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8. LA VISITA DEL GOBERNADOR




Ahora los políticos no paran quietos, pero cuando el pueblo de Anguciana era pueblo, la visita de un Gobernador eran palabras mayores. Como hemos visto en (5), el 25 de julio de 1964 vino el Gobernador a Anguciana para inaugurar la pavimentación de las calles (acabadas bastante antes, como es habitual).

Lo digo porque el hormigonado coincidió con mi último año en la Escuela (1962-63) y fue toda una aventura colectiva que recuerdo perfectamente: todos los hombres se organizaron en veredas, y los primeros tractores iban con sus remolques al río a por grava, donde, por la impericia de los novatos tractoristas, más de una vez se quedaron atascados y tuvieron que ser sacados con mulas. Según supe después (de esas cosas no estaba pendiente un niño), las pavimentaciones las llevaron a cabo unos contratistas de Fuenmayor llamados Aranzubía que luego nos iríamos encontrando varias veces por la vida.

Bueno, en la foto de arriba vemos el momento en que el cura párroco don Gregorio Ichaso echa un hisopazo sobre la cinta colocada al inicio de la calle de la Iglesia. De izquierda a derecha podemos ver a Román Lahorra, un tricornio, Mariano Matesanz “el torero”, dos “camisas viejas” o sea, falangistas: el que luego fue director provincial de la Vivienda, Fernando Tejada y el Gobernador, y justo detrás, creo que es Luis Lahorra. Sigo hacia la derecha: con corbata clara y gafas, el alcalde, o sea, mi padre; y por detrás de su cabeza parecen el veterinario a la izquierda y "Capita" a la derecha; en primer plano, don Gregorio dándole hisopo y justo detrás de él, don Julián Cantera, y detrás de don Julián, asomando su gorra de plato, Luis, el alguacil; y más a la derecha, al fin, un franciscano, otro tricornio y el joven cura Bernardito (o don Bernardo, cuando fue párroco en Briones). Los monaguillos, con la Cruz procesional y sus velones, decoran magníficamente la escena.

Aquel día hubo más fotos. No es que entonces se hicieran tantas como ahora, pero la visita de un Gobernador atrajo a más de un fotógrafo, y además de Albe estuvo Calleja y alguno otro que no las firma. De aquel día tengo otras tres fotos:

En la primera puede verse al “grupo de autoridades” dirigirse por la plaza hacia la carretera a la espera del Gobernador. Vemos a Manolo Tobalina, que también sería concejal, al veterinario con gafas negras y fumando, a don Julián Cantera y Orive con la teja encima, a mi padre, y a la derecha del todo, a don Honorato, el médico.


Durante la espera en la carretera, aparece el Secretario, el cura, don Gregorio (también con teja) y en primer plano, con esa gracia de los niños que cruzan despistados y ajenos a los asuntos de los mayores, una hija del herrero.

Finalmente, entrando a la iglesia para coger fuerzas para las bendiciones de calles, tengo esta otra foto en que mi padre aparece feliz y sonriente junto al circunspecto Gobernador, con Mariano Matesanz detrás y el juez “Capita” delante, abriendo camino:



(14mr2008)

29. LA MOTORIZACION



En el post anterior comenté algo sobre las motos que hubo en el pueblo (la Lambretta del veterinario y la Vespa del médico) y mencioné la MV Agusta de mi padre que por entonces ya no funcionaba o que la había vendido. Por suerte, guardamos una bonita foto de esa moto que es la que he puesto arriba. Mi padre con boina y yo sentado en el depósito de gasolina. Detrás se ve el castillo y el convento en construcción.

El médico, Honorato, vino a Anguciana con un coche negro (un Fiat o un Ford) que aparcó en el lateral de su casa y que ya no volvió a funcionar más. Lo usábamos para jugar dentro. Cómo me gustaría ver una foto de él. Seguramente Honorato o sus hijos tendrán alguna, así que si leen estas líneas me gustaría que me las hicieran llegar para compartirlas aquí. Más adelante cambió su Vespa por un Citröen 2CV verde, que si mal no recuerdo fue el primer coche de la nueva generación que hubo en el pueblo. Nosotros compramos poco después un Seat 600 verde, que lo guardábamos en el interior del patio y que es el que muestro aquí con mi hermano Alberto posando fuera y dentro de él. En la segunda de las fotos se ve un detalle curioso: una doble hilera de sacos apilados debajo de la galería.



También el veterinario compró poco después coche, si no recuerdo mal, otro Seat 600 de color claro. (Me han dicho mis hermanas que sus hijos ya han descubierto este blog y que tienen intención de enviarme alguna de sus fotos, así que les animo a ello y se lo agradezco de antemano).

En los primeros años de la motorización, los bilbainos (lo pongo sin acento que es como lo pronunciamos en Anguciana) aportaron muchas novedades. Por ejemplo, la familia del sastre Jaime Marín, del que ya hablé en la entrada (11) (y cuyo archivo de fotos antiguas del pueblo sería maravilloso poder ver y compartir también) vino un año con un Renault Cuatro-Cuatro y al poco, con un Renault Dauphine. En uno de esos dos coches (creo que en el primero) le hicieron estas dos fotos a mi hermano José Mari. En la que está sentado en la baca del coche se ve al fondo la ventana de la Escuela con la bandera colocada.



Esta otra foto es bastante más tardía. En realidad se trata de una de las últimas fotos de la vieja plaza, es decir, del otoño de 1969 o 1970. La pongo porque se ve el coche del “nuevo” Secretario, aquel que fue corredor de apuestas en el frontón y que era de Casalarreina (tengo una foto de él y saldrá más adelante en el blog). Su coche, un Seat 850.



Los agricultores tardaron más en comprar coche porque su prioridad eran los tractores. Los primeros Lanz hicieron furor. Eran azules y tenían un tubo de escape vertical como si fuera la chimenea de una locomotora. Uno lo compró la Cooperativa y lo llevaba Jesús Angulo, el de Santo Domingo; otro creo que lo compró Amador y otro Joaquín García, el de Cihuri (corregidme si me equivoco porque no lo recuerdo bien). Luego vinieron un par de Massey Ferguson rojos, uno de ellos de Luis Martínez, y varios Ebro azules. Pongo aquí las dos fotos que tengo de aquellos primeros tractores y siento no acordarme de quiénes eran sus propietarios ni tener más, pero ya me iréis diciendo o enviando. (Los que salimos en estas dos fotos somos mi hermana Pili y yo; y el autor de las mismas, supongo que Jaime Marín).




(21ab08)

45. DON HONORATO




Tras haber hablado varias veces en este blog sobre el maestro, don Sixto, y ocuparme en la anterior entrada del último cura del latín, don Gregorio, justo es dedicar también un artículo al médico de aquel pueblo de mi infancia, don Honorato. Y como esta es la mejor foto que guardo de él, la pongo como cabecera. Está tomada a la salida de la boda de Adita, la hija mayor de Joaquín Angulo, y aunque no puedo precisar la fecha, es de finales de los sesenta (se puede apreciar que en aquel momento se estaba derribando la casa blasonada que estaba junto a la iglesia y que vimos en la entrada n.3, “La plaza de la iglesia”). Además de don Honorato, podemos ver a su mujer, Conchita, y a mi tía Pilar, y detrás de ellos y a la izquierda del foto, a Lola Mendoza.

Don Honorato vino a Anguciana desde Fuentecantos, un pueblecillo soriano que está bajando Piqueras a la izquierda, y cuando se fue de Anguciana retornó a Castilla la Vieja. La última vez que le ví fue en Zamora en el verano de 1982, donde seguía su sana costumbre de dar largos paseos con su mujer. Mi padre siempre decía que el carácter castellano, serio, riguroso y cumplidor de don Honorato, no tenía nada que ver con la idiosincrasia riojana, mucho más alegre y dicharachera, y que por eso no era suficientemente apreciado por la gente de nuestro pueblo. Pero yo siempre creí que nuestro pueblo y don Honorato encajaban a la perfección porque el médico era el máximo representante en Anguciana de la ciencia, y porque los mejores valores que podían representar a esa rama del saber eran precisamente los suyos, fueran o no personales, o provinieran o no de su origen castellano. Yo siempre sentí un gran respeto y cariño por don Honorato, entre otras cosas porque me libró de ir al otro barrio a los seis años gracias a todo un verano de inyecciones de penicilina diarias para curarme una grave afección cardíaca, y porque debido a la amistad con su hijo “Atín”, su casa (El Centro de Salud e Higiene de la carretera) fue mi segunda casa.

Y ya que hablo del "hijo del médico" pongo también esta otra foto que Calleja hizo a la salida de la boda de Adita en la que podemos ver de izquierda a derecha a Atín (de Honor-atín), a mis hermanos Pili, Ricardo y Mercedes, y a Santiago y Juan Ramón. Aparte del interés meramente personal, esta foto tiene también su gracia porque ilustra aquel primer momento de confusión sobre la longitud más adecuada de la falda para estar a la moda.



Mi padre y el nuevo Secretario acudieron también a la boda. Pero lo que más me gusta de esta otra foto es que a la derecha del Secretario se puede ver a Nicanor, ya muy viejecito, sentado en la puerta de su casa, y junto al quicio de la puerta, a su mujer.


La última foto que tengo de aquel día es ya del banquete, y además de Atín y mis hermanos mayores, aparecen en ella la guapísima novia y otros dos invitados, Joaquinín y Eduardito.


No sé dónde debía parar yo para no estar en la boda, pero gracias al estupendo testimonio de estas fotos es como si hubiera estado en ella; y volviendo al comienzo de esta entrada...., como si siempre pudiera volver a ver igual de joven y risueño a aquel querido médico de Anguciana: don Honorato.

(9jn08)