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25. LAS MESAS



Cada vez que doy un paseo por el Soto suelo volver con la pena de ver el estado de abandono y suciedad con que me encuentro “las mesas”, y es que ese lugar tuvo durante los años de mi infancia una gran importancia en la vida de Anguciana. No recuerdo exactamente cuáles fueron los días escogidos por el Ayuntamiento para ir allí de romería, aunque casi seguro que entre esos días estaban San Juan y Santiago, o sea, 24 de junio y 25 de julio.

“Las mesas” fue otra de las pequeñas construcciones de posguerra hechas en el periodo de la alcaldía de Blas Santa Cruz, asociada en este caso a la traída de aguas. Junto a un viejo manantío se hizo la caseta de registro desde donde se llevaba el agua hasta el depósito que vimos en la entrada de Las Callejas (14), y al ras de esa caseta se construyó una pequeña fuente con tres caños bien gruesos para uso y disfrute del lugar. Se hicieron también tres mesas de hormigón y sus correspondientes bancos, quedando reservada al Consistorio la más cercana al pueblo de las tres; y para completar su configuración y carácter, se plantaron unos plátanos que aseguraron siempre la sombra del lugar cuando se talaban las choperas de alrededor.

En los días señalados todo el pueblo acudía a merendar en las choperas en torno a “las mesas”, cada cual con su familia o su grupo de amigos, extendiendo los manteles y las viandas en la hierba, con algún fuego que otro si era necesario. Y cuando la merienda tocaba a su fin, los cuatro músicos del pueblo (Emiliano a la trompeta, Jesús al saxo alto, Pablo al clarinete y Maxi a la caja) se ponían a tocar en el estupendo escenario construido a la izquierda de la caseta animando al baile y a regresar con la música hacia el pueblo por el camino del Soto.

El resto de los domingos y días de fiesta era frecuente encontrar gente comiendo en “las mesas” lo que hacía de ese lugar el auténtico centro o plaza del Soto. La gracia de “las mesas” es que no se parecen en nada a esas zonas picnic que tanto han proliferado en los últimos años por cualquier lugar de la Rioja, y que por lo general no tienen personalidad alguna. Seguro que si ahora las quisieran “rehabilitar” les pondrían papeleras, jardineras, barbacoas, fuentes de grifería o bancos de mal gusto, así que me voy a cuidar muy mucho de pedir para ellas nada más que un poco de limpieza y el recuerdo que nos traen estas viejas fotos que pongo aquí.





(13ab08)

121. Y ME INDIGNO (POR NO LLORAR...)



Insisto: no quiero escribir en este blog sobre los asuntos públicos de Anguciana para evitar caer en esa tonta pelea política cuyo modelo tan generalizado en el país por la gran mayoría de los que participan en ella es de todos conocido. Soy concejal en el ayuntamiento de Anguciana desde el 2011 y puedo decir que debido a ese modelo, no pinto nada. Desde que vi que ese modelo de división y no de colaboración es el modelo con el que también se gobierna en mi pueblo, mi único interés se ha centrado en evitar por lo menos los malos modos de esa forma de gobierno esperando que llegue 2015 para decir adiós y no volver.

Pero hay veces (y celebro que esas ocasiones me sucedan en soledad) en que los sentimientos pueden más que las razones, y entonces no puedo sino indignarme y hablar (o escribir, o gritar, o llorar) como es el caso del otro día en que fui por el camino del soto con intención de visitar el lugar de mis queridas "mesas" (v. post 25)  y me las encontré tan enterradas en espesos matorrales que no es que ya no se puede bajar a ellas, sino que incluso ni se ven desde el camino. Justo supe que estaba encima porque envueltas en el follaje de los chopos vi las hojas de los plátanos que se pusieron para dar siempre sombra a las mesas cuando se cortan los chopos.

Ni que decir tiene que en la margen derecha del río, desde las piscinas hasta "boca de oja" no hay ni un sólo punto en que pueda uno acercarse a la orilla del Tirón. Bien está que haya piscinas públicas para bañarse o tomar el sol cuando uno prefiera la sociabilidad del baño colectivo y la seguridad de ciertas normas de higiene. Pero la negación sistemática del gran espacio natural del río me parece realmente indignante. Seguramente las nuevas generaciones que no lo han disfrutado ni quieren saber nada de él, no lo echarán de menos, pero mientras vivamos quienes hicimos del soto la selva de nuestras aventuras de infancia, la forma en que está seguirá clamando al cielo.

(17jl13)