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69. EL MOLINO

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Cuando mencioné a Luis Salazar (“Malán”) en el post n 61 se me olvidó decir que fue “el último molinero de Anguciana”. Me ha venido esto a la memoria al ver una foto del molino que hice allá por los años setenta, y que es la que he puesto como encabezamiento.

Mirando el estado actual de este pequeño edificio es más que posible que muchos jóvenes del pueblo o incluso muchos de sus visitantes o veraneantes no sepan que fue el molino del pueblo, y antes, el molino del castillo. Es decir, una de las piezas fundamentales de la vida rural y a la vez, una de las máquinas más importantes de la humanidad, -como acabo de leer en “El mito de la máquina” de Lewis Mumford (ed Pepitas de Calabaza, Logroño, 2010). Seguramente por esto último, muchos, muchísimos pueblos de toda Europa se han afanado en rehabilitar sus viejos molinos: para enseñar a las jóvenes generaciones la belleza y el ingenio de aquella mítica máquina.



A mi padre se le ha alegrado la cara esta mañana cuando le he dicho que iba a dedicar una entrada de este blog al molino de Anguciana, y lo primero que me ha dicho con gesto de admiración es que es un molino ¡de tres piedras! o sea, un molino grande, un molino importante.. En efecto, en la foto de arriba se ven perfectamente las tres embocaduras de sus entradas de agua; unas embocaduras que daban a unas pequeñas rampas inclinadas de cemento, que siendo niños usábamos como toboganes.

En mi infancia llegué a verlo en pleno funcionamiento, con Malán enharinado moviendo sacos y abriendo las compuertas de agua para poner en movimiento la piedra del más alejado de la puerta, que creo que fue el último que estuvo en uso. Mi padre me dice sin embargo que él conoció a muchos molineros... y a sus hijos... Pero cuando le pregunto por sus nombres se queda pensativo y no le sale ninguno. Ya le vendrán, digo yo. La memoria de viejo es así: se viene y se va, como la antiguas emisoras de radio. Pero de repente me dice: “y algunos vivían en la casa de encima”. Yo nunca vi a nadie viviendo tras esas tres ventanas del molino, ni entrando a casa por ese senderito de piedra junto al cauce, pero al decirme eso mi padre, de repente ese pequeño edificio cobra aún más vida.

Como la gente del pueblo sabe, ese molino no es público sino de un particular (los herederos de José Ignacio Gómez Escolar) pero no por ello habría que dejar de hacer las gestiones pertinentes para evitar que se hundiera, e incluso para comprarlo y rehabilitarlo. Seguro que con la mitad de lo que se ha gastado en los despampanantes granitos y luces de la plaza se podían haber comprado y habilitado para el pueblo, la Biblioteca de los Medranos que puse en el post anterior y el Molino del Castillo que pongo en éste.

Pero lo importante en ambos casos, lo digo por si en el futuro algún ayuntamiento me hace caso, es evitar absolutamente la intervención de arquitecto alguno en su rehabilitación, porque seguro que les pondrían barandillas de acero inoxidable o luces indirectas. Mira si no lo que un arquitecto le ha hecho al castillo, reconstruyendo las almenas de hormigón que hicieron los frailes y pintándolas de cagalera.... ¡Antes la ruina que encargar una restauración a un arquitecto!

Seguro que entre un albañil con sentido común y algún etnógrafo de Logroño, de esos que aún quedan de la escuela de Luisvi, serían capaces de hacer que este molino volviera a funcionar. Y seguro también que algún jubilado del pueblo sabría ponerlo en marcha de vez en cuando para enseñarlo a los chiquillos y a los turistas con ganas de saber.

Y por favor, que si nada de esto se hace, que no se le ocurra a nadie (para compensar) poner uno de esos típicos carteles de metacrilato diciendo que esa casita es nuestro molino o explicando estúpidamente lo que es un molino, porque aunque haya pocas piedras en las calles del pueblo alguna encontraré para dar buena cuenta de él. Que ya vale de arquitectos y de bobadas.

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Adenda del 19 de julio: Gonzalo Salazar, hijo del último molinero, me ha contado con todo lujo de detalle la disposición de todas las piezas del molino pues lo recuerda a la perfección. También me ha precisado que él estuvo moliendo en él hasta 1974, fecha en que se fue a la mili, y que incluso después volvieron a moler algunas veces con él pues los molinos eléctricos de Haro que le sustituyeron daban una harina algo quemada por la rápida fricción de los granos.

Hemos podido ver en el exterior del molino dos pares de las viejas ruedas mientras que nos ha contado que las últimas que se instalaron fueron traídas de Extremadura y que son las que aún siguen instaladas en él.

También me ha dicho que la única rueda que funcionaba en la última etapa de su vida activa no era la más cercana a la puerta (como yo había puesto en un principio) sino la más alejada, por lo que lo he corregido rápidamente.

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128. LA DESTRUCCIÓN DEL MOLINO



Me llega por uasap la triste noticia de la desaparición del  molino de Anguciana con una foto de la primera fase de su hundimiento por abandono (domingo 6 de julio) y el comentario de que al hundimiento le siguió una rápida e inmediata demolición de lo que quedaba (lunes 7 de julio). Llamo al ayuntamiento el martes a ver qué saben de todo ello pero apenas me dicen nada. En la Consejería de Cultura, en cambio, me dicen que según la disposición transitoria segunda de la Ley 7/2004 del Patrimonio Histórico Artístico de la Rioja todos los ingenios mecánicos populares, como los molinos, están protegidos y cualquier intervención en ellos debe pasar por el Ayuntamiento y ser notificados a la Consejería.

Yo soy de los que creo más en la cultura del pueblo que en la administración municipal y autonómica y supongo que habrá mucha gente que se lamente como yo (y hasta sienta vergüenza) de esta triste pérdida. En el post 69 de este blog ya intenté dar a conocer sus grandes valores y sus posibilidades de restauración y utilización, pero se ve que fue en vano.

No me consuela nada ser el cronista de la desaparición de uno de los elementos claves en la historia y la vida tradicional de Anguciana. Sólo espero que google sea más fiel que nuestras instituciones y que el molino (y la vergüenza) queden al menos para todos nosotros en la memoria de este blog.

(7jl14)