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40. GRUPO JOAQUIN




Las fotografías viejas a veces tienen una vida errática. Es frecuente olvidar quién las hizo o porqué, de quién fueron y cómo llegaron a nuestras manos quedándose finalmente en nuestras cajas y carpetas. Los recuerdos familiares viajan en cartas o cambian de casa con las herencias y no se sabe muy bien dónde pueden acabar. Es lo que me pasa a la vista de estas dos fotos que traigo hoy al blog: ¿cómo llegaron hasta mí?

Bueno, el último paso sí que lo sé: estaban en algún cajón del alto de nuestra casa de Anguciana y yo he ido recogiéndolas de por allí para ponerlas a buen recaudo, pero ¿cómo llegaron hasta aquellos cajones? ¿Quizás un regalo a la tía Milagros Angulo, (hermana de mi abuela y que fue la dueña de nuestra casa)?

Es posible porque en estas dos viejas fotos del mismo grupo de personas aparecen varios miembros de la familia Angulo. El tío Joaquín, a quien yo conocí siempre calvo, muy calvo, aparece en el centro de la primera de ellas con todo su pelo negro, y su mujer, la tía Filo, es la que está en lo más alto de la foto. Están todos muy peripuestos pero lo que tiene mucha gracia es el juego de miradas de las tres parejas de abajo: los de la izquierda parecen enfurruñados, los del centro están en veremos, y los de la derecha en plena pose romántica.

En la segunda de las fotos, se han puesto todos de pié por lo que sus rostros aparecen comprimidos en una sola línea. A cambio, se ve mejor el fondo arquitectónico, que si no me equivoco, pertenece a la caseta del caminero del otro lado del puente, la que habitó la familia Carpo. ¿Qué harían por allí tan encorbatados y con abrigos? ¿Un simple paseo dominguero en grupo tan numeroso?


Cuando las fotos llevan una vida errática y pierden la información básica de su origen, cobran una nueva vida porque quedan entonces abiertas a nuestra imaginación. Yo he llamado a estas dos “Grupo Joaquín” por estar él en el centro y por ser el personaje más conocido para mí. Pero seguramente habrá quien vea ellas a otros seres más próximos y queridos y quien recuerde o imagine otras muchas cosas.

(19my08)

43. MAS FOTOS DE LA PLAZA



El jueves de la semana pasada enterramos a Hilaria, o mejor dicho, a “la Hilaria”, que es como acostumbramos a decirlo en el pueblo. A “la Hilaria” siempre la quisimos mucho porque además de la eterna sonrisa que siempre tenía, vino al mundo exactamente en la misma noche que mi hermano Ricardo y a tan sólo dos casas de distancia. Y por eso he puesto esta vieja foto tomada desde la torre de la Iglesia durante la nevada de las navidades de 1970, porque en ella se ve nuestra casa, a la izquierda, las casas de los Marín y de Fortun en el centro, y la casa donde nació Hilaria, a la derecha, en la que también vivían la Amelia y Justo. Una casa ya desaparecida y de la que tengo esta otro foto hecha en 1983 cuando ya estaba deshabitada y medio en ruinas.




Me cuenta mi madre que el médico, Paco Palacios (de quien se me olvidó decir en el post sobre la “motorización” que en aquellos años tenía el único coche del pueblo) pasaba de una casa a otra a ver cuál de las dos parturientas se decidía. No me sabe decir quién de las dos fue la primera (ni tiene mayor importancia) pero sí me cuenta que siempre se maravilló de que “la María” con lo delgada que era, amamantase tan bien a su hija. Tampoco nos es fácil olvidar la sonrisa siempre perenne de María.

Pero sigamos con la vida y con los recuerdos de todo lo que la enriquece, y ya que estamos de nuevo en la plaza de Anguciana, voy a poner tres fotos más que, aunque tomadas seguramente para recordar a las personas que salimos en ellas, dan cuenta de ciertos detalles curiosos.

La primera es esta de nuestra casa en la que podemos ver asomadas al balcón a las dos dueñas anteriores a nosotros: la tía Milagros, hermana de mi abuela, a la derecha, y la tía Pilar, hermana de mi padre, a la izquierda.


Pero el detalle que me interesa señalar más allá de lo meramente humano y familiar, es el del viejo empedrado de la plaza, porque yo siempre la conocí “encementada”. Y también, como no, la gracia de los dos bancos de piedra que enmarcaban la puerta de entrada y que aguantaron la primera pavimentación, pero que desaparecieron definitivamente cuando se reformó la fachada de la casa.

La segunda foto que pongo aquí es ésta que le hicieron los Marín a mi hermano José Mari, en el que además de verse los dos bancos mencionados de nuestra casa sobre el suelo ya pavimentado, se ven las viejas fachadas de las casas de enfrente: la de la Castito, la de la Bea, la de los Sanes y la de Mendoza (el “Chocolatero” le decíamos, no sé muy bien por qué).


Y la última foto por hoy, en la que salgo yo en primer plano con mi primera bicicleta aún con ruedecitas laterales (y algo más atrás y a medias, mi hermano Ricardo), la pongo más que nada porque en ella se ve un fragmento de la casa de la esquina que estaba enfrente de la del “Guardilla” que yo nunca recordaba haber visto en pié, y que sigue ahí hundida en medio de la plaza después de tantos y tantos años.



(29my08)