Mostrando entradas con la etiqueta Blas Santa Cruz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Blas Santa Cruz. Mostrar todas las entradas

4. LAS FOTOS DE LA ESCUELA




Si el Ayuntamiento y la Iglesia eran la cabeza y la guía espiritual del pueblo, su corazón estaba sin lugar a dudas en la Escuela. Que las Escuelas estén en el centro de los pueblos es todo un símbolo, …y que se las lleven a las afueras de los pueblos o ciudades, también… Pero bueno, de eso hablaré más adelante. En esta cuarta entrega y ya que venimos dando vueltas al edificio de la Escuela, es buena ocasión para mostrar lo que había dentro. En mi colección tengo sólo dos de las tradicionales fotos de grupos: la que muestro arriba, de 1925, con el maestro don Sixto Maiso en medio, y esta otra que va aquí abajo, de hacia 1957 o así, con doña Feli de maestra. (Por cierto, al fondo y a la izquierda puede verse el cartel de “plaza de la iglesia” al que aludía en el post anterior).



No creo que sea cosa de que me entretenga en decir quién es cada cual porque seguro que cualquier vecino de Anguciana con cierta edad reconocerá a más gente que yo. Lo que es curioso es la cantidad de chicos de la primera de las fotos a los que se les reconoce por el extraordinario parecido con quienes fueron luego sus hijos. Así pues, sólo mencionaré a mis familiares: en la fila que está delante de don Sixto, dos puestos a la derecha, con flequillo, una especie de camiseta blanca y abrigo cruzado muy abierto de grandes solapas, está mi padre con nueve años. En la de las chicas, la segunda empezando por la izquierda en la fila de atrás, mucho más bajita que sus compañeras, está mi hermana Mercedes.

De entre las fotos que recogió la Asociación Cultural el Soto para la exposición de 1993, tuve la suerte de quedarme con dos fotocopias más de los grupos de la Escuela gracias a que me salieron unas copias defectuosas.

La primera de ellas debe ser del mismo año que la del grupo de niñas que hemos visto más arriba. Lo digo porque reconozco a muchos de mis compañeros. La pena que tengo es que, por lo visto, ese día o ese año, no estábamos ni mi hermano Ricardo ni yo.


Y la última es una foto muy curiosa, en la que don Sixto posó con gente muy mayor del pueblo; tan mayor que no sé si habrían podido ser antiguos alumnos. Pero si no ¿qué otro significado podría tener la foto? Sentado a la derecha de don Sixto reconozco al que fue alcalde antes que mi padre, Blas Santa Cruz.


(10mr2008)
______________________________________________

Addenda 31 mar 2011


La colaboración de los lectores va a ir ampliando esta entrada con nuevas fotos. Esta que pongo a continuación me la manda César Fernández y es muy curiosa porque siendo posterior a la primera que hemos visto más arriba, no está en ella don Sixto. ¿Estuvo enfermo? ¿Se ausentó del pueblo? ¿Pusieron a ese joven sustituto con gafas? Hay unas cuantas caras que me suenan pero así con seguridad solo sabría reconocer a un Ballugera (Sopas creo que le llamaban) y a Carmelo Gayangos justo en la parte central de arriba de la foto, y a Ezcurra, el Herrero en la segunda fila el tercero por la izquierda.
.

PS 6abr11: Alejandro Gayangos me informa que tiene idea de que el maestro que en alguna ocasión sustituyó a don Sixto no fue otro que Pascual Peña, quien por haber pasado algún tiempo estudiando para cura, debía de estar capacitado para enseñar las primeras letras y cuentas a aquellos rapaces. Es difícil reconocer a Pascual Peña en esta imagen, pero ya que lo dice, esas gafas y esa pose sí que nos recuerdan a él. Véase si no una foto posterior de Peña en el post 89.
.
.

22. INAUGURACION DEL FRONTÓN



Como tantas otras fotos que no son de nuestra familia, las tres fotografías que pongo hoy aquí las cedió alguien del pueblo a la exposición de 1993, pero yo no supe quién. Luego los de la Asociación Cultural las devolvieron a sus dueños y ya he perdido todas las pistas. Mucho me gustaría que gracias a este blog pudiéramos saber de quién son y si podría aportar datos sobre ellas. A veces las fotos viejas suelen tener anotaciones por detrás.

Está claro que se trata de una inauguración “oficial” y que el marco es el frontón que vimos en la entrada anterior, pues aunque las fotos son básicamente de grupo, puedo perfectamente reconocer las piedras y ventanas del fondo y las dos chopas de la línea del “pasa” a las que hacía mención ayer. Supongo por tanto que se trataba de inaugurar las obras de reforma del frontón que se acometieron siendo alcalde Blas Santa Cruz, que es quien tiene un folio en la mano y parece estar leyendo su discurso de inauguración.


En la segunda de las fotos vemos al Padre Francisco haciendo la parte religiosa del rito. Justo a su derecha puedo reconocer a Manolo Tobalina, y en primer plano, a la izquierda de la foto y con la trompeta bajo el brazo, a Emiliano Ibarnavarro (qué bonita tuvo que ser la inauguración, hasta con música y todo). Detrás de todo el grupo pueden verse las dos chopas y a la izquierda de ellas y al fondo del todo (da la sensación de que la foto está hecha con un objetivo de 75 u 80 mm. por el aplastamiento que provoca), las cerchas de cubrición de los frontones del convento franciscano.


En la tercera de las fotos vemos al grupo posando sin más para el fotógrafo. Tenía mucha curiosidad por saber si el personaje central del grupo -el cura que está con el bonete en la mano-, podía ser Don Isidoro, pero le he consultado a mi padre y me ha dicho que no, que no es él, y que no sabe quien era. El alcalde, Blas Santa Cruz está en primer plano a la izquierda y detrás de él Joaquín Angulo y Ramón Angulo. Por detrás asoma la cabeza de uno de los hombres más altos del pueblo, “Siete Antonios”, hermano de “Tres Pedritos” que también era alto pero un poco más bajo que él y de ahí su mote más contenido.

Pero mi agradecimiento personal a quien dejó esta foto para la exposición está ligado a la recuperación en mi memoria de la estilizada figura del Padre Francisco, a quien vemos con el roquete y la estola puestos después del acto religioso de la inauguración. Siendo niño le ayudé durante varios años a su misa de 11, primero en la capilla nueva del convento y en sus últimos días, en la capilla antigua. Creo que era de Cestona, o de algún pueblo guipuzcoano del interior, tenía la piel blanquísima, casi transparente, y aún puedo recordar el olor a limpio que desprendían siempre sus manos cuando me las ofrecía para el lavatorio. Cuando acababa la misa me dejaba beber el vino dulce que había sobrado de las “vinajeras”. Siempre serio y adusto, creo que me tenía mucho cariño, y que yo le respondía con una gran devoción. Fue emocionante para mí poder verle de nuevo gracias a esta foto. Y poder guardarle así, en mi memoria, para siempre.

(5ab08)

25. LAS MESAS



Cada vez que doy un paseo por el Soto suelo volver con la pena de ver el estado de abandono y suciedad con que me encuentro “las mesas”, y es que ese lugar tuvo durante los años de mi infancia una gran importancia en la vida de Anguciana. No recuerdo exactamente cuáles fueron los días escogidos por el Ayuntamiento para ir allí de romería, aunque casi seguro que entre esos días estaban San Juan y Santiago, o sea, 24 de junio y 25 de julio.

“Las mesas” fue otra de las pequeñas construcciones de posguerra hechas en el periodo de la alcaldía de Blas Santa Cruz, asociada en este caso a la traída de aguas. Junto a un viejo manantío se hizo la caseta de registro desde donde se llevaba el agua hasta el depósito que vimos en la entrada de Las Callejas (14), y al ras de esa caseta se construyó una pequeña fuente con tres caños bien gruesos para uso y disfrute del lugar. Se hicieron también tres mesas de hormigón y sus correspondientes bancos, quedando reservada al Consistorio la más cercana al pueblo de las tres; y para completar su configuración y carácter, se plantaron unos plátanos que aseguraron siempre la sombra del lugar cuando se talaban las choperas de alrededor.

En los días señalados todo el pueblo acudía a merendar en las choperas en torno a “las mesas”, cada cual con su familia o su grupo de amigos, extendiendo los manteles y las viandas en la hierba, con algún fuego que otro si era necesario. Y cuando la merienda tocaba a su fin, los cuatro músicos del pueblo (Emiliano a la trompeta, Jesús al saxo alto, Pablo al clarinete y Maxi a la caja) se ponían a tocar en el estupendo escenario construido a la izquierda de la caseta animando al baile y a regresar con la música hacia el pueblo por el camino del Soto.

El resto de los domingos y días de fiesta era frecuente encontrar gente comiendo en “las mesas” lo que hacía de ese lugar el auténtico centro o plaza del Soto. La gracia de “las mesas” es que no se parecen en nada a esas zonas picnic que tanto han proliferado en los últimos años por cualquier lugar de la Rioja, y que por lo general no tienen personalidad alguna. Seguro que si ahora las quisieran “rehabilitar” les pondrían papeleras, jardineras, barbacoas, fuentes de grifería o bancos de mal gusto, así que me voy a cuidar muy mucho de pedir para ellas nada más que un poco de limpieza y el recuerdo que nos traen estas viejas fotos que pongo aquí.





(13ab08)

34. EL CINE




Uno de los edificios modernos más audaces y sorprendentes de Anguciana fue el cine. Se construyó en los años cincuenta, siendo alcalde Blas Santa Cruz, con proyecto del arquitecto Rafael Gil Albarellos.

Albarellos fue uno de los primeros arquitectos “modernos” de la postguerra y para el cine de Anguciana se le ocurrió diseñar una fachada que se asemejaba al celuloide de las películas. Moduló todo el frente como si fueran fotogramas y como remate de cubierta hizo una fila de agujeritos cuadrados.

Por lo visto, la limpieza de ideas y formas del primer proyecto se fue al garete cuando le pidieron que colocara una vivienda encima de los dos fotogramas más cercanos al pueblo, así que en castigo le puso a esa vivienda unas ventanas tan estrechas como las del remate decorativo del resto de la fachada y a distinta altura. La cosa quedó un tanto desencajada pero como cuando éramos niños no nos preguntábamos por la razón de las cosas, pues nos acostumbramos a verlo como algo tan normal. La vivienda fue ocupada por el veterinario y su familia y como yo era amigo de Javi, uno de sus hijos, pues estuve muchas veces en ella y la recuerdo muy bien.

De lo que apenas me acuerdo es de las sesiones de cine porque debieron dejar de darse muy pronto, creo que a mediados de los sesenta cuando yo me había marchado a Santoña a estudiar. Lo que sí recuerdo (y es curioso cómo en la memoria se quedan a veces los detalles más insignificantes) es el precio de la última vez que fui al cine: 7 pesetas. Y también recuerdo (no sé si bien o mal) que el encargado de la máquina del cine era Lázaro, a su vez pastor y carnicero, y padre de Carlos y Emilio.

En el invierno de 1970 se organizó un Concurso de Belenes en el pueblo (seguramente a iniciativa del Teleclub) y para dar mayor realce a la entrega de premios y como cosa extraordinaria se usó el cine. Como presentadores actuaron Isabel Ballugera y mi hermano Ricardo, y en la ambientación musical del evento tocaron Emiliano Ibarnavarro, Agustín deLafuente y mi hermana Mercedes; y hasta es posible que cantara Ramoncín, no el punky de Madrid que se hiciera famoso años después, sino Ramón Triana, a quien también llamábamos en el pueblo con ese diminutivo. De aquel último acto en el cine guardo estas tres simpáticas fotos:





Por cierto, siendo ya arquitecto y habiéndome dado cuenta de la semejanza entre la fachada de nuestro cine con las películas de celuloide, le di la foto de arriba al erudito riojano Bernardo Sánchez, quien a su vez se la regaló al conocido director de cine Víctor Erice, al que, según me dijo Bernardo, le gustó mucho. Para que veáis lo lejos que ha llegado el cine de nuestro pueblo.

(30ab08)