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29. LA MOTORIZACION



En el post anterior comenté algo sobre las motos que hubo en el pueblo (la Lambretta del veterinario y la Vespa del médico) y mencioné la MV Agusta de mi padre que por entonces ya no funcionaba o que la había vendido. Por suerte, guardamos una bonita foto de esa moto que es la que he puesto arriba. Mi padre con boina y yo sentado en el depósito de gasolina. Detrás se ve el castillo y el convento en construcción.

El médico, Honorato, vino a Anguciana con un coche negro (un Fiat o un Ford) que aparcó en el lateral de su casa y que ya no volvió a funcionar más. Lo usábamos para jugar dentro. Cómo me gustaría ver una foto de él. Seguramente Honorato o sus hijos tendrán alguna, así que si leen estas líneas me gustaría que me las hicieran llegar para compartirlas aquí. Más adelante cambió su Vespa por un Citröen 2CV verde, que si mal no recuerdo fue el primer coche de la nueva generación que hubo en el pueblo. Nosotros compramos poco después un Seat 600 verde, que lo guardábamos en el interior del patio y que es el que muestro aquí con mi hermano Alberto posando fuera y dentro de él. En la segunda de las fotos se ve un detalle curioso: una doble hilera de sacos apilados debajo de la galería.



También el veterinario compró poco después coche, si no recuerdo mal, otro Seat 600 de color claro. (Me han dicho mis hermanas que sus hijos ya han descubierto este blog y que tienen intención de enviarme alguna de sus fotos, así que les animo a ello y se lo agradezco de antemano).

En los primeros años de la motorización, los bilbainos (lo pongo sin acento que es como lo pronunciamos en Anguciana) aportaron muchas novedades. Por ejemplo, la familia del sastre Jaime Marín, del que ya hablé en la entrada (11) (y cuyo archivo de fotos antiguas del pueblo sería maravilloso poder ver y compartir también) vino un año con un Renault Cuatro-Cuatro y al poco, con un Renault Dauphine. En uno de esos dos coches (creo que en el primero) le hicieron estas dos fotos a mi hermano José Mari. En la que está sentado en la baca del coche se ve al fondo la ventana de la Escuela con la bandera colocada.



Esta otra foto es bastante más tardía. En realidad se trata de una de las últimas fotos de la vieja plaza, es decir, del otoño de 1969 o 1970. La pongo porque se ve el coche del “nuevo” Secretario, aquel que fue corredor de apuestas en el frontón y que era de Casalarreina (tengo una foto de él y saldrá más adelante en el blog). Su coche, un Seat 850.



Los agricultores tardaron más en comprar coche porque su prioridad eran los tractores. Los primeros Lanz hicieron furor. Eran azules y tenían un tubo de escape vertical como si fuera la chimenea de una locomotora. Uno lo compró la Cooperativa y lo llevaba Jesús Angulo, el de Santo Domingo; otro creo que lo compró Amador y otro Joaquín García, el de Cihuri (corregidme si me equivoco porque no lo recuerdo bien). Luego vinieron un par de Massey Ferguson rojos, uno de ellos de Luis Martínez, y varios Ebro azules. Pongo aquí las dos fotos que tengo de aquellos primeros tractores y siento no acordarme de quiénes eran sus propietarios ni tener más, pero ya me iréis diciendo o enviando. (Los que salimos en estas dos fotos somos mi hermana Pili y yo; y el autor de las mismas, supongo que Jaime Marín).




(21ab08)

36. EL TIRO AL PLATO



Cuando las fiestas de Oreca (o de San Bartolomé) empezaron a adquirir importancia, uno de los primeros torneos con que se adornó fue el del tiro al plato y eso que en Anguciana no hubo nunca mucha afición a la caza y a las escopetas. No tengo ni idea de quienes serían los organizadores pero lo que está claro es que a mi padre, como alcalde, le correspondió la tarea del reparto de trofeos.
Creo que no se organizaran muchas competiciones de estas, pero el fotógrafo Calleja nos dejó constancia de una de ellas en estas cinco fotos que pongo hoy aquí.

Como el torneo se celebraba obviamente en campo abierto me hace mucha gracia ver en la foto de arriba la mesa para los trofeos y las sillas para los organizadores y autoridades que se traerían desde el ayuntamiento. Sin duda, era una manera elegante de realzar el acto.

Como el tiro al plato es deporte poco fotogénico, el resto de las fotos pertenece a la entrega de trofeos. En la mesa hay cinco copas de diversa factura y como la mayoría de los participantes y ganadores fueron gente venida de fuera, está claro que el momento más celebrado fue el de la entrega de la copa a Isaías por ser el primer clasificado del pueblo:




Pero lo más bonito de estas fotos es sin duda el recuerdo de los rasgos y la estampas olvidadas de todos los que aparecemos en ellas y que seguramente darán mucho de que hablar. Especialmente entrañable me parece la forma en que aparecemos mi hermano Jose Mari y yo por debajo de mi padre en el momento en que entregaba los trofeos:



El premio del garrafón de vino tiene también su originalidad. No tenía categoría para estar encima de la mesa pero también fue recibido con alegría.



La única foto posada es esta última en que aparece con su copa otro personaje de Anguciana que aunque vivía en Santo Domingo era muy querido en el pueblo: si no recuerdo mal fue el primer tractorista de la cooperativa agrícola, es decir, uno de los que manejó aquellos primeros Lanz azules con tubo de escape a la manera de las locomotoras de los que hablé en el tema de la motorización. Echándole la mano al hombro aparece “siete antonios” (a quien ya habíamos visto en la inauguración del frontón), también con sus dos hijos. Detrás de ellos puede verse la silueta del monte Toloño, otro de los puntos cardinales del paisaje de Anguciana.




(12my2008)

43. MAS FOTOS DE LA PLAZA



El jueves de la semana pasada enterramos a Hilaria, o mejor dicho, a “la Hilaria”, que es como acostumbramos a decirlo en el pueblo. A “la Hilaria” siempre la quisimos mucho porque además de la eterna sonrisa que siempre tenía, vino al mundo exactamente en la misma noche que mi hermano Ricardo y a tan sólo dos casas de distancia. Y por eso he puesto esta vieja foto tomada desde la torre de la Iglesia durante la nevada de las navidades de 1970, porque en ella se ve nuestra casa, a la izquierda, las casas de los Marín y de Fortun en el centro, y la casa donde nació Hilaria, a la derecha, en la que también vivían la Amelia y Justo. Una casa ya desaparecida y de la que tengo esta otro foto hecha en 1983 cuando ya estaba deshabitada y medio en ruinas.




Me cuenta mi madre que el médico, Paco Palacios (de quien se me olvidó decir en el post sobre la “motorización” que en aquellos años tenía el único coche del pueblo) pasaba de una casa a otra a ver cuál de las dos parturientas se decidía. No me sabe decir quién de las dos fue la primera (ni tiene mayor importancia) pero sí me cuenta que siempre se maravilló de que “la María” con lo delgada que era, amamantase tan bien a su hija. Tampoco nos es fácil olvidar la sonrisa siempre perenne de María.

Pero sigamos con la vida y con los recuerdos de todo lo que la enriquece, y ya que estamos de nuevo en la plaza de Anguciana, voy a poner tres fotos más que, aunque tomadas seguramente para recordar a las personas que salimos en ellas, dan cuenta de ciertos detalles curiosos.

La primera es esta de nuestra casa en la que podemos ver asomadas al balcón a las dos dueñas anteriores a nosotros: la tía Milagros, hermana de mi abuela, a la derecha, y la tía Pilar, hermana de mi padre, a la izquierda.


Pero el detalle que me interesa señalar más allá de lo meramente humano y familiar, es el del viejo empedrado de la plaza, porque yo siempre la conocí “encementada”. Y también, como no, la gracia de los dos bancos de piedra que enmarcaban la puerta de entrada y que aguantaron la primera pavimentación, pero que desaparecieron definitivamente cuando se reformó la fachada de la casa.

La segunda foto que pongo aquí es ésta que le hicieron los Marín a mi hermano José Mari, en el que además de verse los dos bancos mencionados de nuestra casa sobre el suelo ya pavimentado, se ven las viejas fachadas de las casas de enfrente: la de la Castito, la de la Bea, la de los Sanes y la de Mendoza (el “Chocolatero” le decíamos, no sé muy bien por qué).


Y la última foto por hoy, en la que salgo yo en primer plano con mi primera bicicleta aún con ruedecitas laterales (y algo más atrás y a medias, mi hermano Ricardo), la pongo más que nada porque en ella se ve un fragmento de la casa de la esquina que estaba enfrente de la del “Guardilla” que yo nunca recordaba haber visto en pié, y que sigue ahí hundida en medio de la plaza después de tantos y tantos años.



(29my08)