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87. EL CHINO

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El Chino ya es historia, historia de Anguciana. Antes de irse para siempre era ya un gran “personaje” de nuestro pueblo, un hombre con gran personalidad. Para mí lo era desde la infancia, cuando le aplaudía a rabiar en aquellos partidos de pelota de las tardes de domingo organizados por Carmelo Yusta. Hacía pareja con su hermano Eduardo, un delantero rápido y vibrante. José Miguel, era su perfecto complemento, un zaguero seguro y eficaz. Luego salió con Joaquinito a jugar campeonatos en grandes frontones de la Rioja. Recuerdo haber ido con mi padre hasta el Frontón de los Sevillas en Arnedo a verlos perder. Grandes en el pueblo, pequeños fuera. Nos dieron así una buena lección.

Cuando el paso de la edad nos fue acercando, jugué de compañero con él montones de veces a pala contra Juan Ramón, Atín o alguno de mis hermanos. Tardes interminables de verano con porrones de cerveza y gaseosa de Perjuicios hasta que ya no se veía ni la pelota, aquellos gomizos negros con punto amarillo. Yo era casi siempre el más flojo en el frontón y el Chino siempre me animaba a hacerlo mejor. Me pregunto si fue por entonces cuando le pusimos el mote del Chino. Apostaría a que salió del ingenio de Atín. No lo sé, pero me pega que fue por aquella época cuando empezamos a llamarle con ese simpático apodo que hacía alusión a su mirada sesgada. No recuerdo que nadie le llamara el Chino en sus años de pelota a mano.

Otro de los rasgos más destacados de su vida me lo ha subrayado muchas veces mi madre cuando me contaba la ejemplaridad de José Miguel en las atenciones para con la suya. Félix, el cura, lo precisó en el funeral de ayer: desde 1991 en que murió su padre, hasta el 2005 en que falleció ella. Catorce años cuidando a su anciana madre, día a día.

La alegre vida de intensa amistad en el cuadrilla de Los Mismos, que también fue muy celebrada en su despedida, cierra mi humilde retrato de José Miguel. Del Chino. Aunque su personaje tiene, sin lugar a duda, muchísima mayor riqueza de matices. Seguro. Lo que pasa es que en mi alejamiento del pueblo, yo los desconozco y no soy capaz de pintarlos con precisión. Jesús Mari Carpo, que ha sido gran amigo suyo en los últimos años de su vida me contó tras el entierro muchos de ellos. Hermosos todos. Como esa historia que contó un familiar al final del funeral de su reciente visita al Bernabeu. Cómo disfruté al oírla. Cómo me imaginé el gozo de Josemi en ese gran estadio.

Alguna vez que hablamos de este blog de recuerdos del pueblo, me dijo que tenía muchas fotos de sus años de pelotari para darme. Ninguno de los dos teníamos prisa en ello, pero mira por donde, la muerte se ha dado más prisa con él y se han quedado en algún cajón de su casa. Si algún familiar me las pudiera mostrar algún día para escanearlas o me las mandara, le quedaría muy agradecido. Sería un bonito homenaje hacia Josemi poner en este blog alguna de aquellas fotos de sus días de frontón. Aunque también es un bonito homenaje la foto que he elegido de entre las muchas que tengo de su presencia en los Mismos. El Chino era uno de los hombres más serviciales de la cuadrilla, siempre entre los pucheros para que no faltase el sustento para los amigos.

Su gratísimo recuerdo, pienso ahora, será también un buen sustento para lo que nos quede de vida. Porque a medida que pasan los años y nos entran más dudas sobre el presente, algunos no vemos nostalgia en los recuerdos, sino alimento, aprendizaje, y ejemplo. 
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(9mr11)

92. CAMBIO DE AIRES

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Bueno, pues sí, este blog va a cambiar un poco de contenidos. Mi jefe en la candidatura al Ayuntamiento de Anguciana me ha dado permiso para que este blog sea también un vínculo de comunicación entre algunas de nuestras ilusiones y los lectores que por aquí vienen a ver cosas de nuestro pueblo, así que ya no sólo hablaré del pasado sino del futuro, o al menos de nuestras ilusiones de futuro. Y también de las historias del presente, cómo no, sobre las que ya sé que es dificilísimo escribir bien, porque mientras no pase mucho tiempo por ellas no son historias de verdad sino perspectivas parciales, versiones incompletas u opiniones personales.

Escribir sobre lo que pasa y sobre lo que queremos que pase sin caer en el lenguaje que actualmente se usa en la política y el periodismo es una de las tareas más difíciles a las que jamás me haya podido enfrentar. Mucho más difícil que gestionar bien las cosas del pueblo.  Mal o bien, el pueblo siempre vive y sale adelante, pero contarlo bien y hacer que esa forma de contar influya positivamente en la vida del pueblo, ese es otro cantar.

Yo voy a intentarlo, y que por miedo no sea. Tengo la ventaja de que los noventa artículos previos han ido forjando mi escritura en una dirección que según veo y me dicen, no tiene nada que ver con mis otros escritos sobre arquitectura o con lo que se estila por ahí en política y periodismo, y en esa línea trataré de seguir para hablar ahora de las cosas que están en las conversaciones de la calle, en las tertulias de los bares o en las mesas de reuniones.

Me dicen, por ejemplo, que la Consejería de Obras Públicas va a acometer en breve una serie de reformas en la carretera de Anguciana como es quitar los árboles del tramo entre la casa del médico y la era de Escolar, o que van a hacer una macro rotonda en el entronque del puente con Oreca cargándose el jardincillo que hay frente a la vieja caseta del caminero, y la verdad es que se me llevan los demonios. Pero lo último que quisiera al ponerme a escribir o hablar de estas cosas es que se me llevaran los demonios, porque para eso mejor me quedo leyendo en mi biblioteca y me olvido de Anguciana. No, no, la mejor manera de conjurar esos estropicios es decirlo públicamente cuanto antes para ver si entre todos lo conseguimos evitar.

También oigo decir a la gente que para que los coches no corran a su paso por Anguciana hay que llenar la carretera de bultos, y otra vez se me lleva el alma los diablos porque convertir las carreteras en bachepistas es todo lo contrario del progreso y la razón humana. Primero se gasta uno miles y miles de euros en hacer que las carreteras sean más anchas y tengan mejor superficie y luego nos dedicamos a ponerles baches para romper la columna vertebral a quien pase por ellas. ¿Pero en qué cabeza cabe eso? ¿Para eso tenemos la cabeza encima de los hombros? Hacer las cosas así, gastando dos veces a lo tonto y sin sentido, es todo lo contrario de lo que nos venía enseñando el pueblo, todo lo contrario de lo que íbamos aprendiendo del sentido común y del saber popular.

Hablaremos también largo y tendido del futuro de esa querida plaza del pueblo que parece haber sido arrasada por un tsunami de granito. Si los japoneses van a ser capaces de renacer de sus cenizas con miles y miles de muertos, nosotros lo tenemos mucho más fácil porque nada más ajeno a mi intención que hablar mal de los vecinos y amigos que han cometido el error de ser engañados o confundidos por los tiempos que corren. La realización de la plaza ha sido una catástrofe, pero con buena voluntad y cabeza se puede ir arreglando poco a poco. Jesus Mari Carpo me preguntó el año pasado si a ese espanto al que habíamos contribuido todos, bien por acción u omisión, se le podría dar media vuelta, y yo le dije que sí, y ahí creo que estuvo la clave de que no me pudiera oponer a su invitación a  ir con él en su candidatura.

¿Qué no decir del Soto, y de las mesas, y de las romerías que también se han recordado aquí, o de la Asociación de Vecinos ¡también llamada del Soto! que pusieron la semilla de la ilusión popular en las fiestas y en la exposición con la que arrancó este blog? De todo iré escribiendo, claro que sí, poco a poco y sin miedo a intentar decir la verdad de las cosas, porque la verdad no es algo que uno tenga de antemano, sino algo que se busca estudiando, pensando y escribiendo con el mejor ánimo de los posibles.

Ese ánimo que en todo momento me transmite Jesús Mari Carpo (o mejor dicho, Jesús Mari Pinedo, ¡no os vayáis a equivocar a la hora de votarle...!), nuestro jefe en la candidatura al Ayuntamiento de Anguciana.
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(18ab11)

97. JORGE LOYO

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Estábamos ayer en las bodegas de Anguciana unos cuantos amigos analizando un poco los recientes resultados electorales y pensando en cómo hacer las cosas de ahora en adelante, cuando nuestra compañera de candidatura Elisa Agüero, que no ha conseguido ser elegida concejala, me propuso abrir otro blog distinto a este para contar con sencillez y amenidad los avatares de la vida municipal o para ir dejando seña de nuestras propuestas, mociones, apoyos, críticas o ideas para Anguciana.

Como de buenas a primeras no supe muy bien qué contestarle, la cuestión se me quedó dando vueltas en la cabeza, y hasta diría que ha llegado a robarme algunos minutillos de sueño (no muchos, por suerte). Pero como suele ser habitual en mí últimamente, con el fresco del alba me he puesto a dar con la respuesta.

Mi interés por Anguciana no tiene nada que ver con aplicar o hacer allí la política caínita que se hace en la capital o en el resto del país. Para eso me hubiera quedado en Logroño, donde a lo largo de los años de mi vida me han llegado a tentar con encabezar una candidatura para la alcaldía de la capital, ir en las listas de diputado al Parlamento, o incluso ser Consejero de Urbanismo del Gobierno de la Rioja sin tener que pasar por las urnas. No, la política de los partidos tal y como se ha construido en nuestra reciente democracia no me interesa lo más mínimo. Y si digo que no me interesa, no es porque sea mala en sí (que también) , sino porque tal y como la cuentan los periódicos y la televisión se ha vuelto para mí (y por lo visto estos días para mucha otra gente que ha salido a la calle a decirlo) completamente abominable. Las cosas no sólo son lo que son, sino que se configuran según como se cuentan. Y de momento, lo que me interesa de la vida pública no es cambiarla (eso es imposible para un solo individuo) sino contarla de otra manera. Contarla de un modo radicalmente distinto de como lo hacen los periódicos y la televisión.

Desencantado de la teoría y práctica de la arquitectura  de nuestro tiempo y decepcionado por las zancadillas o la esterilidad de la crítica argumentada a nuestra forma actual de hacer ciudad, hace tres años me puse a escribir aquí cosas del pueblo de mi infancia buscando al mismo tiempo el modelo perdido de una forma de habitar en el mundo y una forma de contar las cosas, que según voy dándome cuenta, tiene que ver más con el pensamiento fatalista del destino que con la cantinela de que somos libres de elegir.

Que haya aceptado ir en la candidatura de Jesús Mari y que ahora sea concejal de Anguciana no quiere decir que me haya equivocado y que me haya metido en todo aquello de lo que yo quería huir, sino que he asumido el reto de intentar regenerar la vida pública y la escritura desde abajo, desde lo humilde, desde las raíces de mi pueblo.

Un pueblo que ya sé que está colonizado por todo lo peor que produce la vida política y mediática de la ciudad, pero que como todavía conserva la estructura espacial del pueblo y la proximidad de la vecindad, no es aún ciudad y ofrece por lo tanto la posibilidad de hacer y contar las cosas de otra manera.

Que lo logre o no, es otra cosa, pero en todo caso, para intentar tener algún éxito hay que volver una y otra vez a los principios que animan a la escritura de este blog y a mi idea de poner los ojos en Anguciana. Y en ese sentido, la propuesta de Elisa ha sido un nuevo estímulo para pensar, una nueva prueba. No, no cabe hacer otro blog, es mi respuesta. No es cosa de separar el pasado del presente, no es mi plan construir el futuro con las ideas de la política convencional y de sus formas de contar. Mi idea, lo repito una vez más para que quede claro (y a mí el primero), es hacer futuro con los mimbres del pasado. O dicho de un modo filosófico a la manera de Enmanuel Severino: plantarme ante la locura del devenir, hacer frente a la locura del tiempo.

Bueno, y dicho esto, solo cabe felicitar a Jorge Loyo, que indudablemente es el personaje de esta semana, el hombre que ha ganado las elecciones y que va a ser el alcalde de Anguciana en los próximos cuatro años. Y decirle a él y a todo el pueblo que nos tendrá a su lado a Jesús Mari y a mí como concejales, y a toda la candidatura y a todos los que nos han votado también, cuando su forma de hacer las cosas tenga más que ver con la vida propia del pueblo que con la forma de hacer política de la ciudad.
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(24my11)

127. EL RÍO DE LAS CHOPERAS DE LA ZARZUELA



Hace unas semanas bajé con Jesús Mari (carpo) a ver la huerta que se ha comprado bajo los cables de alta tensión que han pasado recientemente por las choperas de la Zarzuela, aunque más que su huerta, todavía en construcción, me enseñó con entusiasmo el pequeño río que nace en ese talud y que en poco más de cien metros acaba desembocando en el Tirón. Cuál no sería su sorpresa cuando mi entusiasmo eclipsó al suyo porque en esas choperas de la Zarzuela mi padre tenía una tirita de chopos, y porque a ese pequeño río solíamos ir hace muchos, muuuchos años, a pescar cangrejos. Lo mejor de todo, sin embargo, es que de ese pequeño río guardo una foto que hizo el jarrero José Mari San Juan, gran amigo de mi padre, una foto que está escrita y firmada por detrás porque la utilizó a modo de postal para felicitarnos las Pascuas y el año nuevo de 1963, es decir, que sería de 1962, años en que "la dula" solía pastar por allí y tenía las choperas así de limpias. No me digáis que no es una maravilla de foto. Toda una postal de aquella Anguciana.

Bueno, pues el río sigue ahí, por supuesto no tan limpio como entonces, pero ya es una maravilla que ni el poder de las palas ni los movimientos de fincas que se han hecho en los últimos años por doquier, hayan podido con esa pequeña fuente que sin apenas darse cuenta se convierte en un bonito río lleno de vida:


He buscado en google earth su ubicación y lo he señalado con líneas azules discontinuas. Y ya que estaba metido en las pequeñas pero entrañables venas de agua, también he señalado en la foto-mapa el río Ea y la desembocadura en el Tirón del Cauce molinar.


Lo del río que sigue emergiendo a pesar de la tontuna de los tiempos y de la devastación de las máquinas,  de los poderes y el dinero, se me antoja que podía ser una metáfora de este blog que vuelve a brotar después de tantos meses de silencio. 

Y es que cuando el agua vuelve a fluir y nos fijamos más en las cosas eternas del pueblo y de la naturaleza, hasta la barbarie y la fealdad de los cables de alta tensión que han colocado por allí pueden verse con otros ojos:


(3jl14)