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3. LA PLAZA DE LA IGLESIA



La posición más adelantada del edificio municipal (el de las Escuelas y el Ayuntamiento) respecto de la que tiene en la actualidad este último, hacía que hubiera dos plazas: la de la Constitución (un azulejo así la llamaba en la esquina de Poli), y la de la Iglesia, -cuyo nombre estaba escrito en un gran cartel rotulado bajo los soportales que no sé si seguirá allí.

A nivel compositivo, el mayor problema estético de esta segunda plaza era que las escuelas ofrecían a ella su fachada lateral sin acceso, con esas cuatro ventanas bien ordenadas pero insuficientes que pueden verse en la foto de hoy. Por detrás del edificio municipal se veía también una calle o trasera bastante destartalada.

Tanto en la fotografía de la presentación de este blog como en la de hoy, puede verse el carro verde de Severino aparcado en el lateral de las escuelas. Severino, padre de Tachi y Jesús María (que se fue de maestro a Cataluña), vivía en los soportales de la plaza de la Iglesia. El carro de Severino fue uno de los primeros carros del pueblo con ruedas de goma, lo que para los chiquillos de aquellos años representaba un claro signo de modernidad. Creo que “Capita” fue el otro avanzado en la modernidad en esto de los carros de ruedas de goma, aunque el de “Capita” fue más moderno aún pues hasta ¡tenía toldo! En el callejón de detrás de las Escuelas puede verse "aparcado" un carro de los tradicionale, aunque se ve mucho mejor en esta otra foto que Calleja hizo desde el fondo de la misma, con la casa de los Tobalina y "Morcilla" en segundo plano (donde por entonces ya veraneaba la familia Campoamor de Bilbao) y la Iglesia, detrás. Una señora al fondo de la calle, la cigüeña en uno de los bolos de la torre y un perrillo con el rabo tieso dan vida a esta estupenda estampa veraniega de aquella Anguciana de los años sesenta:




(10mr2008)

8. LA VISITA DEL GOBERNADOR




Ahora los políticos no paran quietos, pero cuando el pueblo de Anguciana era pueblo, la visita de un Gobernador eran palabras mayores. Como hemos visto en (5), el 25 de julio de 1964 vino el Gobernador a Anguciana para inaugurar la pavimentación de las calles (acabadas bastante antes, como es habitual).

Lo digo porque el hormigonado coincidió con mi último año en la Escuela (1962-63) y fue toda una aventura colectiva que recuerdo perfectamente: todos los hombres se organizaron en veredas, y los primeros tractores iban con sus remolques al río a por grava, donde, por la impericia de los novatos tractoristas, más de una vez se quedaron atascados y tuvieron que ser sacados con mulas. Según supe después (de esas cosas no estaba pendiente un niño), las pavimentaciones las llevaron a cabo unos contratistas de Fuenmayor llamados Aranzubía que luego nos iríamos encontrando varias veces por la vida.

Bueno, en la foto de arriba vemos el momento en que el cura párroco don Gregorio Ichaso echa un hisopazo sobre la cinta colocada al inicio de la calle de la Iglesia. De izquierda a derecha podemos ver a Román Lahorra, un tricornio, Mariano Matesanz “el torero”, dos “camisas viejas” o sea, falangistas: el que luego fue director provincial de la Vivienda, Fernando Tejada y el Gobernador, y justo detrás, creo que es Luis Lahorra. Sigo hacia la derecha: con corbata clara y gafas, el alcalde, o sea, mi padre; y por detrás de su cabeza parecen el veterinario a la izquierda y "Capita" a la derecha; en primer plano, don Gregorio dándole hisopo y justo detrás de él, don Julián Cantera, y detrás de don Julián, asomando su gorra de plato, Luis, el alguacil; y más a la derecha, al fin, un franciscano, otro tricornio y el joven cura Bernardito (o don Bernardo, cuando fue párroco en Briones). Los monaguillos, con la Cruz procesional y sus velones, decoran magníficamente la escena.

Aquel día hubo más fotos. No es que entonces se hicieran tantas como ahora, pero la visita de un Gobernador atrajo a más de un fotógrafo, y además de Albe estuvo Calleja y alguno otro que no las firma. De aquel día tengo otras tres fotos:

En la primera puede verse al “grupo de autoridades” dirigirse por la plaza hacia la carretera a la espera del Gobernador. Vemos a Manolo Tobalina, que también sería concejal, al veterinario con gafas negras y fumando, a don Julián Cantera y Orive con la teja encima, a mi padre, y a la derecha del todo, a don Honorato, el médico.


Durante la espera en la carretera, aparece el Secretario, el cura, don Gregorio (también con teja) y en primer plano, con esa gracia de los niños que cruzan despistados y ajenos a los asuntos de los mayores, una hija del herrero.

Finalmente, entrando a la iglesia para coger fuerzas para las bendiciones de calles, tengo esta otra foto en que mi padre aparece feliz y sonriente junto al circunspecto Gobernador, con Mariano Matesanz detrás y el juez “Capita” delante, abriendo camino:



(14mr2008)

38. FUTBOL INTERNACIONAL



En el año 1968 hubo Campeonato Mundial de Fútbol y el único árbitro español que participó en él fue Juan Gardeázabal, quien…, mira por dónde, resultó que veraneaba en Anguciana, y si no recuerdo mal, en la casa que estaba entre el castillo y el frontón.

Para honrar a tan ilustre veraneante a alguien se le ocurrió organizar un partido de fútbol en el campo de tierra del convento (el actual no existía aún) y se hicieron dos singulares equipos: el de “estudiantes” y el de “no estudiantes”. Y por supuesto, con arbitraje del internacional Juan Gardeázabal.

Santiago Angulo (“santiaguín”) trajo equipación de un colegio de Miranda: camisetas azul y blancas para los estudiantes y rojas para los no estudiantes. Lo anecdótico del caso es que las trajo sucísimas, y como algunos las lavaron el día anterior y otros no, más que dos equipos parecía que hubiera cuatro.
Es una pena que sólo tenga la foto de una de las alineaciones, la nuestra (se ve que el fotógrafo era casero). De pie, y de izquierda a derecha están: Juan Gardeazábal con su hijo delante, Pepito, Ricardo, la también “veraneanta” y “separatista” Itziar (que hizo el saque de honor), Santiaguín y Capita; y agachados: yo, Atín, José Luis Carpo y Adolfo. Ah! y el chiquillo de la derecha, no os lo perdáis, ¡es otra vez el hijo de “sieteantonios”! Qué tío; qué facilidad para chupar cámara. Lleva saliendo en tres post consecutivos...

En la foto del saque de honor podemos ver al capitán del equipo rojillo, José Mari, equipado con unas “antirreglamentarias” Chirucas, y algo más al fondo, a Felipe, a quien parece que no le llegó camiseta roja porque se le ve con un polo blanco:



De aquel mismo encuentro tengo esta otra foto mía con Atín, grato recuerdo de una prolongada amistad de infancia:


Si la memoria no me falla (y en estas cosas no suele fallar), creo que nos ganaron los “no estudiantes” por lo que, obviamente, echamos la culpa al mal arbitraje.

(16my08)

53. VALE Y CAPITA

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El mismo día que cogí la cámara para hacer las fotos de la plaza vacía que puse en el post anterior, hice esta otra foto que traigo hoy aquí al blog. Está fechada por tanto en la Semana Santa de 1972 y aunque parece que no guarda ninguna relación con las anteriores, ahora creo que es parte de la misma historia. Vale y Capita eran compañeros míos en la Escuela y tengo de ellos un recuerdo muy vívido porque en el invierno de 1962-63 los tres nos preparamos juntos para el examen de “ingreso” al bachillerato.

De Vale (Valeriano) recuerdo especialmente el preciosismo de su letra. Me fascinaba lo bien que escribía con los primeros bolígrafos que cayeron en nuestras manos. Escribir bien es un arte que siempre he apreciado mucho y según tengo entendido, esa habilidad le venía de madre.

De Capita (bueno, se llama Jose Mari, pero creo que nadie en nuestra escuela le llamó nunca por su nombre de pila) tengo un recuerdo muy curioso. En aquel mismo curso en que nos preparábamos para el “ingreso”, apareció un fraile por la escuela (recuerdo que estábamos ya en las nuevas) para hacer propaganda de su orden y captar “nuevas vocaciones”. Tras su encendido sermón pidió que si había algún interesado en su seminario levantase la mano, y como allí no se movía un dedo y a mí me daba vergüenza o pena el poco éxito cosechado por el buen hombre, levanté tímidamente la mía arrastrando con mi gesto a mi compañero Capita. El caso es que mientras que yo no supe nada más de aquella orden y me fui a estudiar el bachillerato a un Instituto en Santoña, Capita, sin embargo, siguió al fraile y estudió con ellos una buena partida de años.

Cuando hice la foto que he puesto arriba, habían pasado por lo tanto diez años desde aquel curso preparatorio, y Vale, Capita y yo, cada uno por su camino, habíamos empezado a dejar atrás la infancia y el pueblo. Como la vieja plaza; o como la escuela donde nos preparamos para el ingreso.

La foto está hecha en la fachada del Bar de Poli, y en el borde derecho de la misma se puede ver a Gumer.

(25my09)

83. DEL ALBUM DE CESAR FERNANDEZ

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Primero fue mi prima Elvira Diez del Corral, luego Miguel Angel Marcotegui, más tarde Maite Yusta y últimamente, quien me ha enviado un montón de fotos de Anguciana, ha sido César Fernández. Todas tienen un gran valor humano y me da bastante apuro dejar algunas sin poner o incluso comentarlas indebidamente. De todos modos me gustaría que las entradas de este blog tuvieran siempre alguna cohesión, algún tema que les sirviera de marco o referencia reflexiva. Algunas de las primeras fotos que me envió César ya las he utilizado para ilustrar la idea de que los pueblos son el paraíso de los niños o el lugar de la familia extensa. Pero como me ha enviado tantas y algunas de ellas ya las he apartado para nuevos temas, hoy simplemente pongo una selección y como en los casos anteriores les doy como título "Del álbum de..."

La primera de ellas, la que he puesto arriba es la preferida del remitente. Un gran grupo de niños de vuelta de una romería de San Juan en el Soto. (Podría haber ido en el post del "pueblo y los niños" pero me la envió después de publicar aquel). En su álbum, cómo no, también hay fotos de procesiones, así que aquí van otras dos:



"Poniendo palos de caparrón", podría ser el título de esta otra espléndida foto, compuesta como un viejo cuadro costumbrista:


La foto siguiente la he seleccionado por el cariño que siempre tuve a Isidro, quien aparece a la derecha de la foto trabajando con una morisca. Isidrín, como siempre le llamábamos, se hizo muy amigo nuestro un verano en que nos acompañó a cazar gorriones con linterna y carabina en las choperas de las huertas. Era una técnica de lo más divertida: se trataba de encontrar en la espesura de las hojas el pecho blanco de los gorriones dormidos en las ramas y apuntarles con la linterna pegada al punto de mira de la chimbera. Isidrín tenía un ojo de lince para localizarlos y un entusiasmo de lo más contagioso cada vez que los descubría. Qué estupendos ratos pasamos.


La foto anterior y esta otra que viene a continuación tienen en común, la presencia de Carmelo, hermano mayor de Isidro, y la de uno de los viejos carros que eran una constante en el pueblo. Se podría hacer un álbum o un post de "fotos con carros". Sería precioso y daría una imagen del paisaje real de la Anguciana anterior a los coches. También en esta foto vemos otra labor agrícola relacionada con los caparrones,  pero lo que hace Justo en este caso es pasarlos por la criba. Si no me equivoco creo que la foto está hecha en la vieja caseta que tenían casi al final de las huertas.


En otra de las fotos que me manda César, podemos ver a Nisio, de quien hablaba en el post de la posada. Junto a él, Capita padre e hijo, sentados en un banco particular junto al parque, justo donde vivían los tres.




Y para concluir esta pequeña selección, pongo otra foto curiosa, la de cuatro jóvenes (entre ellos el padre de César, abajo a la derecha) posando delante del viejo cartel que había a la entrada del pueblo. Qué letras más bonitas tenía.

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(18ene11).