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59. LAS FARMACIAS Y LOS TRANSFORMADORES ELECTRICOS

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Yo no conocí Farmacia alguna en Anguciana mientras viví allí mi infancia y adolescencia, pero mi padre siempre me habló con mucha admiración de la que hubo en sus tiempos. Estaba en la casa que yo conocí como de Joaquín Angulo y la tía Filo, la casa de la foto de arriba que aquí aparece en una foto reciente, pero que podemos ver también en la entrada número 12 con diferentes colores de pintura para las barandillas, antigua carpintería y sin esos dos escuditos tan refitoleros que le han salido últimamente entre los huecos de la primera planta. Según me ha contado siempre mi padre y me recuerda ahora, la Farmacia estaba entrando al portal a mano derecha, tenía una decoración de estanterías de madera con formas góticas y en sus estantes había no pocos de los preciosos tarros de porcelana tan propios de aquellos tipos de boticas.

El farmacéutico se llamaba D. Román, era cojo y usaba muletas. Vivía con una hermana llamada Benita (¡hay que ver que memoria tiene aún mi padre para las cosas más lejanas) y según cree, murió más o menos en los tiempos de la guerra. Y con él, murió también la Farmacia. D. Román vivía en el segundo piso de esa casa, donde de niño conocí viviendo a las hermanas Olarte, Dolores, y Mercedes. Esta es una foto reciente de la fachada trasera de la casa, la que da a la carretera:



Pocos datos más puedo aportar de aquella vieja Farmacia que gracias a este post no se perderá para siempre en el olvido, pero ya que estamos en esta casa, la casa del tío Joaquín, le pregunto a mi padre por un viejo trastero que había en el patio trasero de la casa y que a mí me obsesionaba de pequeño porque tenía en su puerta aquel siniestro cartel de chapa que se ponía en los lugares eléctricos con una calavera y una leyenda que decía NO TOCAR, PELIGRO DE MUERTE. Mi padre no se acuerda mucho de ese trastero, así que han de ser los hijos del tío Joaquín los que nos refresquen la memoria sobre él; pero a cambio me cuenta cosas muy anteriores sobre el particular. Resulta que en el alto de esa casa se instaló el primer transformador eléctrico para servicio de Anguciana, cuya corriente procedía de una central eléctrica situada en Casalarreina, propiedad de Severo García (padre de la tía Filo) y de su mujer, María Garnica. Esa fue la central que suministró electricidad al pueblo hasta que fue sustituida por la mucho más moderna y potente de la central de Posadas, aguas arriba de Ezcaray, cuyo transformador estuvo ubicado en esa construcción prismática blanca que había junto al badén y que pudimos ver en la foto del post sobre el Corpus (n 28). De allí pasaría a ubicarse entre dos postes de hormigón junto al depósito de las aguas y luego creo que se volvió a meter en una caseta, donde está ahora.

Y hablando del ahora, bien podríamos acabar este post con una foto de la nueva Farmacia de Anguciana, no tan bonita como yo me imaginé siempre la de don Román, y enclavada en una casa que muestra la tremenda decadencia de la arquitectura del pueblo, pero por lo menos, nuevamente representativa de la categoría de “un pueblo con Farmacia” ...y...¡luz eléctrica!



(30oct09)

79. 75.000 PESETAS DE LAS DE ANTES...

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En el post 59 hice mención de la antigua botica del pueblo y de su boticario D. Román. Pues bien, revolviendo ahora en los papeles de mi padre he encontrado un manuscrito suyo encabezado con una nota que dice “para D. Félix”, en el que hay una vieja historia del pueblo cuyo protagonista era el buen D. Román. Supongo que con esa nota quería hacerle partícipe al nuevo cura del origen de algunas cosas de la devoción popular a la Virgen rindiendo merecido homenaje a quien hizo una importante donación testamentaria. Y supongo también que luego pasaría a máquina esta nota y se la daría a D. Félix, aunque también es posible que se quedara en manuscrito y que simplemente se lo contara de viva voz. Pero como en todo caso creo que es de general interés para todos los que amamos el pueblo y sus cosas, la transcribo aquí tal y como la he encontrado en este borrador:

“En Anguciana, a los setenta años de edad, murió el 12 de noviembre de 1931 Don Román Ruiz de la Cuesta Aramburu que había ejercido de boticario toda su vida en el pueblo en una botica de estilo gótico situada en la calle Real (actual casa de los hermanos Angulo García) teniendo su vivienda en el segundo piso del mismo edificio.
Su estado fue de soltero, viviendo siempre con su hermana Benita, igualmente soltera, que murió a los 64 años, un año antes que él en fecha 7 de noviembre de 1930.
A su muerte, dejó heredera de un capital de unas 75.000 pesetas a la Ermita de la Concepción, nombrando como albacea testamentario a D. Julián Cantera Orive, quien lleva a efecto los deseos del testador invirtiendo su capital totalmente en 1) levantar un muro de piedra en el terraplén enfrente de la ermita y cementerio; 2) proveer de bancos la totalidad del edificio y de un zócalo-asiento alrededor de los muros; 3) baranda delante del presbiterio con seis ángeles de pié de tamaño grande; 4) una túnica o vestido blanco y manto azul celeste, todo bordado ricamente en oro por las monjas de un convento de clausura; 5) una corona de plata adquirida en Valencia; y 6) unas nuevas andas para llevarla en procesión; todo hasta hoy en perfecto uso.
Todo ello se cumplió con diligencia siendo inaugurado todo antes del tercer aniversario de la muerte del testador”.


(La foto de la ermita con la que cierro este post es la que ofrece Panoramio de Google Earth, colgada por Juanma, a quien le doy las gracias por su generosidad para con el pueblo).
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(29nov10)