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43. MAS FOTOS DE LA PLAZA



El jueves de la semana pasada enterramos a Hilaria, o mejor dicho, a “la Hilaria”, que es como acostumbramos a decirlo en el pueblo. A “la Hilaria” siempre la quisimos mucho porque además de la eterna sonrisa que siempre tenía, vino al mundo exactamente en la misma noche que mi hermano Ricardo y a tan sólo dos casas de distancia. Y por eso he puesto esta vieja foto tomada desde la torre de la Iglesia durante la nevada de las navidades de 1970, porque en ella se ve nuestra casa, a la izquierda, las casas de los Marín y de Fortun en el centro, y la casa donde nació Hilaria, a la derecha, en la que también vivían la Amelia y Justo. Una casa ya desaparecida y de la que tengo esta otro foto hecha en 1983 cuando ya estaba deshabitada y medio en ruinas.




Me cuenta mi madre que el médico, Paco Palacios (de quien se me olvidó decir en el post sobre la “motorización” que en aquellos años tenía el único coche del pueblo) pasaba de una casa a otra a ver cuál de las dos parturientas se decidía. No me sabe decir quién de las dos fue la primera (ni tiene mayor importancia) pero sí me cuenta que siempre se maravilló de que “la María” con lo delgada que era, amamantase tan bien a su hija. Tampoco nos es fácil olvidar la sonrisa siempre perenne de María.

Pero sigamos con la vida y con los recuerdos de todo lo que la enriquece, y ya que estamos de nuevo en la plaza de Anguciana, voy a poner tres fotos más que, aunque tomadas seguramente para recordar a las personas que salimos en ellas, dan cuenta de ciertos detalles curiosos.

La primera es esta de nuestra casa en la que podemos ver asomadas al balcón a las dos dueñas anteriores a nosotros: la tía Milagros, hermana de mi abuela, a la derecha, y la tía Pilar, hermana de mi padre, a la izquierda.


Pero el detalle que me interesa señalar más allá de lo meramente humano y familiar, es el del viejo empedrado de la plaza, porque yo siempre la conocí “encementada”. Y también, como no, la gracia de los dos bancos de piedra que enmarcaban la puerta de entrada y que aguantaron la primera pavimentación, pero que desaparecieron definitivamente cuando se reformó la fachada de la casa.

La segunda foto que pongo aquí es ésta que le hicieron los Marín a mi hermano José Mari, en el que además de verse los dos bancos mencionados de nuestra casa sobre el suelo ya pavimentado, se ven las viejas fachadas de las casas de enfrente: la de la Castito, la de la Bea, la de los Sanes y la de Mendoza (el “Chocolatero” le decíamos, no sé muy bien por qué).


Y la última foto por hoy, en la que salgo yo en primer plano con mi primera bicicleta aún con ruedecitas laterales (y algo más atrás y a medias, mi hermano Ricardo), la pongo más que nada porque en ella se ve un fragmento de la casa de la esquina que estaba enfrente de la del “Guardilla” que yo nunca recordaba haber visto en pié, y que sigue ahí hundida en medio de la plaza después de tantos y tantos años.



(29my08)

48. LAS OVEJAS



Cuando hice esta foto a mediados de los setenta el puente ya no era el de antes (ni tampoco el de ahora, que siempre se puede empeorar…), pero la estampa del rebaño de Fede retirándose al atardecer hacia el corral de Oreca es inmemorial.

En mi escasa memoria de Anguciana hay tres rebaños de ovejas, rebaños que para mí tienen más que ver con sus pastores, Lázaro, Fede y Fermín, que con los propietarios de los bichos. Y es que la figura de los pastores me resultaba mucho más hermosa y querida que el asunto de la propiedad de las ovejas, o también, que las propias ovejas, animales a los que siempre he tenido por muy tontos.

Me contaron alguna vez que el rebaño de Castito fue de Lola Mendoza y que un golpe de suerte en la lotería hizo que el pastor se hiciera con él. Cuando Castito se hizo viejo lo llevó Fede, a quien recuerdo saliendo de su casa por las mañanas entre la algarabía de sus perros con una botella de vino en el bolsillo de la chaqueta, la manta de cuadros al hombro y la vara en la mano. De la tradición pastoril de su familia nos queda ahora la carnicería que lleva la Paqui en la plaza. Otro de los rebaños era de mi pariente Escolar y se guardaba en las eras de su propiedad en la carretera pero ya no lo relaciono con su pastor.

Lo que sí recuerdo muy bien es que Lázaro (al que hemos visto en el post 35 con la guitarra en la mano y la alegría en su cara) me pareció siempre un pastor-filósofo a quien me acercaba con gusto para hablar sin prisas mientras sus ovejas pastaban por las choperas. Me habían contado que en la guerra civil, Lázaro había tenido que estar alternativamente en los dos bandos pero él nunca me habló de ello. Fue uno de los primeros usuarios del transistor y yo lo tenía por un hombre muy bien informado y un excelente conversador. También creó una carnicería en la plaza de los jardines que puede verse en la segunda foto del post 27, pero sus hijos, Carlos y Emilio, la trasladaron a Haro ascendiendo notablemente su nivel comercial.

De Fermín, que es amigo y de mi quinta, qué no voy a decir. Ha sido nuestro pastor-poeta, capaz de aprenderse de memoria cientos y cientos de versos. Todavía los recita en las fiestas que organiza la cuadrilla de los Mismos con motivo de las fiestas de verano, y de uno de esos recitales es esta otra foto reciente que pongo en su homenaje. Es tradición contar que estando tan solo en el pastoreo del rebaño se subió a un poste de la luz a otear el horizonte por ver si encontraba a alguien con quien pegar la hebra y se cayó de allí arriba rompiéndose la columna. No sé cuanto de cierto hay en esta historia, pero como aún estamos a tiempo de aclararla se lo preguntaré la próxima vez que le vea para que me amplíe los detalles.



(23jn08)

51. EL DERRIBO DE LAS ESCUELAS

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En la primavera del 2008 escribí los 50 primeros post de este blog casi de una tacada y como es normal, me cansé y preferí darme un descanso antes de continuar. Pero han pasado muchos meses sin que me pusiera a ello y ha tenido que llegar otra primavera para que me anime a seguir colgando post, -como si estas cosas del recuerdo más que con el otoño me vinieran con el empuje de la savia nueva.

También me interesaba ver cuál podía ser la acogida de lo escrito, y por lo que he podido deducir, las fotos interesan más que mis textos. Alguna vez he comentado que a mí las fotos sólo me importan para pensar en los cambios de la arquitectura y de la vida en el marco de un pequeño pueblo como Anguciana, y en ningún caso para provocar nostalgias ni crear costumbrismo barato, como acostumbran a hacer abundantemente los periódicos locales.

Fiel a mi línea pues, seguiré poniendo fotos para comentarlas a mi manera, aunque eso sí, procuraré no empacharme como el año pasado y escribir más espaciadamente.

Para reiniciar la segunda temporada de este blog, traigo hoy aquí las cuatro fotos que hice el día en que se derribó el edificio de las Escuelas y del viejo Ayuntamiento en el verano de 1971. Y creo que se trata de una elección muy a propósito con la ocasión porque visto este acontecimiento con la perspectiva que dan los años, creo poder decir que aquel derribo marcó todo un punto de cesura o un punto de inflexión en la historia del pueblo. Con el cambio de fisonomía de su plaza, ya nunca el pueblo volvería a ser el mismo.

Como puede verse en la fotografía que he puesto arriba, el derribo de las Escuelas causó una gran expectación y buena parte de su vecindario se arremolinó en torno a la pala que las tiraba. La fila de chiquillos sentados en los soportales, chiquillos que por su edad no habían ido a esas escuelas, es muy interesante, porque amén de gozar con el espectáculo quizás alguno llegó a imaginar a sus padres como niños en aquel viejo edificio que caía o por lo menos les miró de reojo para adivinar sus extraños sentimientos.

De aquel derribo recuerdo también una anécdota entrañable: la pala amochaba contra la Escuela y se retiraba rápidamente hacia atrás para evitar que le cayeran encima los cascotes de las partes más altas. Pues bien, en uno de esos empujones hubo un momento en que se quedó suspendido un trozo del alero resistiéndose a caer. Como pasados unos minutos no caía y la pala no se decidía a volver a amochar, Castito, el pastor, el padre de la Paca, cogió un cascote del suelo, lo lanzó a sobaquillo (es decir, de abajo hacia arriba) y acertó a dar al alero que no quería caer. Todos nos quedamos admirados de la puntería del viejo pastor y de la fuerza que aún conservaba. No era yo un reportero capaz de captar un momento así pero por lo menos sí que hice estas dos fotos que nos recuerdan la forma en que se tiró el edificio.





En la cuarta foto se ve cómo el nuevo Ayuntamiento estaba esperando ya detrás del viejo para presidir malamente ese nuevo gran espacio resultante de la agregación de las dos pequeñas plazas yuxtapuestas anteriores, la de la Constitución y la de la Iglesia.



(10my09)

96. ARCHIVOS DOCUMENTALES Y FOTOGRAFICOS

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Una sociedad culta y desarrollada se distingue muy fácilmente de otra menos civilizada por la calidad de sus archivos y de sus mapas. El otro día estuve en el Archivo Documental de la Comunidad Autónoma y vi que en estos últimos años se ha avanzado bastante en orden, limpieza, y accesibilidad a los archivos municipales y provinciales de La Rioja, así como en la buena atención a quienes se interesan por ellos. Aunque yo iba buscando otra cosa, no pude dejar de preguntar por el archivo de Anguciana y me dijeron que aún está por catalogar. Alicia Ruiz, que es su directora, me explicó que el trabajo con los archivos municipales consiste en ordenarlos, informatizarlos en lo posible, y devolverlos a los propios pueblos como patrimonio que son de ellos mismos. Será cosa de esperar un poco a que el acceso a los documentos antiguos de la vida municipal de nuestro pueblo esté un poco más accesible.

Aparte del mundo de los documentos oficiales, últimamente hay también un gran deseo por compartir los archivos fotográficos particulares, aunque en este asunto parece haber un poco más de desorden todavía. El periódico La Rioja, por ejemplo, pide fotos antiguas y las va poniendo en su web, pero a medida que el archivo aumenta, si no se estructuran sus contenidos, acaba por ser inaccesible y aburrido. Por otra parte, ayer mismo me dijeron que la Comunidad Autónoma de La Rioja creó hace tiempo una página web donde va colocando por pueblos las fotos antiguas que le van llegando. Lo hacen sin orden ni concierto pero como de momento no son muchas, es fácil verlas todas. En lo relativo a Anguciana me he llevado la sorpresa de que habían cogido unas cuantas de este mismo blog sin decirme nada (conste que no me importa, que para eso las pongo, para compartirlas) pero a cambio, me he llevado la alegría de ver que Sara García Imaña (la hija de Guillermo y la Sole), Paqui Vargas, Elvira Ibarnavarro, Amparo López Hernando y Felipe Aragón López habían mandado muchas de sus fotos viejas y que hay entre ellas algunas magníficas. Es una pena que en esa web las cuelguen con poca definición, pero para lo que nos interesa en este blog, que no es la calidad de la foto sino la calidad del pueblo y la de sus gentes, ya nos vale. 

Como mi interés principal se centra en los lugares del pueblo he seleccionado cuatro de esas fotos por aportar nuevas imágenes de algunos de los puntos de identidad más singulares de Anguciana. La primera de ellas, la que he puesto en cabecera, ofrece una nueva perspectiva de la vieja fuente central del pueblo, y esta que pongo a continuación, del espacio que había entre la fuente (a la izquierda) la calle Arriba, al fondo, y la posada, a la derecha. 


Otra fotografía muy interesante de entre las que he podido ver en esa web es la de la vieja plaza de Anguciana cuando se acababan de plantar los plátanos que luego conocimos tan frondosos, y cuando aún no se había hecho el kiosko. Es decir, la imagen que más o menos queremos ver pronto (si salimos elegidos, ...o si los que salgan elegidos la hacen suya) aunque el pavimento no vaya a ser el mismo. 



La cuarta de las fotos que traigo aquí para ilustrar la belleza del tramo de carretera y del túnel de sombra por el que se entraba al pueblo y del que ya he hablado en anteriores post, es ésta del archivo de Elvira, cuando la tapia del chalet siempre inacabado de Escolar estaba nuevecita


Aparte de las fotos que nos devuelven esos lugares tan entrañables, el interés de este blog, como sabéis, va derivando sin remedio hacia el homenaje a todos aquellos vecinos de Anguciana que los más mayores llevamos en el recuerdo y en el corazón. Es el caso, por ejemplo de Castito, de quien había hablado en el artículo del derribo de las Escuelas pero de quien no había podido mostrar aún ninguna foto. Ayer mismo se lo dije a la Paca y me prometió buscarlas para dejármelas pronto, pero mira por donde que su hija ya se había anticipado a través de internet. En esta primera que pongo a continuación, enviada por la Paqui, le vemos en la puerta de la taberna de Jesús Ibarnavarro (luego llamada Beneficios), junto a Manolo García.


Y en esta otra, hecha ya en color, con el rebaño, con su hijo Fede y con una familia que no acierto a distinguir, en el camino que va por debajo de la cuesta de la vieja caseta del Caminero. (A la izquierda de la imagen y por debajo de la viña se puede ver la finca de las Conejeras con un nogal en su parte superior del que ya casi había olvidado).


Otra foto que me ha hecho mucha ilusión ver ha sido esta otra de un remolque pasando por el mismo tramo de la carretera ya mencionado, en el que podemos ver sentado y al mando de la mula, al Chocolatero, aquel hombre tanto nos impresionaba  a los chiquillos por la mezcla de su gesto sereno y el tembleque de la enfermedad de Parkinson que padecía, y de pié a Manuel (Villarejo creo que se apellidaba) padre de la Sole y de Secun (corregidme si me equivoco, por favor) que era un señor altivo, con gafas  y de buena planta, como se le puede ver aquí también.


Por último, otra foto que también me ha hecho mucha ilusión encontrar es esta de la Benita, mujer de Fonso (Gallo), y madre de la Candelas y de Crucita, con quien compartimos vecindad en la plaza los últimos años de su vida. Mi madre (que en eso se fija mucho) nunca olvida el cariño con que Crucita cuidó a la Benita en los últimos años de su vida, y seguramente por eso, ayer me contó feliz que la misma Crucita le hubiera llamado por teléfono para saber un poco de ella y para contarle los discursos del mitín de nuestra candidatura. (Muchas gracias, Crucita).



Y muchas gracias Sara, Paqui, Elvira, Amparo y Felipe por subir vuestras viejas fotos familiares a internet y compartirlas con todos nosotros también ahora a través de este blog. 
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(15my11)