel Angel tenía también varias fotos del pueblo, casi todas ya conocidas o repetidas de las que ya he puesto aquí. Pero entre ellas había un par que yo no tenía y que ilustran dos puntos muy singulares del pueblo: el cine, y ese fragmento de la carretera entre la tapia de nuestra casa y la de los frailes que tanto elogié al final de entrada CARRETERA.





Muchas gracias Miguel Angel.

(17my10)