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13. LA CALLE DE LA IGLESIA







Con ese nombre no podía ser mala calle. No es muy larga, pero sí bastante regular y tiene (o tenía) media docena de casas notables, todas ellas peculiares o muy distintas entre sí. Como es calle pequeña me voy a detener en ellas.

A mano derecha (fotos 1 y 2) vemos en primer lugar la casa de los Lahorra, con ese mirador hacia la carretera en su medianil y esa fachada tan ordenada de ladrillo que se ve al fondo en la fotografía 3; fue demolida hace muy pocos años y sustituida por una nueva. Junto a ella la casa de la Marita o de los Angulo, con mirador blanco y el curioso revestimiento total de cerámica verde. Y a continuación, la casa en la que recuerdo que vivieron “las maestras”, o sea, doña Feli y sus dos hermanas, Pura y Neme, toda de piedra y con tres balcones por piso a la calle.

En el comienzo del lado izquierdo está esa casa con el balcón en esquina y ventanas desordenadas donde vivía el secretario, y a continuación, la casa con fachada de piedra de sillería y balcón corrido de Emiliano y la Dolores que puede verse muy bien en la foto 1. En la esquina con la travesía a la plaza está aún la casa de Mariano Matesanz, de la que no tengo foto antigua y por eso pongo abajo una del 2006 (foto 4). A cambio, le vemos al propio Mariano Matesanz (“el torero”) con gabardina blanca en la procesión de San Isidro Labrador (foto 3). Y como tampoco tengo fotos viejas de las dos casas de piedra de sillería que están justo detrás de la cabecera de la iglesia, pues también pongo una foto nueva (foto 5). La casa grande era la de Ramón Mendoza.

El resto del caserío, de carácter más sencillo y popular ha ido sufriendo varias transformaciones, modernizaciones y sustituciones, y por eso no lo comento aquí; aunque eso no quita para que, en nuestros recuerdos y conversaciones siempre señalemos quién vivía en cada cual.

Y es que eso es (o era) lo más interesante del pueblo: que cada casa y cada tramo de calle era conocido por cada uno de sus moradores.




(19mr2008)

22. INAUGURACION DEL FRONTÓN



Como tantas otras fotos que no son de nuestra familia, las tres fotografías que pongo hoy aquí las cedió alguien del pueblo a la exposición de 1993, pero yo no supe quién. Luego los de la Asociación Cultural las devolvieron a sus dueños y ya he perdido todas las pistas. Mucho me gustaría que gracias a este blog pudiéramos saber de quién son y si podría aportar datos sobre ellas. A veces las fotos viejas suelen tener anotaciones por detrás.

Está claro que se trata de una inauguración “oficial” y que el marco es el frontón que vimos en la entrada anterior, pues aunque las fotos son básicamente de grupo, puedo perfectamente reconocer las piedras y ventanas del fondo y las dos chopas de la línea del “pasa” a las que hacía mención ayer. Supongo por tanto que se trataba de inaugurar las obras de reforma del frontón que se acometieron siendo alcalde Blas Santa Cruz, que es quien tiene un folio en la mano y parece estar leyendo su discurso de inauguración.


En la segunda de las fotos vemos al Padre Francisco haciendo la parte religiosa del rito. Justo a su derecha puedo reconocer a Manolo Tobalina, y en primer plano, a la izquierda de la foto y con la trompeta bajo el brazo, a Emiliano Ibarnavarro (qué bonita tuvo que ser la inauguración, hasta con música y todo). Detrás de todo el grupo pueden verse las dos chopas y a la izquierda de ellas y al fondo del todo (da la sensación de que la foto está hecha con un objetivo de 75 u 80 mm. por el aplastamiento que provoca), las cerchas de cubrición de los frontones del convento franciscano.


En la tercera de las fotos vemos al grupo posando sin más para el fotógrafo. Tenía mucha curiosidad por saber si el personaje central del grupo -el cura que está con el bonete en la mano-, podía ser Don Isidoro, pero le he consultado a mi padre y me ha dicho que no, que no es él, y que no sabe quien era. El alcalde, Blas Santa Cruz está en primer plano a la izquierda y detrás de él Joaquín Angulo y Ramón Angulo. Por detrás asoma la cabeza de uno de los hombres más altos del pueblo, “Siete Antonios”, hermano de “Tres Pedritos” que también era alto pero un poco más bajo que él y de ahí su mote más contenido.

Pero mi agradecimiento personal a quien dejó esta foto para la exposición está ligado a la recuperación en mi memoria de la estilizada figura del Padre Francisco, a quien vemos con el roquete y la estola puestos después del acto religioso de la inauguración. Siendo niño le ayudé durante varios años a su misa de 11, primero en la capilla nueva del convento y en sus últimos días, en la capilla antigua. Creo que era de Cestona, o de algún pueblo guipuzcoano del interior, tenía la piel blanquísima, casi transparente, y aún puedo recordar el olor a limpio que desprendían siempre sus manos cuando me las ofrecía para el lavatorio. Cuando acababa la misa me dejaba beber el vino dulce que había sobrado de las “vinajeras”. Siempre serio y adusto, creo que me tenía mucho cariño, y que yo le respondía con una gran devoción. Fue emocionante para mí poder verle de nuevo gracias a esta foto. Y poder guardarle así, en mi memoria, para siempre.

(5ab08)

25. LAS MESAS



Cada vez que doy un paseo por el Soto suelo volver con la pena de ver el estado de abandono y suciedad con que me encuentro “las mesas”, y es que ese lugar tuvo durante los años de mi infancia una gran importancia en la vida de Anguciana. No recuerdo exactamente cuáles fueron los días escogidos por el Ayuntamiento para ir allí de romería, aunque casi seguro que entre esos días estaban San Juan y Santiago, o sea, 24 de junio y 25 de julio.

“Las mesas” fue otra de las pequeñas construcciones de posguerra hechas en el periodo de la alcaldía de Blas Santa Cruz, asociada en este caso a la traída de aguas. Junto a un viejo manantío se hizo la caseta de registro desde donde se llevaba el agua hasta el depósito que vimos en la entrada de Las Callejas (14), y al ras de esa caseta se construyó una pequeña fuente con tres caños bien gruesos para uso y disfrute del lugar. Se hicieron también tres mesas de hormigón y sus correspondientes bancos, quedando reservada al Consistorio la más cercana al pueblo de las tres; y para completar su configuración y carácter, se plantaron unos plátanos que aseguraron siempre la sombra del lugar cuando se talaban las choperas de alrededor.

En los días señalados todo el pueblo acudía a merendar en las choperas en torno a “las mesas”, cada cual con su familia o su grupo de amigos, extendiendo los manteles y las viandas en la hierba, con algún fuego que otro si era necesario. Y cuando la merienda tocaba a su fin, los cuatro músicos del pueblo (Emiliano a la trompeta, Jesús al saxo alto, Pablo al clarinete y Maxi a la caja) se ponían a tocar en el estupendo escenario construido a la izquierda de la caseta animando al baile y a regresar con la música hacia el pueblo por el camino del Soto.

El resto de los domingos y días de fiesta era frecuente encontrar gente comiendo en “las mesas” lo que hacía de ese lugar el auténtico centro o plaza del Soto. La gracia de “las mesas” es que no se parecen en nada a esas zonas picnic que tanto han proliferado en los últimos años por cualquier lugar de la Rioja, y que por lo general no tienen personalidad alguna. Seguro que si ahora las quisieran “rehabilitar” les pondrían papeleras, jardineras, barbacoas, fuentes de grifería o bancos de mal gusto, así que me voy a cuidar muy mucho de pedir para ellas nada más que un poco de limpieza y el recuerdo que nos traen estas viejas fotos que pongo aquí.





(13ab08)

32. LA BAJADA DE LA VIRGEN




Los ritos son para el tiempo como los hitos para los lugares. Les dan estabilidad o permanencia ayudando así a nuestra frágil memoria. A veces se abusa de ritos e hitos, y en vez de servir de referencia crean algo de confusión, pero cuando faltan parece que todo se desmorona.

El patrón de Anguciana es San Pedro Mártir de Verona, que se celebra el 29 de abril, así que esa fue siempre su fiesta patronal. El resto de las fiestas del calendario religioso tenían un carácter general o compartido con muchas otras poblaciones: San Isidro, San Juan, Santiago, la Asunción, el Pilar, etc. Cuando llegaron los bilbainos  a veranear (escribo bilbainos sin acento, que es como se pronunciaba en el pueblo), se empezó a celebrar también San Ignacio de Loyola (el 31 de julio), y como ya hemos dicho al hablar de Oreca, el 24 de Agosto se hacía una pequeña celebración en San Bartolomé. La segunda fiesta importante del pueblo era la de Virgen o de Acción de Gracias del 8 de Septiembre, que también era compartida con muchos otros lugares (con Haro, sin ir más lejos).

En el pueblo se solía ironizar diciendo que la Virgen de la Concepción fue la primera veraneante de Anguciana pues mientras su ermita está en “la loma” (ver entrada previa), el domingo anterior al 29 de abril se la baja al pueblo, y el día 8 de septiembre se la llevaba de retorno a su templo para que pasase allí el invierno. Y digo que se la llevaba ese día porque siendo alcalde mi padre hubo un pequeño reajuste en esta última fiesta: como se echaba en falta una “fiesta grande” en los meses de julio y agosto, que es cuando empezó a haber más gente en el pueblo, y como toda fiesta es en realidad una convocatoria de gentes, pues se adelantó un par de semanas la subida de la Virgen juntándola con la pequeña fiesta de San Bartolomé y se hizo de esta fiesta la más sonada del pueblo. Así pues, ahora se la sube el domingo más cercano al 24 de agosto.

A los que amamos los viejos ritos nos quedó como más auténtica la “Bajada de la Virgen” pues además se hacía por la tarde y en abril, cuando no hay veraneantes. Así que, durante muchos años esta procesión ha sido el punto de encuentro de numerosos hijos de Anguciana que han venido desde lejos para reencontrarse con la gente del pueblo en torno a este rito. (Y digo “ha sido”, porque escribo estas líneas hoy domingo 27 de abril del 2008 después de haber ido por la tarde a Anguciana para la Bajada de la Virgen y haberme encontrado con que este año la habían hecho… por la mañana (!)).

Pero bueno, como del futuro no sabemos nada y del presente mejor es no escribir mucho sin mayor perspectiva, lo mejor es recordar la Bajada de la Virgen con las dos fotos más viejas que poseo de la misma: la que he puesto arriba, que corresponde al momento en que sale de su ermita, y esta que pongo a continuación en la que desciende por la cuesta de la ermita hacia el pueblo.



Ambas fotos son restos de la exposición de 1993, o sea, préstamos de gente del pueblo. Y es por ello que en casa nos llevamos una sorpresa muy agradable pues descubrimos en la primera de ellas a nuestro abuelo Francisco (el segundo por la izquierda mirando a la cámara), que falleció durante la guerra y al que ninguno de sus nietos pudimos conocer. Yo sólo soy capaz de reconocer a Emiliano Ibarnavarro (el porteador del centro) y a Manolo Tobalina (el primero a la derecha de los porteadores de la Virgen) pero seguro que habrá quien reconozca a muchos más.

En la foto de la cuesta, más que entretenerme en reconocer a nadie prefiero recrearme en la contemplación de la gran cantidad de hombres del pueblo que la acompañaban entonces y en el aspecto de sus atuendos.

Por aquello de seguir con el rito o la tradición, completo esta entrada con dos fotos no tan viejas. Hace exactamente diez años, o sea en abril de 1998, hice una vez más la típica foto de la salida de la Virgen por la puerta de la ermita. En ella se puede ver a mi padre en vez de a mi abuelo, y entre los porteadores podemos ver a Tachi (no hace mucho fallecido) en el puesto de Emiliano:


Y como en el post anterior decía que no tenía ninguna foto vieja que diera una visión general del edificio de la ermita, pongo aquí esta otra que también hice ese mismo día de abril de 1998. (La que posa es mi hija Elena, que siempre ha dicho sentirse de Anguciana, pues aunque en realidad nació en Logroño, los dolorosos avisos de su llegada y la rotura de aguas de su parto tuvieron lugar en el pueblo, y para ella eso es lo importante; aunque seguramente, lo importante para ella sea “ser de pueblo” y no de una ciudad que según parece ¡va a tirar alegremente el hospital donde nació!):



(27ab08)

34. EL CINE




Uno de los edificios modernos más audaces y sorprendentes de Anguciana fue el cine. Se construyó en los años cincuenta, siendo alcalde Blas Santa Cruz, con proyecto del arquitecto Rafael Gil Albarellos.

Albarellos fue uno de los primeros arquitectos “modernos” de la postguerra y para el cine de Anguciana se le ocurrió diseñar una fachada que se asemejaba al celuloide de las películas. Moduló todo el frente como si fueran fotogramas y como remate de cubierta hizo una fila de agujeritos cuadrados.

Por lo visto, la limpieza de ideas y formas del primer proyecto se fue al garete cuando le pidieron que colocara una vivienda encima de los dos fotogramas más cercanos al pueblo, así que en castigo le puso a esa vivienda unas ventanas tan estrechas como las del remate decorativo del resto de la fachada y a distinta altura. La cosa quedó un tanto desencajada pero como cuando éramos niños no nos preguntábamos por la razón de las cosas, pues nos acostumbramos a verlo como algo tan normal. La vivienda fue ocupada por el veterinario y su familia y como yo era amigo de Javi, uno de sus hijos, pues estuve muchas veces en ella y la recuerdo muy bien.

De lo que apenas me acuerdo es de las sesiones de cine porque debieron dejar de darse muy pronto, creo que a mediados de los sesenta cuando yo me había marchado a Santoña a estudiar. Lo que sí recuerdo (y es curioso cómo en la memoria se quedan a veces los detalles más insignificantes) es el precio de la última vez que fui al cine: 7 pesetas. Y también recuerdo (no sé si bien o mal) que el encargado de la máquina del cine era Lázaro, a su vez pastor y carnicero, y padre de Carlos y Emilio.

En el invierno de 1970 se organizó un Concurso de Belenes en el pueblo (seguramente a iniciativa del Teleclub) y para dar mayor realce a la entrega de premios y como cosa extraordinaria se usó el cine. Como presentadores actuaron Isabel Ballugera y mi hermano Ricardo, y en la ambientación musical del evento tocaron Emiliano Ibarnavarro, Agustín deLafuente y mi hermana Mercedes; y hasta es posible que cantara Ramoncín, no el punky de Madrid que se hiciera famoso años después, sino Ramón Triana, a quien también llamábamos en el pueblo con ese diminutivo. De aquel último acto en el cine guardo estas tres simpáticas fotos:





Por cierto, siendo ya arquitecto y habiéndome dado cuenta de la semejanza entre la fachada de nuestro cine con las películas de celuloide, le di la foto de arriba al erudito riojano Bernardo Sánchez, quien a su vez se la regaló al conocido director de cine Víctor Erice, al que, según me dijo Bernardo, le gustó mucho. Para que veáis lo lejos que ha llegado el cine de nuestro pueblo.

(30ab08) 

35. FUNCION EN LAS ESCUELAS




Función, sí ¡y no precisamente infinitesimal!

A lo largo de mi vida he ido aprendiendo diversos usos de la palabra “función” pero creo que la primera de ellas, ya en desuso, era la de “puesta en escena”.

Yo era tan pequeño cuando se hizo la de la foto de arriba que no pude estar en ella. Y hasta es posible que tampoco estuviera hecho aún el cine. Por eso que este sarao de trajes regionales y bailes flamencos tuviera lugar en la escuela de chicas que era el edificio municipal más a mano.

Los cuatro músicos están estupendos. Lázaro a la guitarra, Agustín al laúd, Emiliano a la bandurria y Alejandro al violín. ¿Cómo sonaría aquello? No me lo puedo ni imaginar, pero es igual: la alegría de la fiesta está en las caras de todas las chicas, en la expresión de Lázaro y Emiliano (Agustín y Alejandro parece que se lo toman más en serio) y sobre todo, en la gracia de las dos chiquillas vestidas de faralaes: mi hermana Pili, y Lolis, la hija de la tía Filo y el tío Joaquín.

La fiesta debió de ser muy importante porque acudió Calleja a hacer fotos. (Lo del trabajo de Calleja es impagable para la recuperación de nuestra memoria. ¿Quién habrá heredado su archivo de clichés? ¿Estará a buen recaudo? ¿Cuántas fotos tendrá de Anguciana que no hayamos visto nunca? Sería bueno ir resolviendo estas cuestiones…).

El decorado del escenario es de lo más apañado, pero lo mejor de esta función es la gracia del baile de las dos chiquillas. ¿De dónde sacaron esos vestidos y esas poses tan flamencas?

Por la edad de mi hermana y de Lolis aquella función es de los primeros años cincuenta cuando faltaban aún unos cuantos años para que llegara la televisión al pueblo…, ay, ese invento que… acabaría para siempre con todas las “funciones”.

Menos mal que gracias a la vieja función texto, la querida función foto y a la nueva función blog, aquella función de las Escuelas de Anguciana la podemos recordar aquí:







(7my08)

72. LA POSADA

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Leyendo las “Memorias de mi Vida” de Giacomo Casanova y viendo la importancia que tenían las posadas en sus trajines por todos los pueblos de Europa, me ha venido al recuerdo que en Anguciana también tuvimos posada. Yo no la llegué a ver en funcionamiento pero sí tengo unas fotos de 1979 en las que aún podemos ver cómo era el edificio en que se ubicaba: una casa alargada de planta baja y un piso que se extendía a todo lo largo de la plaza de D. Julián Cantera detrás de sus actuales jardincillos.

En el año 2002 publiqué un artículo en la revista LA PIEDRA DEL RAYO titulado LA MUSICA QUE DA BAILE con una entrevista a Emiliano Ibarnavarro en la que me contaba que entre el padre de Lázaro y él daban baile con una guitarra y una bandurria en lo que fueron las cuadras de la posada.  Tengo ese artículo publicado en otro de mis blogs dentro de otro artículo que titulé BAILE EN LA CALLE , pero ahora que lo releo me doy cuenta de que se me pasó mencionar el lugar exacto donde daban el baile cerrado, es decir, la cuadra de la posada. Bueno, pues ahora queda dicho.

Como poco más de eso podía contar yo de aquel curioso establecimiento he vuelto a acudir a mi fuente de información, o sea, mi padre, quien a duras penas ha excavado en sus oxidados recuerdos y me ha contado que él fue mucho de niño a la posada porque en ella vivía su amigo “tres Pedritos”. Mi padre no consigue recordar el nombre de los últimos posaderos (abuelos de Tres Pedritos) pero aún me sabe decir él de sus tres hijos, Prudencio, (padre de Tres Pedritos y “Cinco Antonios”, apodos que hacían alusión a lo altos que eran), la Hipólita y Nisio. Cinco Antonios ya salió en este blog en el artículo EL ALBUM DE ELVIRA DIEZ DEL CORRAL  aunque allí le ponía aún más alto llamándole “siete Antonios”.

Según me cuenta mi padre, la posada fue en origen posesión del Castillo, hasta que finalmente sus dueños se la vendieron a los posaderos. En la planta baja y a la izquierda de la puerta en la que Lázaro y sus hijos abrieron en los años sesenta una de las Carnicerías del pueblo, hay una ventanita que mi padre identifica como el taller donde Nisio trabajaba haciendo alpargatas. Otro dato que yo no conocía. Como información arquitectónica  más destacada mi padre me cuenta que en el piso de arriba la posada tenía un gran comedor cuya ventana se corresponde con la que estaba encima de la puerta de la Carnicería y que la cocina daba a la parte de atrás.



Le pregunto por la vida de la posada y sólo me sabe decir que uno de los momentos de mayor ocupación se producía cuando venían las caravanas de los “Cucos” a comprar vino. Llegaban desde Santander por la carretera de Pancorbo en carromatos tirados por bueyes, solían comprar todo el vino de una cuba repartiéndolo en diversos pellejos o cubas pequeñas, y que carros, animales y santanderinos paraban y se alojaban en la posada.  Debieron de ser días muy animados aquellos.

Es curioso que con el trasiego de gentes que hoy tiene Anguciana no tenga ningún establecimiento público donde dormir y cenar. Si alguien se animara a abrir alguno yo le sugeriría que no lo creara como un Hostal u Hotel y que lo llamara LA POSADA. Aunque sólo fuera por las evocaciones que podía traernos de aquel viejo mundo y de aquel viejo caserón.

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Unos días después de llevar a mi padre la versión impresa de este artículo, me sorprendió diciéndome que añadiera a los tres hijos de los últimos posaderos uno más, Filomeno, casado con la Hilaria.

Casi a la vez, recibí una cariñosa carta de Alicia Loyo diciéndome lo mismo, pero ampliando la información notablemente. Para empezar me dió los nombres de los últimos posaderos, TIMOTEO y PETRA. Me ajustó el número de Antonios a siete, como había dicho yo en un principio. Y me informó con todo el cariño del mundo de los hijos del hermano olvidado, pues nada menos que se trataba de su abuelo. Filomeno e Hilaria tuvieron como hijos a Alicia (casada con José Luis Loyo /padres de la informante Alicia), Bernardo (cura), Pedrito (casado con La Vadilla y que vive en Anguciana) y Begoña.(que vive en Portugalete). Me informó también que su abuela Hilaria era hermana de la Santos (la que llevó la primera centralita telefónica del pueblo /y a la que habrá que dedicarle un artículo) y de Paulina, madre de la Celes, la del Bar Perjuicios (también algún tendré que hurgar en mis recuerdos sobre los famosos bares del pueblo). Ah! y también me cuenta una de las últimas historias tristes de amor la posada. Se ve que un andaluz que pasaba mucho por la posada pretendió casarse con la Hipólita, es decir, la hija de los posaderos. Pero éstos la habían destinado a cuidarles en su vejez y la pobre Hipólita se quedó soltera para toda la vida, compartiendo casa con su hermano Nisio. 
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(19sp10)