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22. INAUGURACION DEL FRONTÓN



Como tantas otras fotos que no son de nuestra familia, las tres fotografías que pongo hoy aquí las cedió alguien del pueblo a la exposición de 1993, pero yo no supe quién. Luego los de la Asociación Cultural las devolvieron a sus dueños y ya he perdido todas las pistas. Mucho me gustaría que gracias a este blog pudiéramos saber de quién son y si podría aportar datos sobre ellas. A veces las fotos viejas suelen tener anotaciones por detrás.

Está claro que se trata de una inauguración “oficial” y que el marco es el frontón que vimos en la entrada anterior, pues aunque las fotos son básicamente de grupo, puedo perfectamente reconocer las piedras y ventanas del fondo y las dos chopas de la línea del “pasa” a las que hacía mención ayer. Supongo por tanto que se trataba de inaugurar las obras de reforma del frontón que se acometieron siendo alcalde Blas Santa Cruz, que es quien tiene un folio en la mano y parece estar leyendo su discurso de inauguración.


En la segunda de las fotos vemos al Padre Francisco haciendo la parte religiosa del rito. Justo a su derecha puedo reconocer a Manolo Tobalina, y en primer plano, a la izquierda de la foto y con la trompeta bajo el brazo, a Emiliano Ibarnavarro (qué bonita tuvo que ser la inauguración, hasta con música y todo). Detrás de todo el grupo pueden verse las dos chopas y a la izquierda de ellas y al fondo del todo (da la sensación de que la foto está hecha con un objetivo de 75 u 80 mm. por el aplastamiento que provoca), las cerchas de cubrición de los frontones del convento franciscano.


En la tercera de las fotos vemos al grupo posando sin más para el fotógrafo. Tenía mucha curiosidad por saber si el personaje central del grupo -el cura que está con el bonete en la mano-, podía ser Don Isidoro, pero le he consultado a mi padre y me ha dicho que no, que no es él, y que no sabe quien era. El alcalde, Blas Santa Cruz está en primer plano a la izquierda y detrás de él Joaquín Angulo y Ramón Angulo. Por detrás asoma la cabeza de uno de los hombres más altos del pueblo, “Siete Antonios”, hermano de “Tres Pedritos” que también era alto pero un poco más bajo que él y de ahí su mote más contenido.

Pero mi agradecimiento personal a quien dejó esta foto para la exposición está ligado a la recuperación en mi memoria de la estilizada figura del Padre Francisco, a quien vemos con el roquete y la estola puestos después del acto religioso de la inauguración. Siendo niño le ayudé durante varios años a su misa de 11, primero en la capilla nueva del convento y en sus últimos días, en la capilla antigua. Creo que era de Cestona, o de algún pueblo guipuzcoano del interior, tenía la piel blanquísima, casi transparente, y aún puedo recordar el olor a limpio que desprendían siempre sus manos cuando me las ofrecía para el lavatorio. Cuando acababa la misa me dejaba beber el vino dulce que había sobrado de las “vinajeras”. Siempre serio y adusto, creo que me tenía mucho cariño, y que yo le respondía con una gran devoción. Fue emocionante para mí poder verle de nuevo gracias a esta foto. Y poder guardarle así, en mi memoria, para siempre.

(5ab08)

26. LAS CUEVAS



Pocas zonas populares de bodegas hay en La Rioja tan bien ordenadas como la de Anguciana. En una ladera perfectamente orientada a Norte, excavadas en la arenisca que separa la Loma de la depresión del Tirón y sin ningún hueco entre ellas, se construyeron con la misma piedra sacada de la excavación, nuestras cuevas. Y digo “cuevas” porque es así como le gustaba a mi padre que las llamásemos, seguramente porque “bodegas” le parecía un apelativo más ampuloso o industrial.

La foto que pongo aquí, es como casi siempre, de finales de los cincuenta o comienzos de los sesenta, cuando se reparó el muro de protección que separa la carretera del vial propio de las cuevas. No se ven bien las fachadas de las cuevas, pero sí la carretera, que estaba aún sin asfaltar, con su frondoso arbolado a un lado, ofreciendo el aspecto tranquilo que tenía por entonces.

Todas las cuevas eran del mismo tipo: calado en la roca y una construcción delante con tejado a un agua, cumbrero en la ladera y alero en fachada. Pero había tres que tenían un cuerpo superior por el que podían echar la uva directamente desde la Loma. La primera de ellas, la más grande y que no recoge la foto por estar justo a la derecha de la misma, donde se acaba el muro de la carretera, era la de mi abuelo, luego de "Escolar". Tardé mucho tiempo en entrar a esta bodega (creo que estas tres cuevas con cuerpo alto ya se merecen el apelativo de bodega) pero cuando entré en ella me emocioné. Mi padre me había contado que en los malos tiempos del vino, en la dictadura de Primo o en la República, vio el vino de la bodega de casa correr por la carretera… En la parta alta de la bodega recuerdo haber visto por primera vez una antigua despalilladora.

La bodega del centro, que tan bien se ve en la foto, era la del tío Joaquín y es en ella en la que más meriendas organizó mi familia siendo yo niño, y la que mejor recuerdo. Su obscuridad, el profundo olor a vino y los enseres de los variados trabajos de una bodega (especialmente la prensa central), contribuían a definir un ambiente mágico. La tercera de las bodegas de cuerpo alto nunca supe de quién era. Al fondo de todas ellas emerge la gigantesca “cueva quemada” (y por ser quemada se quedó con el nombre de “cueva” para siempre) de la que no he llegado a conocer su historia. Lo único que recuerdo de ella es que allí acamparon durante muchos años las cuadrillas de gitanos que venían a la recolección de la uva, la patata y la remolacha.

Las cuevas dejaron de hacer vino cuando se creó la cooperativa de Haro y la gente se apuntó a entregar la uva allí. Se convirtieron en lugares vacíos y de asueto y se fueron vendiendo por cuatro perras, primero a algunos veraneantes bilbaínos que vieron en ellas la posibilidad de instalar allí sus “txokos”, y luego a todo tipo de gente (incluso bodegas registradas) que han ido poco a poco alterando su fisonomía y su unidad formal. Nosotros (mi tía Pilar) teníamos una cueva de las sencillas y ajenos a las posibilidades de su futuro, fuimos de los que primeros que la vendimos. Mi hermano Ricardo se lamentaba muchas veces de ello porque ni siquiera pudimos disponer de una cueva cuando, al llegar a la adolescencia, empezamos a organizar guateques con aquellos primitivos tocadiscos y sus “singles” a 45 rpm.

(15ab08)

40. GRUPO JOAQUIN




Las fotografías viejas a veces tienen una vida errática. Es frecuente olvidar quién las hizo o porqué, de quién fueron y cómo llegaron a nuestras manos quedándose finalmente en nuestras cajas y carpetas. Los recuerdos familiares viajan en cartas o cambian de casa con las herencias y no se sabe muy bien dónde pueden acabar. Es lo que me pasa a la vista de estas dos fotos que traigo hoy al blog: ¿cómo llegaron hasta mí?

Bueno, el último paso sí que lo sé: estaban en algún cajón del alto de nuestra casa de Anguciana y yo he ido recogiéndolas de por allí para ponerlas a buen recaudo, pero ¿cómo llegaron hasta aquellos cajones? ¿Quizás un regalo a la tía Milagros Angulo, (hermana de mi abuela y que fue la dueña de nuestra casa)?

Es posible porque en estas dos viejas fotos del mismo grupo de personas aparecen varios miembros de la familia Angulo. El tío Joaquín, a quien yo conocí siempre calvo, muy calvo, aparece en el centro de la primera de ellas con todo su pelo negro, y su mujer, la tía Filo, es la que está en lo más alto de la foto. Están todos muy peripuestos pero lo que tiene mucha gracia es el juego de miradas de las tres parejas de abajo: los de la izquierda parecen enfurruñados, los del centro están en veremos, y los de la derecha en plena pose romántica.

En la segunda de las fotos, se han puesto todos de pié por lo que sus rostros aparecen comprimidos en una sola línea. A cambio, se ve mejor el fondo arquitectónico, que si no me equivoco, pertenece a la caseta del caminero del otro lado del puente, la que habitó la familia Carpo. ¿Qué harían por allí tan encorbatados y con abrigos? ¿Un simple paseo dominguero en grupo tan numeroso?


Cuando las fotos llevan una vida errática y pierden la información básica de su origen, cobran una nueva vida porque quedan entonces abiertas a nuestra imaginación. Yo he llamado a estas dos “Grupo Joaquín” por estar él en el centro y por ser el personaje más conocido para mí. Pero seguramente habrá quien vea ellas a otros seres más próximos y queridos y quien recuerde o imagine otras muchas cosas.

(19my08)

59. LAS FARMACIAS Y LOS TRANSFORMADORES ELECTRICOS

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Yo no conocí Farmacia alguna en Anguciana mientras viví allí mi infancia y adolescencia, pero mi padre siempre me habló con mucha admiración de la que hubo en sus tiempos. Estaba en la casa que yo conocí como de Joaquín Angulo y la tía Filo, la casa de la foto de arriba que aquí aparece en una foto reciente, pero que podemos ver también en la entrada número 12 con diferentes colores de pintura para las barandillas, antigua carpintería y sin esos dos escuditos tan refitoleros que le han salido últimamente entre los huecos de la primera planta. Según me ha contado siempre mi padre y me recuerda ahora, la Farmacia estaba entrando al portal a mano derecha, tenía una decoración de estanterías de madera con formas góticas y en sus estantes había no pocos de los preciosos tarros de porcelana tan propios de aquellos tipos de boticas.

El farmacéutico se llamaba D. Román, era cojo y usaba muletas. Vivía con una hermana llamada Benita (¡hay que ver que memoria tiene aún mi padre para las cosas más lejanas) y según cree, murió más o menos en los tiempos de la guerra. Y con él, murió también la Farmacia. D. Román vivía en el segundo piso de esa casa, donde de niño conocí viviendo a las hermanas Olarte, Dolores, y Mercedes. Esta es una foto reciente de la fachada trasera de la casa, la que da a la carretera:



Pocos datos más puedo aportar de aquella vieja Farmacia que gracias a este post no se perderá para siempre en el olvido, pero ya que estamos en esta casa, la casa del tío Joaquín, le pregunto a mi padre por un viejo trastero que había en el patio trasero de la casa y que a mí me obsesionaba de pequeño porque tenía en su puerta aquel siniestro cartel de chapa que se ponía en los lugares eléctricos con una calavera y una leyenda que decía NO TOCAR, PELIGRO DE MUERTE. Mi padre no se acuerda mucho de ese trastero, así que han de ser los hijos del tío Joaquín los que nos refresquen la memoria sobre él; pero a cambio me cuenta cosas muy anteriores sobre el particular. Resulta que en el alto de esa casa se instaló el primer transformador eléctrico para servicio de Anguciana, cuya corriente procedía de una central eléctrica situada en Casalarreina, propiedad de Severo García (padre de la tía Filo) y de su mujer, María Garnica. Esa fue la central que suministró electricidad al pueblo hasta que fue sustituida por la mucho más moderna y potente de la central de Posadas, aguas arriba de Ezcaray, cuyo transformador estuvo ubicado en esa construcción prismática blanca que había junto al badén y que pudimos ver en la foto del post sobre el Corpus (n 28). De allí pasaría a ubicarse entre dos postes de hormigón junto al depósito de las aguas y luego creo que se volvió a meter en una caseta, donde está ahora.

Y hablando del ahora, bien podríamos acabar este post con una foto de la nueva Farmacia de Anguciana, no tan bonita como yo me imaginé siempre la de don Román, y enclavada en una casa que muestra la tremenda decadencia de la arquitectura del pueblo, pero por lo menos, nuevamente representativa de la categoría de “un pueblo con Farmacia” ...y...¡luz eléctrica!



(30oct09)

63. DEL ALBUM DE ELVIRA DIEZ DEL CORRAL GARCIA

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Continúo con las fotos de contenido humano en la línea de esa “tercera idea de pueblo” de la que hablaba hace un par de entradas. De entre las fotos que me envió mi prima Elvirita he escogido estas seis.

Las dos primeras, colocadas arriba, pertenecen a otro de los episodios fundamentales de la vida de Anguciana, la vendimia; y en ellas, además de a los vendimiadoras, podemos ver junto al camino un grupo de viejas “camportas” o “comportas” -que había quien las llamaba de un modo u otro. El único vendimiador (y por eso dije vendimiadoras, por la superioridad femenina en la foto) es Justo Sáez, a quien le vimos también hace un par de entradas en la foto de su panteón.

La siguiente foto es de un grupo variopinto en el que todos excepto uno, el Chatillo, llevan el apellido Angulo (unos un poco más adelante, y otros más atrás). Supongo que el grupo estaría de charla veraniega en la sombra de una de las viejas chopas de la carretera y el fotógrafo no les hizo ni salir al sol. Agachado y junto a Elvirita está mi tractorista favorito, el hombre del primer Lanz, Jesús Angulo. Y a sus pies, otra vieja conocida de este blog, nuestra perrilla en aquellos tiempos, la Dali.



La cuarta foto que he seleccionado de entre las que me mandó, está tomada en uno de los bancos de la carretera. Pili García, Adita Angulo García y "Pencho" (o "siete Antonios") son sus veraniegos ocupantes:



En esta otra foto de Calleja de bastantes años antes, creo que la primera por la izquierda sigue siendo la misma que en la foto anterior, pero la segunda es la madre de Adita Angulo García, la tía Filo. La tercera es Margarita Tobalina ¿no? y la cuarta..., me suena pero no acierto a dar con su nombre. A ver si me lo decís:



Por último pongo otra foto en la que sale la propia Elvirita, que es quien ha compartido sus fotos con este blog y con todos sus lectores. Está montada en una de las primeras Vespas que debió haber en el pueblo, y detrás de ella Maria Luisa Diez del Corral Legórburu, hija de mi homónimo Juan Diez del Corral López Montenegro, de Haro. Aparte del interés humano me interesa de esa foto el fondo, donde se ve el viejo paso de aguas del badén y el espacio vacío de la plaza de la fuente donde luego se construyó la pérgola de ladrillo que ha llegado a nuestros días:



(3my10)

91. UN POCO DE POLITICA

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Como en tantos otros pueblos españoles, en la Anguciana de los años cincuenta y sesenta no se hablaba de política, no había política, o parecía no existir la política. Una terrible guerra aún muy cercana en el tiempo había creado un silencio, un miedo, o un respeto hacia la política que los jóvenes y adolescentes no podíamos comprender muy bien. Hasta tal punto había llegado la cosa que yo tenía por “política” a una virtud en la que según mi madre yo no parecía ser muy diestro: cuando por terco o cabezota trataba de imponer mi modo de pensar a los demás ella me decía que yo no era nada político, y con eso me quedé. No es mala idea que la política sea una virtud pero pronto la olvidé, porque con la muerte de Franco volvió la política al pueblo, o mejor dicho, volvieron la democracia y la elecciones, y la política empezó a ser todo eso de la pelea de los partidos por hacerse con el poder. Una pelea que empezó a desacreditar a la política y, por supuesto, a hacer aún más obsoleta aquella vieja  idea de que "ser político” no es otra cosa que ser modesto, hábil, dialogante, paciente y respetuoso con el otro, es decir, ser listo y buena persona a la vez. 



La fotografía de las “fuerzas vivas” que puse hace un par de post, demuestra, claro está, que en aquellos años también había algún tipo de poder en el pueblo: el alcalde, los concejales, el alguacil, el juez de paz, y el secretario. Un pequeño grupo de hombres encargados de los asuntos de todo el pueblo. En aquel entonces, el Gobernador Civil designaba al alcalde, y el propio alcalde tenía que buscarse los colaboradores para formar concejo. Pero eso no significaba ni mucho menos que la unidad de criterios en el Ayuntamiento fuera total. Más bien todo lo contrario. Al alcalde de aquella foto, Blas Santa Cruz, le sucedió mi padre, y de aquella época tengo el recuerdo de las grandes diferencias que había y de las tremendas discusiones que a menudo tenía con sus propios colaboradores en el Ayuntamiento que presidía. Mi madre lo pasaba tan mal con aquellas disputas, que si ya era grande su desafecto por la política aún se incrementó más. Y lo gracioso de aquellos años es que... para mucha gente que me conoció en aquella época, entre ellas mi mujer, yo era el “hijo del alcalde” y con ese título me quedé.

Las primeras elecciones municipales, las de 1979, me pillaron ya casado y viviendo lejos de Anguciana y así una tras otra hasta la actualidad. Justo justo he conseguido saber los nombres de los alcaldes que ha habido en democracia, Pascual Peña, Carjosán, Armando, Pablo Agüero, Pepito y Jorge Loyo (creo que no me dejo ninguno), y poco o nada me ha interesado saber ni el partido por el que se habían presentado. Vistos desde el pueblo, los partidos políticos son esa casta de aspirantes al poder de la capital que andan no ya debatiendo diferencias sino descalificándose y hasta insultándose un día sí y otro también. Si eso es la política, si eso es aquella virtud de no ser terco y de ser respetuoso con el otro, que venga Dios y lo vea.

Si cuento todo esto, es porque desde hace tres o cuatro años, cada vez que me arrimo por Anguciana y caigo entre los amigos de la cuadrilla de los Mismos, a los tres hermanos Carpo les da siempre por pedirme que me presente a alcalde de Anguciana, que me presente a las elecciones. No sé qué diablos habrán visto en mí, pero como ni el poder ni las peleas de los partidos nacionales me interesa lo más mínimo, supongo que lo que ven es que con el paso de los años igual ya no soy tan terco o tan poco político como lo era en mi juventud y que quizás pudiera hacer algo por la vida democrática del pueblo y por el mismo pueblo.

Andamos en ello estos días a ver si sale una candidatura, a ver si nos entendemos sobre lo que podríamos aportar al pueblo, a ver si acertamos en dar con el modelo de debate político más sencillo y enriquecedor para todos,  a ver si nos aclaramos con nuestra independencia, nuestras diferencias, nuestros afectos de vecinos y con la cobertura de esos partidos que se pegan en la capital pero que tenemos que aceptar aquí como parte del juego democrático.

Obviamente no puedo contar mucho. Todo lo más que dada mi lejanía del pueblo en ningún caso puedo aceptar el honor de ser alcalde y que lo más que podría hacer ahora es ayudar desde una concejalía. Tampoco me he planteado si esa posible participación en el proceso electoral  afectará a la continuidad de este blog tal y como lo vengo haciendo, pero como en todo caso el secretismo no es lo mío, prefiero que los lectores que vienen por aquí a compartir mi cariño por el pueblo lo sepan de primera mano.



(la foto que encabeza este post es de mi padre ejerciendo de alcalde sobre el kiosko de la plaza y con la vara en la mano, en un homenaje que se le tributó a don Julián Cantera y Orive como hijo predilecto del pueblo. Tras él está su primo Joaquín Angulo que debió de ser uno de sus mejores colaboradores, y un poco más allá, Angel, el secretario, en un gesto suyo muy característico con el cigarro en la mano).
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(6ab11)

99. LAS FUENTES

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Es un tópico decir que donde hay agua hay vida y que los pueblos se construyeron allí donde había agua. Pero desde que el agua va por cañerías se nos ha olvidado que los puntos más sagrados de un pueblo son las fuentes. Y así, tan solo unos años después de que se construyera en Anguciana la red de distribución de agua a las casas, la fuente central del pueblo desapareció para siempre cuando se hormigonaron las calles y se remodeló la plaza ahora llamada de D. Julián Cantera. Bueno, para siempre... no sé, porque según me ha contado Arturo Salazar, la fuente no fue demolida del todo y aún sigue ahí enterrada y en su sitio debajo del hormigón, por lo que...,  lo mismo algún día podría recuperarse.

De esa fuente central del pueblo ya he puesto en este blog todas las fotografías que han pasado por mis manos y seguiré poniendo si me llegan nuevas. Hace poco, alguien que está haciendo un estudio de las fuentes antiguas de los pueblos de La Rioja me pidió incluso permiso para utilizar la que saqué de nuestro archivo familiar. 

La segunda gran fuente del pueblo era la Fuente de la Torre, situada bajo la tapia del convento, en la parte exterior del camino y hacia la mitad del actual campo de fútbol. 


También desapareció una década después cuando se empezó a rellenar de escombros toda la zona inundable de detrás del frontón. De aquella fuente no tengo ni una sola foto ni de lejos,  y me encantaría poder encontrar alguna. Lo más que tengo es un par de fotos del año 1973 del momento en que desaparecía bajo los nuevos rellenos, una hecha desde las almenas del  castillo y otra a ras de tierra en que se ve al entonces concejal Joaquín Angulo dando órdenes a la pala que extendía los escombros y la piedra.



La fuente de la torre no era tan importante como la central del pueblo y según decía la gente con cierto desprecio, su agua provenía de una filtración del cauce, porque cuando se cortaba éste para limpiarlo, dejaba de manar. En todo caso era una fuente muy querida por todos los que jugábamos al frontón porque era allí donde primero íbamos a calmar la sed. Como la obra que acabó con ella fue un relleno, es posible que también sigan en sus sitio el murete y sus tres caños, por lo que en alguna remodelación de la zona deportiva se podría pensar en reconstruirla.

La tercera fuente del pueblo es un pequeño manantío de la Loma cercano a la ermita, razón por la cual se la conoce como la Fuente de la Virgen. Hice mención a ella y se la podía ver al fondo de la última foto del post titulado DEPORTES DE INVIERNO.

Hace unas semanas fui a verla y me la encontré encajonada entre unas vallas de mallazo y adelantada respecto al ribazo por donde nos tirábamos en trineo, ribazo que se ha vaciado completamente para convertirlo en solar.


También se veía por detrás de la fuente un pequeño depósito de hormigón que según me contó Jesús Mari fue construido en tiempos de la vaquería del malogrado Luisito Salazar. No sé qué planes hay de construcción en ese solar, pero es obvio que la restauración de la fuente y de su entorno debe formar parte de ellos.

El cuarto manantío del pueblo estaba hace años bastante lejos del casco urbano pero con la construcción de Oreca, prácticamente está ya a un paso del mismo. Me refiero, como muchos se habrán imaginado, a la famosa Fuente del Nudo que mana en una de las laderas del río Ea (o Lea, como dicen algunos). Como no hace mucho unas palas limpiaron el cauce del río pensamos que también habría desaparecido pero cuál no sería la sorpresa de Jesús Mari y la mía cuando vimos que algún anónimo acólito de tan sagrado lugar había reconstruido unos humildes peldaños para bajar hasta el pequeño tubito de la fuente y que junto a ella, se seguía con la costumbre de hacer un nudo con los juncos o hierbas después de beber su agua. Creo que está en término de Haro, pero eso no es disculpa para descuidarla. Mi más sincera felicitación por tanto a quien la ha rescatado del paso de las palas.



De la quinta y última fuente, la de la Rana, situada al final de la bodegas, poco o nada sé. No la recuerdo como un antiguo manantío y más tiendo a pensar que fue un pequeño hito que se puso allí en la época de alcaldía del Ché o Carjosán. En todo caso estaba muy bien como final de las bodegas y es una pena que ahora haya desaparecido completamente. Tan sólo un cabo de una tubería negra de la red anuncia su antigua posición y su carácter artificial .


He podido saber que el agua municipal escasea en Oreca durante el verano y que el futuro pasa por abastecernos de una red general de todo el valle del Oja. Se me ocurre pensar que si el primer desarrollismo se olvidó de las humildes fuentes que dieron vida al pueblo, no estaría nada mal que en esta segunda etapa de renovación del abastecimiento de aguas nos acordáramos un poco de ellas. Pues aunque dentro de poco vamos a poder beber aguas entubadas directamente desde el San Lorenzo, es injusto olvidar que Anguciana nació y vivió durante muchos siglos de las aguas de sus pequeñas fuentes. 

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Addenda de julio del 2011: De tiroleses por el pueblo me informan que, efectivamente, en el lugar de la fuente de la rana hubo un pequeño manantío procedente de la Loma y que esa fuente se llamaba de LA LEGAÑA.

También me cuentan que bajo el camino de Cihuri había otro manantío importante al que llamaban la fuente de Sojo porque debía de salir donde esta familia tenía alguna huerta. Tan importante era ese manantío, me dicen, que se le puso una bomba para subir agua al bloque de Urcullu cuando la vieja tubería a Oreca por el puente no daba suficiente caudal en verano.

Así mismo, por carta me dicen que me he dejado la fuente del Soto, la más importante en cantidad de agua de todas. Como yo la conocí después de la captación para el depósito me hubiera gustado saber cómo era antes de ello, y los mismos compañeros de tirolés me dijeron que el manantío estaba en la parte de abajo de las mesas pero que no recuerdan que tuviera caños ni construcción alguna.
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(6jn11)