16. EL RIO


Media vida de Anguciana era el río Tirón. Surtía de pescado fresco al pueblo (aún recuerdo a los Nanos pasar por las casas vendiendo loguinas con un balde entero lleno de ellas), la madera de sus choperas eran la principal fuente económica del ayuntamiento, y para los jóvenes y chiquillos era el gran lugar de esparcimiento durante todo el verano.

Además, lo bonito del río era que cada año cambiaba un poco su fisonomía y en junio nos dedicábamos a explorarlo para ver cómo las riadas del invierno habían dejado nuestros pozos de baño. Los clásicos eran cuatro: Zarra y la Piscina, por encima del puente, y Viñas Viejas y Taranco (o la Mina) aguas abajo. Hasta que le hicieron ese áspero y feo encauzamiento con piedras traídas de no sé donde, el río serpenteaba por su ancho cauce y creaba los mejores pozos de baño cuando chocaba con las lastras de arenisca de los cuatro sitios indicados. Esta foto de 1966 está hecha en el pozo de “la Piscina”, -así llamado porque nos permitía nadar unos cuantos metros seguidos:


Y esta otra de Calleja, hecha desde el puente, muestra una gran vista del río con la zona de Viñas Viejas a la izquierda y el monte Taranco al fondo.


Del pozo de Zarra no he encontrado de momento otra foto que ésta de 1968 en la que se le ve como calmado fondo de un bonito retrato de mi hermana Mercedes, que estaba posando para un apunte del pintor Ignacio Guibert.


Pero ya que había empezado con la pesca, acabo con ésta. Además del variable cauce principal por medio del cascajo o la glera, el río solía dejar por entre las choperas riachuelos pequeños que eran la delicia de la pesca vespertina del cangrejo. Uno de nuestros preferidos de algún que otro verano de los sesenta estaba en una pequeña zona de choperas algo más abajo y al otro lado de Taranco, en el término llamado de la "Zarzuela", y de él hizo José María San Juan esta preciosa foto:



(Se me olvidaba comentar que la primera de las fotos, la única en color, es de 1964 y está hecha desde el puente aguas arriba. A la izquierda se ven las choperas que había detrás del frontón y las salciñas de la zona del "semillero", y al fondo a la derecha , se puede ver lo que llamábamos el pozo de "la Piscina").

17. LA PESCA DE CANGREJO A RETEL



Acababa la entrada anterior hablando de la pesca vespertina de cangrejos en los riachuelos de Anguciana y he visto luego que tenía esta foto de 1934 en la que cuatro pescadores risueños estaban de faena en el río Ea, -así que la pongo también en el blog para ilustrar tan popular y provechoso entretenimiento. No reconozco a las dos chicas de la izquierda, la que sostiene el retel en el aire con algún cangrejo dentro (probablemente Isabel, hija de Justo Medrano, que vivía en Valladolid) y la de atrás (me dice mi padre que es Dolores Olarte), pero casi estoy seguro de que los otros dos jóvenes son mi tía Pilar (de perfil) y mi tío Pedro Pablo (que lleva otro retel en la mano).

En la pesca del cangrejo la herramienta fundamental era ese palo acabado en Y, indispensable para levantar los reteles con la rapidez suficiente para que los cangrejos no se fueran. Yo aún llegué a ver y utilizar reteles con la red en forma cónica, pero en mis tiempos de pesca el artilugio se modernizó y se empezaron a usar reteles de doble aro.

(25mr2018)

18. LAS CRECIDAS



Cuando en pleno invierno el viento cambia de Cantábrico a Atlántico, o cuando ya en la primavera se pone a llover de Cierzo (y cuando llueve de cierzo llueve de cierto, que dicen por aquí) el Tirón y el Oja se desbordan a la par, y como se juntan en Anguciana, su paso por nuestro pueblo tiene siempre carácter de gran acontecimiento.

Las fotografías antiguas del cauce del río muestran un espacio muy amplio para sus avenidas, pero como los alcaldes de después de la guerra (Blas Santa Cruz primero, y mi padre, después) se empeñaron en sacar provecho forestal de su cauce, lo fueron reduciendo mediante la técnica de gaviones que les enseñó a hacer el ingeniero de caminos Alejandro Achútegui. Consistía dicha técnica (que ante lo hecho con posterioridad bien podemos llamar “blanda”) en rellenar unas mallas de alambre con la misma glera del río y formar con ellas unas T colocadas en sentido transversal al cauce para que, cuando hubiera crecidas, el palo vertical de la T contuviera la tierra y el palo horizontal marcara la línea del cauce.

Siendo aún estudiante de bachillerato mi padre (el alcalde) me encargó hacer unos planos muy precisos de todas las “nuevas parcelas” forestales que se le habían ido ganando al río, y es por ello que conocía su cauce a la perfección.

La crecida de estas fotos es de enero de 1974, unos años después de hacer aquellos planos. La de arriba está hecha desde el puente, y en ella se ve al fondo el monte Taranco, también llamado la Mina, porque antiguamente se extraía de allí la piedra arenisca para las construcciones nobles del pueblo. Es la zona donde menos se le ganó al río, pues la chopera que linda con él, que es privada, ya lo cierra bastante.

Las otras cuatro que pongo aquí están tomadas aguas arriba del puente, y como era por la tarde, están hechas a contraluz, por lo que tienen un aire más dramático que periodístico. Esta primera tiene hasta pretensiones artísticas:


En esta otra, más documental, podemos ver de espaldas a mi padre (el alcalde) y a Poldo (el alguacil), los dos con americana, inspeccionando el alcance de la crecida y el funcionamiento de uno de sus gaviones, justo a la derecha.


Sobre la P-10 o chopera de Santiago el “cauce” también se desbordó, saltó el camino del soto, y caía como una cascada:


En esta última se ve que quise salir yo y le pasé la cámara a mi padre para que me hiciera una foto con el “pozo de Zarra” al fondo (compárese con el apacible escenario donde veíamos posar a mi hermana Mercedes dos post atrás).



(31mr2008)

19. EL PUENTE




El pueblo y el río se cruzan y se encuentran en el puente. El de Anguciana está tan bien hecho que parece eterno pero según nos contaba mi padre, su madre lo vio hacer cuando era niña porque les había contado que recordaba haber jugado subiendo y bajando por las cimbras o los propios arcos de piedra antes de que se rellenasen las plementerías y se construyese el tablero. Es decir, que el puente es de la segunda mitad del siglo XIX.

Hace treinta años aún se adivinaba el vado previo en el camino que bajaba de las casas de Oreca, y salía detrás del frontón. En el estiaje aún era usado por algunos tractores que cruzaban el río por ahí, e incluso en una carrera popular que se hizo hace muchos muchos años (y que ganó Andrés, el pequeño de los hijos de Luis Salazar) el circuito pasó por el vado en vez de hacerlo por el puente.

Por casa había una foto muy bonita y antigua del puente y el castillo hecha desde Viñas Viejas (foto con la que llegué a pintar uno de mis pocos óleos), pero no la he encontrado para ponerla aquí. Cuando compramos nuestra primera cámara traté de imitar esa foto e hice la que he puesto arriba, pero no me salió tan bien. Para compensar tengo esta otra hecha en invierno en la que se ven limpiamente sus cinco arcos y una parte del gran tramo ciego que va hacia el pueblo. Es (o era) una hermosura de puente. Y digo era, porque los dos ensanchamientos sucesivos del tablero y sus correspondientes cambios de barandillas lo han desvirtuado mucho.

En la entrada 10, El Castillo, ya puse una foto hecha desde el lado de Oreca en que se ven sus antiguas y hermosas barandillas de piedra. Desde el mismo punto, tengo también esta otra fotocopia de una foto de la exposición de 1993 en la que sólo soy capaz de reconocer a Paca y a Martín. (¿Es María, la mujer de Poli, la que está a la izquierda? No sé, ya me iréis diciendo).



De una nevada en las navidades de 1970 tengo también otras dos fotos del puente muy bonitas que hice yo mismo y que pongo a continuación. El puente, aún sin aceras, era un lugar estrecho donde coches y personas se tenían que cruzar y respetar, pero con esa nevada aparece mucho más calmado que nunca.

Se nos ocurrió hacer un muñeco de nieve al otro lado del puente y para allá nos fuimos toda la familia. Mi hermana Pili, en primer lugar, lleva bajo el brazo un sombrero de copa, y mi hermano Alberto, una escoba para adornarlo convenientemente. Junto a él puede verse a mi hermano Ricardo con una gran bufanda, y al fondo, mi tía Pilar y mi madre. En todo caso y aunque salgan personas en las fotos, mi intención es que los protagonistas de este blog sean los lugares y no las personas, y por eso reclamo la atención del visitante hacia ese hermoso lugar que era el puente de Anguciana.




(1ab2018)

20. TRES FOTOS MAS DEL PUENTE





Buscando fotos del puente me he quedado gratamente sorprendido del buen gusto fotográfico que teníamos cuando éramos unos niños, pues es curioso ver cómo utilizamos el puente como fondo de escena para nuestras fotos personales. Como ya he contado, en 1966 mi hermano y yo nos compramos una cámara Werlisa de lo más barata y elemental, sin enfoque de ningún tipo y con tres posiciones de diafragma: sol, nubes y lluvia. Esa era toda su mecánica. Pues bien, con esa cámara hicimos las dos estupendas fotos que he puesto arriba en la que el puente es mucho más protagonista que nosotros. En la primera posamos “Atín (el hijo del médico) y yo, y en la segunda, mi hermano Ricardo y yo, así que la autoría de cada una de ellas hay que atribuírsela al que falta en cada caso.


También tengo esta otra foto con más pretensiones (y peor resultado) que le hice yo a mi prima Elvira (hija del tío Justo) en la chopera que había detrás del frontón. El encuadre no es malo pero el dominio de la técnica del contraluz no estaba a la altura de la cámara ni al alcance del autor.

En todo caso me sirven las tres fotos para ilustrar y comentar que durante muchos años (durante toda mi infancia) el río pasó por los dos arcos más próximos al pueblo, lo que es normal porque en su zigzagueo constante, si chocaba contra las lastras de “la piscina” (aguas arriba del puente), y las lastras de“viñas viejas” (aguas abajo), ambas en el mismo lado, a su paso por el puente tenía que pasar por el otro.

Todo ese juego del río y el puente se fue al garete cuando hace unos años los muy sabios ingenieros funcionarios de la capital se pusieron a gastar los muchos dineros frescos de las Autonomías y lo encauzaron con unas grandes piedras por el centro del puente destruyendo su contorneo y la gracia del lugar. Ahora por el ojo derecho del puente pasa un camino o algo así. Y en el ojo izquierdo, junto al refugio, donde las riadas siempre dejaban un pequeño riachuelo semiestanco, la maleza se adueña del lugar. Pero eso no parece ser problema de los muy sabios ingenieros de caminos para quienes los ríos deben pasar bajo los puentes tan rectos como las carreteras.

(2ab2008)

21. EL FRONTON




Entre el puente de piedra y el castillo de piedra, estaba el frontón de piedra. El frontón sigue estando en el mismo sitio, claro, un sitio inmejorable, pues el desnivel que hay entre de la cota del río y el de la carretera permite resolver el gran problema de escala e integración que siempre presentan las grandes paredes de los frontones. Pero ya no es de la misma piedra que el puente y el castillo; eso se quedó para las fotos del pasado como las que pongo hoy aquí. Lo que antes era un lugar único y entrañable, que los mayores no llamaban frontón sino “juego de pelota”, ahora es una gran cancha más o menos standard pintada de verde, mucho más adecuada para el deporte que para el recuerdo.

En la primera de las fotos, la que he puesto arriba, aún no estaba hecha la tapia que cerró las vistas entre el frontón y la carretera. Esa foto debe de estar hecha a finales de los cincuenta, cuando se arreglaron el suelo y las paredes y parece querer dar cuenta de ello. En la sombra de la derecha se alcanza a ver la primitiva hilera de piedra que hacía de asiento corrido.



En esta segunda foto de 1964, hecha por Calleja seguramente por encargo del Ayuntamiento para la conmemoración de los 25 años de paz, vemos la tapia que cerró la conexión visual entre el frontón y la carretera y se ve también un nutrido graderío de bancos de hormigón detrás de aquel único asiento corrido de piedra. La reforma que se hizo en los cincuenta surtió efecto y gracias al entusiasmo de Carmelo Yusta todos los domingos por la tarde se organizaban animadísimos partidos de pelota entre los jóvenes del pueblo y de los alrededores para los que llegó a establecerse cobro de entrada y el cierre de vistas exteriores. Recuerdo perfectamente el rito del comienzo del juego porque consistía en ver llegar al cura Don Gregorio que venía de la iglesia de dar el rosario de las cinco de la tarde: cuando se sentaba en el sitio a él reservado junto al tronco de la acacia situada más o menos a la altura de la línea de “Falta”, daba comienzo el primero de los partidos.


En esta otra foto en color, también de 1964 se ve mucho mejor el graderío, la escalera de bajada y hasta el ventanuco de la taquilla de entrada. En la pared del fondo también se ve muy bien la tabla en la que Tomás (“siete meneos” creo que era como se le llamaba) colgaba las tablillas del marcador.

El frontón fue uno de los lugares más entrañables del pueblo y seguramente uno de los que más he disfrutado en mi juventud. El duro juego de pelota a mano dio paso a la más cómoda pala, y con Atín, Juan Ramón, el Chino o mis hermanos habré pasado cientos de horas jugando en él.

Las dos últimas fotos dan buena cuenta de los árboles que lo envolvían y que le daban sombra y frescor: las acacias del graderío de entrada, las dos chopas de la zona de la línea de “Pasa”, y las ramas de la chopera que se asomaban por encima de la pared lateral. Por si ello fuera poco, el frontón estaba además al resguardo del cierzo vespertino, que en Anguciana siempre es muy desapacible.

Era un lugar agradable, muy urbano y muy bien proporcionado, o sea, un lugar muy humano y muy, muy hermoso. Creo que estas tres fotos dan buena cuenta de ello.

(4ab2008)

22. INAUGURACION DEL FRONTÓN



Como tantas otras fotos que no son de nuestra familia, las tres fotografías que pongo hoy aquí las cedió alguien del pueblo a la exposición de 1993, pero yo no supe quién. Luego los de la Asociación Cultural las devolvieron a sus dueños y ya he perdido todas las pistas. Mucho me gustaría que gracias a este blog pudiéramos saber de quién son y si podría aportar datos sobre ellas. A veces las fotos viejas suelen tener anotaciones por detrás.

Está claro que se trata de una inauguración “oficial” y que el marco es el frontón que vimos en la entrada anterior, pues aunque las fotos son básicamente de grupo, puedo perfectamente reconocer las piedras y ventanas del fondo y las dos chopas de la línea del “pasa” a las que hacía mención ayer. Supongo por tanto que se trataba de inaugurar las obras de reforma del frontón que se acometieron siendo alcalde Blas Santa Cruz, que es quien tiene un folio en la mano y parece estar leyendo su discurso de inauguración.


En la segunda de las fotos vemos al Padre Francisco haciendo la parte religiosa del rito. Justo a su derecha puedo reconocer a Manolo Tobalina, y en primer plano, a la izquierda de la foto y con la trompeta bajo el brazo, a Emiliano Ibarnavarro (qué bonita tuvo que ser la inauguración, hasta con música y todo). Detrás de todo el grupo pueden verse las dos chopas y a la izquierda de ellas y al fondo del todo (da la sensación de que la foto está hecha con un objetivo de 75 u 80 mm. por el aplastamiento que provoca), las cerchas de cubrición de los frontones del convento franciscano.


En la tercera de las fotos vemos al grupo posando sin más para el fotógrafo. Tenía mucha curiosidad por saber si el personaje central del grupo -el cura que está con el bonete en la mano-, podía ser Don Isidoro, pero le he consultado a mi padre y me ha dicho que no, que no es él, y que no sabe quien era. El alcalde, Blas Santa Cruz está en primer plano a la izquierda y detrás de él Joaquín Angulo y Ramón Angulo. Por detrás asoma la cabeza de uno de los hombres más altos del pueblo, “Siete Antonios”, hermano de “Tres Pedritos” que también era alto pero un poco más bajo que él y de ahí su mote más contenido.

Pero mi agradecimiento personal a quien dejó esta foto para la exposición está ligado a la recuperación en mi memoria de la estilizada figura del Padre Francisco, a quien vemos con el roquete y la estola puestos después del acto religioso de la inauguración. Siendo niño le ayudé durante varios años a su misa de 11, primero en la capilla nueva del convento y en sus últimos días, en la capilla antigua. Creo que era de Cestona, o de algún pueblo guipuzcoano del interior, tenía la piel blanquísima, casi transparente, y aún puedo recordar el olor a limpio que desprendían siempre sus manos cuando me las ofrecía para el lavatorio. Cuando acababa la misa me dejaba beber el vino dulce que había sobrado de las “vinajeras”. Siempre serio y adusto, creo que me tenía mucho cariño, y que yo le respondía con una gran devoción. Fue emocionante para mí poder verle de nuevo gracias a esta foto. Y poder guardarle así, en mi memoria, para siempre.

(5ab08)

23. ENTREGA DE TROFEOS


Espero que nadie se ofenda por usar aquí los apodos o motes con que nos conocíamos unos a otros en Anguciana cuando yo era niño. Si por lo que fuera alguien los lee y no le gustan, sólo tiene que decírmelo para cambiarlos por su nombre de pila. Yo los uso porque en muchos casos no sé sus nombres reales, porque a veces me parecen más cariñosos o entrañables y porque son como signos de identidad de aquel nuestro pueblo.

Dicen que la mayoría de los motes del pueblo los solía poner el maestro, don Sixto, y que solía ser más cruel que cariñoso en la invención de los mismos. Pero en fin, el tiempo pasa, y lo que pudieron ser muestras de crueldad de un hombre amargado, con cierta perspectiva tienen hasta su gracia.

Digo todo esto porque a varios de los que aparecen en las fotos que pongo hoy sólo les recuerdo por el mote. No era frecuente que hubiera fotógrafos en los partidos del frontón ni en la entrega de premios, pero en los del verano de 1963 apareció Calleja y nos dejó el recuerdo de estas tres bonitas fotos.

En la primera de ellas posan todos detrás de la pizarra en la que se proclaman los campeones del torneo de verano. El primero por la izquierda es mi pariente José Ignacio (más conocido en el pueblo como “Escolar”), y como no recuerdo haberle visto mucho por el frontón, supongo que está ahí porque fue quien patrocinó los trofeos. A su derecha está “Kaskín” que como se lee en la pizarra, fue el campeón de mano individual. Tenía un juego muy alegre y la sonrisa siempre en la boca. A su derecha está “Trabuquillo”, jugador también muy alegre (ya se le ve también en la sonrisa) y en el centro de la foto, “Pocheto”, que tenía una pegada de pelota muy curiosa, siempre rasa y ajustada a la chapa. De los otros dos pelotaris se me han olvidado los nombres o los motes seguramente porque eran de la categoría juvenil (¿Pedrito “el campesino”, el primero, y Badillo el siguiente….? no sé, no estoy seguro). Bueno y a la derecha del todo, mi padre, el alcalde, con un tupé muy gracioso.

Mis pelotaris favoritos eran los hermanos Salazar, Eduardito y el Chino, pero de ellos no tengo fotos. A ver si alguien tiene y me presta algunas para ponerlos también aquí. Más difícil será conseguir fotos del cura de Villalba o el de Cuzcurrita, que también eran grandes pelotaris y que resultan inolvidables porque solían jugar con la sotana remangada.

Las otras dos fotos que tengo de aquel día muestran el momento de la entrega de trofeos, y a mí, personalmente, se me va la vista, en la una y la otra, hacia el niño y la niña pequeña que en segundo plano participan del aplauso general a los ganadores. Seguramente, porque yo estaría haciendo lo mismo. Aplaudirles con ganas.





(6ab08)

24. DE FIESTA A HARO





¿Tendrá alguien una foto de “Marqueta”, el viejo autobús que hacía la línea Treviana-Anguciana-Haro? Cómo me gustaría ver una imagen de aquel “coche de línea” marrón oscuro con baca en el techo y escalerilla en la parte trasera que paraba cada día frente a la tienda de “Chano” para llevar y traer gente a Haro.

La foto a la que le dedico hoy toda la entrada es de los tiempos de Marqueta pero el medio de locomoción es algo más arcaico. No sé quién hizo esa foto ni desde dónde, y tampoco sé cómo pudo llegar a manos de mi familia, pero lo cierto es que ahí está para contar la forma en la que un gran número de mujeres y niños, e incluso con varios hombres, fuimos a Haro un día, seguramente (creo recordar) a ver las famosas “Vueltas” de los carros en la plaza de la Paz. Es una foto curiosísima por las conversaciones cruzadas, la variedad de miradas y la alegría que transmiten los gestos y los movimientos de buena parte del pasaje, y eso que estamos todos sentados.

En el pescante y al mando del remolque, a pesar de que está de espaldas reconozco perfectamente por la pose a Ballugera, (de apodo Charlie o Charlot, aunque creo que se llamaba Bernardo). Mi madre está sentada en primera línea con un chiquillo en su mano izquierda, que creo que es mi hermano José Mari, que murió con nueve años. Detrás de mi madre, está la que fue nuestra niñera, Ezequiela Sáez, con las cejas muy negras y el pelo muy blanco siempre recogido en un moño. A mitad del remolque y mirando hacia al fotógrafo se ve claramente a la Paca en la parte de arriba, a una hija del dueño del remolque, no sé si Carmen o Isabel Ballugera en el centro, y a “Margaritilla” (la hija de la Chunis) en la parte inferior. Por cierto, el otro día me encontré con ella aquí en Logroño y me dio una gran alegría (siempre es así cuando nos encontramos dos del pueblo fuera de él). Una señora alta, rubia y de muy buen aspecto se me acercó en el supermercado y me preguntó: “oye, tú eres Juanchu ¿verdad?”, e inmediatamente se me abrió el corazón porque estaba seguro que por el nombre con que me llamaba era alguien de mi pueblo y de mi infancia. Entorné un poco los ojos de la memoria y enseguida me di cuenta que era Margarita, aquella chiquilla que con dieciséis años y sin carnet de conducir repartía el pan del negocio familiar en una de las primeras furgonetas DKV que hubo en el pueblo.

Alguna de las cabezas de la última línea del remolque debe de ser la mía pero no sé muy bien cual. Creo que el chiquillo que ocupa el ángulo superior izquierda del remolque (y de la foto) podría ser mi hermano Ricardo, pero la precisión del original no da para más detalles o certezas.

Cuento veintisiete personas encima del remolque. Seguro que había muchos días en que Marqueta no llevaba tantas a Haro. Pobre yegua.

(9ab08)

25. LAS MESAS



Cada vez que doy un paseo por el Soto suelo volver con la pena de ver el estado de abandono y suciedad con que me encuentro “las mesas”, y es que ese lugar tuvo durante los años de mi infancia una gran importancia en la vida de Anguciana. No recuerdo exactamente cuáles fueron los días escogidos por el Ayuntamiento para ir allí de romería, aunque casi seguro que entre esos días estaban San Juan y Santiago, o sea, 24 de junio y 25 de julio.

“Las mesas” fue otra de las pequeñas construcciones de posguerra hechas en el periodo de la alcaldía de Blas Santa Cruz, asociada en este caso a la traída de aguas. Junto a un viejo manantío se hizo la caseta de registro desde donde se llevaba el agua hasta el depósito que vimos en la entrada de Las Callejas (14), y al ras de esa caseta se construyó una pequeña fuente con tres caños bien gruesos para uso y disfrute del lugar. Se hicieron también tres mesas de hormigón y sus correspondientes bancos, quedando reservada al Consistorio la más cercana al pueblo de las tres; y para completar su configuración y carácter, se plantaron unos plátanos que aseguraron siempre la sombra del lugar cuando se talaban las choperas de alrededor.

En los días señalados todo el pueblo acudía a merendar en las choperas en torno a “las mesas”, cada cual con su familia o su grupo de amigos, extendiendo los manteles y las viandas en la hierba, con algún fuego que otro si era necesario. Y cuando la merienda tocaba a su fin, los cuatro músicos del pueblo (Emiliano a la trompeta, Jesús al saxo alto, Pablo al clarinete y Maxi a la caja) se ponían a tocar en el estupendo escenario construido a la izquierda de la caseta animando al baile y a regresar con la música hacia el pueblo por el camino del Soto.

El resto de los domingos y días de fiesta era frecuente encontrar gente comiendo en “las mesas” lo que hacía de ese lugar el auténtico centro o plaza del Soto. La gracia de “las mesas” es que no se parecen en nada a esas zonas picnic que tanto han proliferado en los últimos años por cualquier lugar de la Rioja, y que por lo general no tienen personalidad alguna. Seguro que si ahora las quisieran “rehabilitar” les pondrían papeleras, jardineras, barbacoas, fuentes de grifería o bancos de mal gusto, así que me voy a cuidar muy mucho de pedir para ellas nada más que un poco de limpieza y el recuerdo que nos traen estas viejas fotos que pongo aquí.





(13ab08)