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5. VEINTICINCO AÑOS DE PAZ



Seguimos en la plaza, pero en esta ocasión con una fotografía muy especial, pues que yo recuerde, rara vez se juntaba el pueblo debajo del balcón del Ayuntamiento. En julio de 1964 y con motivo de las celebraciones que todos los pueblos tendrían que organizar por los Veinticinco Años de Paz, vino el Gobernador a inaugurar la pavimentación de varias calles y por lo visto debió asomarse al gran balcón municipal para echar algún discurso a los vecinos de Anguciana.

Veo a mucha gente conocida y a otros muchos que no recuerdo, y por mencionar a los más cercanos, como haré habitualmente, veo a mi hermana Mercedes con una cinta en el pelo junto a su amiga Conchita, la hija del médico, en el ángulo inferior derecho.

Y por mencionar otro detalle que me llama la atención, resulta curiosa o divertida la pose de los dos hijos del veterinario, Javi y José Luis, apoyados uno en el otro por la espalda.

Al fondo de la foto volvemos a ver el muy querido kiosko de la plaza, y a propósito del mismo quisiera comentar un detalle que podemos rastrear en varias fotos que he puesto en el blog. Mirad la foto del post n1, Presentación, o la foto del n2, La plaza, y fijaros en la barandilla rota de la escalera, justo a su derecha.

En algún sitio he leído que nuestra memoria se suele quedar agarrada más a los rotos o los descosidos de las cosas y de las historias que a los brillos de los hechos más limpios y claros. Pues bien, en la foto de hoy podemos ver de nuevo esa barandilla rota de la escalera del kiosko que recuerdo tan nítidamente como si la hubiera visto ayer. La barandilla rota de la escalera del kiosko tiene además en esta foto un protagonista de excepción: un niño está agarrado justo a su extremo haciendo equilibrios, mientras un joven sentado en el rodapié le mira con atención.

(11mr2008)

11. JAIME MARIN




La fotografía que traigo hoy aquí ilustra perfectamente lo que contaba en el post de ayer (10) sobre el uso del “cauce” junto a la carretera. Esta tomada en agosto de 1963 por Jaime Marín, y en ella vemos a la izquierda a un hombre llevando a su ganado por la carretera, aún sin asfaltar, a abrevar en el cauce, mientras un poco más allá de la piedra que señalaba como un asiento muy apetecible, se ve a un grupo de mujeres haciendo la colada. En cuanto al fondo arquitectónico vemos que la antigua casa-palacio ha dado paso a la nueva capilla del convento y las alas de la segunda ampliación, y que las dos acacias de bola han sido encerradas detrás de una tapia mixta de mampostería y forja, construida sobre el borde mismo del agua. En primer plano, está mi hermana Mercedes con un hijo de Jaime Marín subido a una de las bordalesas que “Perjuicios” tenía delante de su casa. A la derecha de esa bordalesa podemos ver la variante en “medio banco” del modelo de la plaza de la Constitución que vimos en (2). Con cuatro o cinco bancos construidos a cada lado de las tapias de este tramo de la carretera se creó allí todo un auténtico salón urbano. Otro detalle reseñable es el cartel que anuncia la centralita telefónica del pueblo, que en tiempos de la foto estuvo en casa de la Celes, y que años después pasaría a la de la Santos, dos casas más allá.

Pero vayamos con el título de este post, dedicado al autor de la foto. Mucho me gustaría que gracias a este blog pudiera establecer contacto con los herederos de Jaime Marín, porque estoy seguro que atesoran una estupenda colección de fotos de Anguciana. Jaime Marín padre, que tenía una sastrería en Bilbao, fue uno de los primeros veraneantes en nuestro pueblo, hasta el punto de comprar y arreglarse una casa justamente en la plaza, entre la nuestra y la de la Amelia. Jaime Marín hijo siguió el oficio del padre, pero además, era un gran aficionado a la fotografía. Tenía una cámara de doble cuerpo, de aquellas en las que se miraba por arriba con negativos en formato 6x6, y como enamorado del pueblo que era, seguramente hizo fotos de todos sus rincones. A nosotros nos dio aquellas en las que salía alguien de nuestra familia, pero sus álbumes de Anguciana en los sesenta tienen que ser preciosos. Como muestra de ello, la foto de arriba, y esta otra en la “calleja de la Chimela”, también con mi hermana Mercedes como protagonista, cuyo tema central es el reflejo de la torre de la iglesia en ese gran charco que dejaría alguna tormenta veraniega.



(17mr2008)

16. EL RIO


Media vida de Anguciana era el río Tirón. Surtía de pescado fresco al pueblo (aún recuerdo a los Nanos pasar por las casas vendiendo loguinas con un balde entero lleno de ellas), la madera de sus choperas eran la principal fuente económica del ayuntamiento, y para los jóvenes y chiquillos era el gran lugar de esparcimiento durante todo el verano.

Además, lo bonito del río era que cada año cambiaba un poco su fisonomía y en junio nos dedicábamos a explorarlo para ver cómo las riadas del invierno habían dejado nuestros pozos de baño. Los clásicos eran cuatro: Zarra y la Piscina, por encima del puente, y Viñas Viejas y Taranco (o la Mina) aguas abajo. Hasta que le hicieron ese áspero y feo encauzamiento con piedras traídas de no sé donde, el río serpenteaba por su ancho cauce y creaba los mejores pozos de baño cuando chocaba con las lastras de arenisca de los cuatro sitios indicados. Esta foto de 1966 está hecha en el pozo de “la Piscina”, -así llamado porque nos permitía nadar unos cuantos metros seguidos:


Y esta otra de Calleja, hecha desde el puente, muestra una gran vista del río con la zona de Viñas Viejas a la izquierda y el monte Taranco al fondo.


Del pozo de Zarra no he encontrado de momento otra foto que ésta de 1968 en la que se le ve como calmado fondo de un bonito retrato de mi hermana Mercedes, que estaba posando para un apunte del pintor Ignacio Guibert.


Pero ya que había empezado con la pesca, acabo con ésta. Además del variable cauce principal por medio del cascajo o la glera, el río solía dejar por entre las choperas riachuelos pequeños que eran la delicia de la pesca vespertina del cangrejo. Uno de nuestros preferidos de algún que otro verano de los sesenta estaba en una pequeña zona de choperas algo más abajo y al otro lado de Taranco, en el término llamado de la "Zarzuela", y de él hizo José María San Juan esta preciosa foto:



(Se me olvidaba comentar que la primera de las fotos, la única en color, es de 1964 y está hecha desde el puente aguas arriba. A la izquierda se ven las choperas que había detrás del frontón y las salciñas de la zona del "semillero", y al fondo a la derecha , se puede ver lo que llamábamos el pozo de "la Piscina").

34. EL CINE




Uno de los edificios modernos más audaces y sorprendentes de Anguciana fue el cine. Se construyó en los años cincuenta, siendo alcalde Blas Santa Cruz, con proyecto del arquitecto Rafael Gil Albarellos.

Albarellos fue uno de los primeros arquitectos “modernos” de la postguerra y para el cine de Anguciana se le ocurrió diseñar una fachada que se asemejaba al celuloide de las películas. Moduló todo el frente como si fueran fotogramas y como remate de cubierta hizo una fila de agujeritos cuadrados.

Por lo visto, la limpieza de ideas y formas del primer proyecto se fue al garete cuando le pidieron que colocara una vivienda encima de los dos fotogramas más cercanos al pueblo, así que en castigo le puso a esa vivienda unas ventanas tan estrechas como las del remate decorativo del resto de la fachada y a distinta altura. La cosa quedó un tanto desencajada pero como cuando éramos niños no nos preguntábamos por la razón de las cosas, pues nos acostumbramos a verlo como algo tan normal. La vivienda fue ocupada por el veterinario y su familia y como yo era amigo de Javi, uno de sus hijos, pues estuve muchas veces en ella y la recuerdo muy bien.

De lo que apenas me acuerdo es de las sesiones de cine porque debieron dejar de darse muy pronto, creo que a mediados de los sesenta cuando yo me había marchado a Santoña a estudiar. Lo que sí recuerdo (y es curioso cómo en la memoria se quedan a veces los detalles más insignificantes) es el precio de la última vez que fui al cine: 7 pesetas. Y también recuerdo (no sé si bien o mal) que el encargado de la máquina del cine era Lázaro, a su vez pastor y carnicero, y padre de Carlos y Emilio.

En el invierno de 1970 se organizó un Concurso de Belenes en el pueblo (seguramente a iniciativa del Teleclub) y para dar mayor realce a la entrega de premios y como cosa extraordinaria se usó el cine. Como presentadores actuaron Isabel Ballugera y mi hermano Ricardo, y en la ambientación musical del evento tocaron Emiliano Ibarnavarro, Agustín deLafuente y mi hermana Mercedes; y hasta es posible que cantara Ramoncín, no el punky de Madrid que se hiciera famoso años después, sino Ramón Triana, a quien también llamábamos en el pueblo con ese diminutivo. De aquel último acto en el cine guardo estas tres simpáticas fotos:





Por cierto, siendo ya arquitecto y habiéndome dado cuenta de la semejanza entre la fachada de nuestro cine con las películas de celuloide, le di la foto de arriba al erudito riojano Bernardo Sánchez, quien a su vez se la regaló al conocido director de cine Víctor Erice, al que, según me dijo Bernardo, le gustó mucho. Para que veáis lo lejos que ha llegado el cine de nuestro pueblo.

(30ab08) 

39. DEPORTES DE INVIERNO




En las navidades de 1970 cayó una buena nevada en nuestro pueblo, y como por aquel entonces no había Valdezcaray y ni sabíamos lo que era el esquí, convertimos un ribazo junto a fuente La Virgen en la primera pista de trineo de Anguciana.

El ingenio fue cosa de mi hermano Ricardo y aún me maravillo de lo rápido de reflejos que anduvo para inventar y construir el artefacto en la misma mañana de la nevada: con una caja de fruta y unas pocas tablas, elaboró el elegante bólido que se puede ver en todas estas fotos. Como tengo nada menos que catorce y no quiero dejar ninguna en el cajón, las he colgado esta vez en un formato un poco más pequeño que el habitual.

Para iniciar el descenso y controlar la dirección, teníamos que tirar con una cuerda y correr por delante del trineo, tal y como se ve en la foto de arriba y en estas dos más:




Una vez que la pista ya estaba abierta, se ve que nos animamos a bajar sin guía:







El problema de esta estación de esquí es que, a falta de telesillas, era duro subir el trineo después de cada bajada:



La zona de frenada no era muy amplia, pero no llegamos a darnos contra la tapia de las huertas:


De aquel día tengo un recuerdo muy especial: de tanto coger el trineo y andar con la nieve debía tener yo las tenía las manos tan heladas que en un momento dado fui a lavármelas a la fuente de La Virgen que estaba justo al lado de nuestra pista de esquí y me pareció que el agua salía caliente. Recuerdo aquella sensación como si fuera hoy, y ya siento que entre tanta foto no hubiéramos hecho una de la fuente. Aunque en esta que pongo aquí se puede apreciar por mi gesto, el frío que tenía en las manos:



Tres fotos más de aquel “histórico” día para los deportes de invierno de Anguciana:

La primera, caminando por detrás de Teñazo hacia el ribazo de fuente La Virgen.

La segunda, justo en el punto de salida del descenso. Como se ve en ella, a última hora apareció Atín por allí con una extraña boina en la cabeza.

En la tercera y última de la serie, fotografíé yo a mis cuatro hermanos posando en el trineo.





PS: Al ir a guardar las fotos de aquel día he descubierto una nueva imagen en la que se puede verse la Fuente de La Virgen. Está en el ángulo superior izquierda:´



Como no tengo ni idea de cómo estará en la actualidad aquella fuente prometo volver por allí algún día a hacerle una foto.

(17my2008)

101. LA POLLA

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No se me asusten Vds, que no va de porno. A poco que uno curiosee en las innumerables páginas eróticas que nos ofrece internet ya se habrá dado cuenta de que la palabra "polla" le lleva en estos momentos una ventaja tremenda a la más recatada "pene" o a la más cachonda "pisha", acercándonos así a la terminología anglosajona en la que el miembro sexual masculino se llama "cock", o sea, "gallo". Los expertos en machismo del lenguaje y terminología de la igualdad de géneros ya nos explicarán por qué nuestro miembro va popularmente en femenino mientras que el de ellas va en masculino, pero ese no es el asunto aquí.

Lo de echar a suertes a ver a quién "le tocaba la polla" (y no me hagan risas de nuevo con el juego de palabras) tenía que ver con un rito que me recordó mi hermana Mercedes ayer mismo en Anguciana. Poco antes de San Juan, fiesta que celebraban mayormente los chiquillos y mozos del pueblo con meriendas y bebidas en el Soto, se echaba a suertes algunos aspectos de la organización, como por ejemplo, quién se iba a encargar de hacer el chocolate, y el mecanismo elegido era tan simple como repartir cartas entre los asistentes y ver a quién le salía el as de oros, carta popularmente conocida en nuestro pueblo como "la polla". Aunque mi recuerdo sea bastante borroso, aún estoy viendo a la Ezequiela, aquella criada de origen burgalés que tuvieron mis padres, hermana de Justo Sáez por más señas, ...aún estoy viendo a la Ezequiela, digo, rodeada de chiquillos y de algunas de sus madres en la gran mesa redonda de nuestro jardín echando las cartas a ver a quien de ellos le tocaba la polla por San Juan.

Que el as de oros sea como un sol y que justo en estos días, el gran astro esté en lo más alto del cielo achicharrándonos con sus calurosos rayos, igual no es más que una casualidad pero es bonito pensar que una cosa tenga que ver con la otra. Y el que quiera encima conectarlo con los significados y sugerencias de la simpática denominación de esa carta de la baraja, tiene todas las posibilidades del mundo para hacer chistes.
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(21jn11)

108. LA EZEQUIELA Y LA FELI


Una vez más quiero advertir a los amigos que vienen por aquí, que un blog, o más en concreto, este blog,  no tiene nada que ver con un periódico o una revista. Es decir, que cuando me pongo a escribir estas líneas, no lo hago en absoluto para hacer "crónicas de mi pueblo". Digo esto porque de vez en cuando alguien me dice que saco a unos sí y a otros no, que me equivoco mucho o que digo cosas que no se deberían contar por políticamente incorrectas.

A diferencia de los libros, revistas o periódicos, un blog no es más que un cuaderno de notas absolutamente personal de pensamientos y recuerdos que uno tiene el gusto de compartir porque la tecnología lo permite ahora sin intermediario alguno. Tal y como algunos pensadores señalaron con especial lucidez hace ya más de veinticinco años (véase por ejemplo "El aprendizaje de la decepción" de Félix de Azúa) los medios de comunicación se han convertido en una especie de jueces o notarios de la existencia, de manera que ya todos hemos empezado a creer que lo que sale en los periódicos es lo que existe, y que si no sales en los periódicos, no eres nadie.

Frente a ese nuevo y determinante "poder" de los mass media, yo aún creo que a las gentes de pueblo, a las gentes sanas con raíces en un lugar, les importa un bledo (nos importa un bledo) lo que digan los periódicos y televisiones, porque para saber que uno es quien es, no hace falta más que salir a la calle, al bar o a la tienda y saludar a los vecinos. Y para los vecinos uno será siempre el hijo de la Maruche o el nieto del Palaciano, el que vive junto a la fuente o el que se casó con la hija de unos bilbaínos, etc. etc etc, salga o no salga en los periódicos, triunfe en Nueva York o acabe en la cárcel.

Y por eso me agarro al pueblo, a mi pueblo, y por eso escribo en este nuevo género, los blogs, que han caído del cielo no hace mucho: porque no son periódicos que traten de establecer quién es o quién no es, sino cuadernos de notas personales con los que trato de hacer la puñeta a todos esos poderosos dueños de los medios de comunicación que deciden (o creen decidir) quién existe y quién no.  

Aquí, en Anguciana, somos todos. Otra cosa es que lo cuente o que no. Mejor dicho, es materialmente imposible que pueda hablar (y hablar bien, con mesura y precisión) de todos los que somos, de todos los que han pasado por Anguciana o de todos los que han sido. Por eso, este blog no tiene la más mínima importancia. Y como se os ocurra dársela, hasta se me pueden quitar las ganas de escribir.

Advertidos de todo esto, voy a seguir trayendo por aquí mis recuerdos y mis fotos de las cosas del pueblo, o los recuerdos y fotos del pueblo que algunos me envían y quieren compartir, con la misma idea con la que empecé, es decir, con la voluntad de consolidar ese asidero al que me agarro para evitar que me arrastre la vorágine de la nadería de la comunicación todopoderosa: ese asidero al que llamo pueblo; ese asidero que se llama Anguciana.

Decía el otro día que me encantaría seguir la pista de las gentes del pueblo que se han ido a vivir a otros pueblos o ciudades porque ese es mi propio caso, y porque nada me gusta más que compartir con otros la misma necesidad de saber de nuestras raíces. Pero como todos los lugares del mundo, Anguciana no es sólo punto de partida, sino también punto de llegada, tierra en la que enraizaron gentes nacidas en otros pueblos que traerían consigo en su memoria y sus recuerdos. Es el caso, por ejemplo, de las dos criadas o niñeras que yo conocí en mi infancia, la Ezequiela y Feli. (Pienso al escribirla, en la propia palabra "criada", caída ya en desuso y sustituída por el eufemismo "empleada de hogar" y retorno con ello a la infancia: ¿tenía algo malo la palabra "criada"? ¿de donde venía? ¿eran criadas porque antiguamente se "criaban" en las propias casas donde servían o eran más bien "criadoras" por lo mucho que ayudaban en la crianza?. Dejémoslo aquí y pongamos la primera foto, que este post lleva camino de ser el más largo de todo el blog y aún no lo he empezado).


Aquí tenemos a la Ezequiela, que según oí de niño, vino a Anguciana procedente de Valdeajos, un pueblo de la comarca burgalesa de la Lora (al noroeste de la provincia, casi lindando con Palencia) donde a mediados de los sesenta se dijo haber encontrado petróleo. Con la Ezequiela, antes o después, también vendrían sus dos hermanos, Paco "Tiembla", que vivía en los soportales que bajan a la iglesia, y Justo Sáez, casado con la Amelia y padres de la Conchita (puse de ellos en el post 61 la foto que tienen en su tumba). 

Como nunca he estado en Valdeajos ni había visto foto alguna del pueblo de la Ezequiela, voy a remediarlo rápidamente con la misma herramienta que nos permite ponernos en contacto aquí, es decir, con internet:


No hay ni un árbol en ese páramo. Es una foto de la primavera de 1992. El verano o el invierno deben de ser duros en esas tierras de cereal ("de pan llevar" las llamaban antes). Ezequiela se debió de traer de Valdeajos muchos dichos que se han perdido. Aún recuerdo uno, y era que cuando llovía decía que "caían ochentines" que debió de ser alguna moneda parecida en sus tiempos a los centimillos estos del euro que tenemos ahora.

Ezequiela se fue con mis padres a Madrid y la foto de arriba es de un paseo con mis hermanas por sus calles, foto que pongo entera aquí porque creo que es muy bonito recordarla así:


Ya se la ve bastante mayor, y es que según tengo oído Ezequiela estuvo toda su vida ligada a nuestra casa, porque no entró en ella para criarnos a nosotros sino ¡a mi padre! Debió de entrar siendo una niña. 

La que vino a ayudar a nuestra familia viviendo nosotros en Madrid fue la Feli, a quien vemos bien joven y guapa en esta otra foto. 


Yo sabía que lo hizo por recomendación de la portera de la casa donde vivíamos, pero no recordaba el pueblo del que vino. Mi madre me lo ha dicho esta misma mañana: Pajares, en Guadalajara. Vamos allí también con la ayuda de internet, está muy cerca de Brihuega, en una zona también muy árida.



Se ven bastantes casas nuevas en esta única foto panorámica que he encontrado en Google Earth. Seguramente que Feli lo recordará bastante más rústico. Igual esta fuente y esa calle empinada le puedan traer algún viejo recuerdo de su pueblo de origen.



Me cuenta también mi madre que cuando cuando vinimos a pasar el primer verano a Anguciana estando Feli ya en casa, se vino con nosotros, pero Anguciana no le gustó lo más mínimo y en los dos años siguientes prefirió quedarse los veranos en Madrid pidiéndole permiso para trabajar en otras casas. Al cuarto año de estar con nosotros accedió nuevamente a venir a Anguciana y mira por donde que llevando a mi hermano José Mari de paseo, y montándole en el trillo que guiaba Tomás en las eras...,  se quedó para siempre ya en nuestro pueblo. 

Aún recuerdo la sencillez del ágape que dieron en la casa de sus suegros el día de su boda. Debió de ser la primera boda a la que fui en mi vida y no creo haber vivido nunca más una boda en la propia casa de uno. Qué recuerdo tan bonito tengo de aquel día. 

Pongo también la foto de donde he sacado y ampliado el retrato de Feli, y con la que os vais a reír un rato al ver la cara de pocos amigos que tengo yo. Nos la hicieron en el parque de Evita Perón que estaba cerca de casa y que ahí sigue. 


Como ya sabéis, Tomás murió el pasado mes de diciembre y seguramente Feli habrá cerrado su casa (al menos en invierno) y se habrá ido a vivir con alguna de sus hijas. Pero estas navidades vino a nuestra casa a visitar a mi madre, y según me ha contado ella repetidamente, le hizo una ilusión tremenda. Muchas gracias, Feli, por todo. Y por ser ya, y para siempre, también de Anguciana. 

(27ene12)