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72. LA POSADA

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Leyendo las “Memorias de mi Vida” de Giacomo Casanova y viendo la importancia que tenían las posadas en sus trajines por todos los pueblos de Europa, me ha venido al recuerdo que en Anguciana también tuvimos posada. Yo no la llegué a ver en funcionamiento pero sí tengo unas fotos de 1979 en las que aún podemos ver cómo era el edificio en que se ubicaba: una casa alargada de planta baja y un piso que se extendía a todo lo largo de la plaza de D. Julián Cantera detrás de sus actuales jardincillos.

En el año 2002 publiqué un artículo en la revista LA PIEDRA DEL RAYO titulado LA MUSICA QUE DA BAILE con una entrevista a Emiliano Ibarnavarro en la que me contaba que entre el padre de Lázaro y él daban baile con una guitarra y una bandurria en lo que fueron las cuadras de la posada.  Tengo ese artículo publicado en otro de mis blogs dentro de otro artículo que titulé BAILE EN LA CALLE , pero ahora que lo releo me doy cuenta de que se me pasó mencionar el lugar exacto donde daban el baile cerrado, es decir, la cuadra de la posada. Bueno, pues ahora queda dicho.

Como poco más de eso podía contar yo de aquel curioso establecimiento he vuelto a acudir a mi fuente de información, o sea, mi padre, quien a duras penas ha excavado en sus oxidados recuerdos y me ha contado que él fue mucho de niño a la posada porque en ella vivía su amigo “tres Pedritos”. Mi padre no consigue recordar el nombre de los últimos posaderos (abuelos de Tres Pedritos) pero aún me sabe decir él de sus tres hijos, Prudencio, (padre de Tres Pedritos y “Cinco Antonios”, apodos que hacían alusión a lo altos que eran), la Hipólita y Nisio. Cinco Antonios ya salió en este blog en el artículo EL ALBUM DE ELVIRA DIEZ DEL CORRAL  aunque allí le ponía aún más alto llamándole “siete Antonios”.

Según me cuenta mi padre, la posada fue en origen posesión del Castillo, hasta que finalmente sus dueños se la vendieron a los posaderos. En la planta baja y a la izquierda de la puerta en la que Lázaro y sus hijos abrieron en los años sesenta una de las Carnicerías del pueblo, hay una ventanita que mi padre identifica como el taller donde Nisio trabajaba haciendo alpargatas. Otro dato que yo no conocía. Como información arquitectónica  más destacada mi padre me cuenta que en el piso de arriba la posada tenía un gran comedor cuya ventana se corresponde con la que estaba encima de la puerta de la Carnicería y que la cocina daba a la parte de atrás.



Le pregunto por la vida de la posada y sólo me sabe decir que uno de los momentos de mayor ocupación se producía cuando venían las caravanas de los “Cucos” a comprar vino. Llegaban desde Santander por la carretera de Pancorbo en carromatos tirados por bueyes, solían comprar todo el vino de una cuba repartiéndolo en diversos pellejos o cubas pequeñas, y que carros, animales y santanderinos paraban y se alojaban en la posada.  Debieron de ser días muy animados aquellos.

Es curioso que con el trasiego de gentes que hoy tiene Anguciana no tenga ningún establecimiento público donde dormir y cenar. Si alguien se animara a abrir alguno yo le sugeriría que no lo creara como un Hostal u Hotel y que lo llamara LA POSADA. Aunque sólo fuera por las evocaciones que podía traernos de aquel viejo mundo y de aquel viejo caserón.

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Unos días después de llevar a mi padre la versión impresa de este artículo, me sorprendió diciéndome que añadiera a los tres hijos de los últimos posaderos uno más, Filomeno, casado con la Hilaria.

Casi a la vez, recibí una cariñosa carta de Alicia Loyo diciéndome lo mismo, pero ampliando la información notablemente. Para empezar me dió los nombres de los últimos posaderos, TIMOTEO y PETRA. Me ajustó el número de Antonios a siete, como había dicho yo en un principio. Y me informó con todo el cariño del mundo de los hijos del hermano olvidado, pues nada menos que se trataba de su abuelo. Filomeno e Hilaria tuvieron como hijos a Alicia (casada con José Luis Loyo /padres de la informante Alicia), Bernardo (cura), Pedrito (casado con La Vadilla y que vive en Anguciana) y Begoña.(que vive en Portugalete). Me informó también que su abuela Hilaria era hermana de la Santos (la que llevó la primera centralita telefónica del pueblo /y a la que habrá que dedicarle un artículo) y de Paulina, madre de la Celes, la del Bar Perjuicios (también algún tendré que hurgar en mis recuerdos sobre los famosos bares del pueblo). Ah! y también me cuenta una de las últimas historias tristes de amor la posada. Se ve que un andaluz que pasaba mucho por la posada pretendió casarse con la Hipólita, es decir, la hija de los posaderos. Pero éstos la habían destinado a cuidarles en su vejez y la pobre Hipólita se quedó soltera para toda la vida, compartiendo casa con su hermano Nisio. 
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(19sp10)

83. DEL ALBUM DE CESAR FERNANDEZ

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Primero fue mi prima Elvira Diez del Corral, luego Miguel Angel Marcotegui, más tarde Maite Yusta y últimamente, quien me ha enviado un montón de fotos de Anguciana, ha sido César Fernández. Todas tienen un gran valor humano y me da bastante apuro dejar algunas sin poner o incluso comentarlas indebidamente. De todos modos me gustaría que las entradas de este blog tuvieran siempre alguna cohesión, algún tema que les sirviera de marco o referencia reflexiva. Algunas de las primeras fotos que me envió César ya las he utilizado para ilustrar la idea de que los pueblos son el paraíso de los niños o el lugar de la familia extensa. Pero como me ha enviado tantas y algunas de ellas ya las he apartado para nuevos temas, hoy simplemente pongo una selección y como en los casos anteriores les doy como título "Del álbum de..."

La primera de ellas, la que he puesto arriba es la preferida del remitente. Un gran grupo de niños de vuelta de una romería de San Juan en el Soto. (Podría haber ido en el post del "pueblo y los niños" pero me la envió después de publicar aquel). En su álbum, cómo no, también hay fotos de procesiones, así que aquí van otras dos:



"Poniendo palos de caparrón", podría ser el título de esta otra espléndida foto, compuesta como un viejo cuadro costumbrista:


La foto siguiente la he seleccionado por el cariño que siempre tuve a Isidro, quien aparece a la derecha de la foto trabajando con una morisca. Isidrín, como siempre le llamábamos, se hizo muy amigo nuestro un verano en que nos acompañó a cazar gorriones con linterna y carabina en las choperas de las huertas. Era una técnica de lo más divertida: se trataba de encontrar en la espesura de las hojas el pecho blanco de los gorriones dormidos en las ramas y apuntarles con la linterna pegada al punto de mira de la chimbera. Isidrín tenía un ojo de lince para localizarlos y un entusiasmo de lo más contagioso cada vez que los descubría. Qué estupendos ratos pasamos.


La foto anterior y esta otra que viene a continuación tienen en común, la presencia de Carmelo, hermano mayor de Isidro, y la de uno de los viejos carros que eran una constante en el pueblo. Se podría hacer un álbum o un post de "fotos con carros". Sería precioso y daría una imagen del paisaje real de la Anguciana anterior a los coches. También en esta foto vemos otra labor agrícola relacionada con los caparrones,  pero lo que hace Justo en este caso es pasarlos por la criba. Si no me equivoco creo que la foto está hecha en la vieja caseta que tenían casi al final de las huertas.


En otra de las fotos que me manda César, podemos ver a Nisio, de quien hablaba en el post de la posada. Junto a él, Capita padre e hijo, sentados en un banco particular junto al parque, justo donde vivían los tres.




Y para concluir esta pequeña selección, pongo otra foto curiosa, la de cuatro jóvenes (entre ellos el padre de César, abajo a la derecha) posando delante del viejo cartel que había a la entrada del pueblo. Qué letras más bonitas tenía.

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(18ene11).