6. LA IGLESIA



Aunque hemos empezado este blog por la plaza, las escuelas y el ayuntamiento, no podíamos retrasar por más tiempo la presencia de la iglesia en el pueblo, que en todo caso ya veíamos a la derecha en la foto de la Presentación (1).

La posición de su torre al fondo de las dos plazas era (o es) como una especie de atalaya o de vigía de toda la vida del pueblo. Y el sonido de sus campanas, además de marcar el horario de la jornada o la alegría de los domingos y de las fiestas, el día menos pensado marcaba también con un fúnebre y lento toque (tin tin, tan tan, tin tin, toc toc) la muerte de algún vecino (no sé si aún se hace aquel trístisimo repique).

Originariamente la torre de la iglesia era bastante más chata que como la vemos ahora. La fotografía de arriba es de 1921. En realidad es una fotografía de una fotografía que yo hice en 1969 de un original que no recuerdo dónde lo pude ver o encontrar. Es posible que en la foto original se viera algo más de los laterales, pero no estoy seguro. En todo caso se puede ver que en la plaza de los edificios “civiles” (o sea, la plaza de la Constitución, la de las Escuelas y el Ayuntamiento) aún no había ni árboles, ni kiosko, ni bancos. No conocí al cura de antes de la guerra, un tal don Isidoro que según me contó mi padre era de la Villa de Ocón y vino a Anguciana después de haber sido párroco en Treguajantes. Y creo que tampoco he visto ninguna foto de él. Murió en el propio pueblo a finales de los cuarenta o comienzos de los cincuenta.


El nuevo cura párroco, don Gregorio Ichaso, de origen navarro (y del que sí veremos fotos más adelante), entró con ganas al pueblo pues al poco de llegar elevó la torre nada menos que dos cuerpos, creando un balconcillo balaustrado donde antes estaba la cornisa. Nunca he sido lo suficientemente curioso para saber quién fue el arquitecto que hizo semejante chirlo, pero como por esos años el arquitecto de la diócesis era Agapito del Valle, bien pudo ser él. Sobre la elevación se colocó una esbelta veleta que no duró mucho porque estando yo en la Escuela, allá por el año 1962, un ventarrón la tiró una noche, y aún recuerdo las exclamaciones de la gente al verla rota y tirada al pié de la torre: ¡qué grande era! ¡de haber caído por el día y haber pillado a alguien lo hubiera matado! etc.

En esta segunda foto se puede ver también el riachuelo o acequia que separaba las dos plazas y en el que los chiquillos nos lavábamos las manos antes de entrar en la Escuela. Aunque en la parte derecha de la foto puede verse a un niño agachado junto al río, el lugar donde nos lavábamos las manos no era ése, sino justamente en el lado izquierdo, bajo la Escuela.

La última diferencia notable entre ambas fotos, (1921 y h. 1953) es la presencia, bajo la torre, de esas dos hermosas acacias de bola que además de adornar el fondo de la plaza, han proporcionado (y aún proporcionan) una buena sombra a quienes no entran en la iglesia y esperan fuera la salida de alguna ceremonia.

(12mr2008)

7. LA FOTO CUARTA DEL POST 4



Hoy me he llevado una alegría muy grande. Le he mostrado a mi padre los seis post que había colocado en este blog y al ver la foto del grupo de gente mayor que está con don Sixto (la cuarta foto del post 4) me ha dicho: los recuerdo a casi todos. Mi padre tiene 91 años y como se puede ver, una memoria estupenda.

Me daba un poco de pereza empezar a nombrar a todos los que aparecen en las fotos y hasta un poco de reparo, porque a muchos siempre se les ha conocido por el mote en vez de por su nombre; pero ante el acontecimiento de que mi padre lo hiciera no me puedo quedar sin contarlo.

Vuelvo a poner arriba la foto en cuestión y aquí abajo la foto clareada con los números de identificación y los nombres que él me ha podido decir. Si alguien conoce a los que faltan y me los dice, o si alguien quiere corregir algún error, le quedaré muy agradecido.




1. Juan Francisco Lazcano, padre de Severino Lazcano (del que vimos su carro en (3))
2. Minguez, el padre del guarda.
3. desconocido
4. Capita padre
5. desconocido
6. desconocido
7. Benigno
8. P. Ruiz, padre de Mercedes Ruiz que se casó con Carmelo Yusta
9. Ponche
10. Maximino Lazcano
11. Víctor Salazar, “el guardilla”
12. Ramón Ibarnavarro, padre del Chatillo.
13. Bernardo Ballugera
14. Nicanor Lazcano, que vivía en la plaza justo enfrente de nuestra casa.
15. desconocido
16. Manolo García
17. desconocido
18. Eugenio Fernández, padre de la Benita, o sea, abuelo de Candelas y Crucita
19. Blas Santa Cruz
20. Sixto Maiso, el maestro, o sea, “don Sixto Maiso”, (siempre se le puso el don delante)
21. Nicolás Martínez, padre de Caín
22. desconocido

Y lo que está claro es que no podía ser una foto de antiguos alumnos. Igual era una foto de los miembros de la Cofradía de la Veracruz, pero eso es sólo una suposición mía.

(13mr2008)

8. LA VISITA DEL GOBERNADOR




Ahora los políticos no paran quietos, pero cuando el pueblo de Anguciana era pueblo, la visita de un Gobernador eran palabras mayores. Como hemos visto en (5), el 25 de julio de 1964 vino el Gobernador a Anguciana para inaugurar la pavimentación de las calles (acabadas bastante antes, como es habitual).

Lo digo porque el hormigonado coincidió con mi último año en la Escuela (1962-63) y fue toda una aventura colectiva que recuerdo perfectamente: todos los hombres se organizaron en veredas, y los primeros tractores iban con sus remolques al río a por grava, donde, por la impericia de los novatos tractoristas, más de una vez se quedaron atascados y tuvieron que ser sacados con mulas. Según supe después (de esas cosas no estaba pendiente un niño), las pavimentaciones las llevaron a cabo unos contratistas de Fuenmayor llamados Aranzubía que luego nos iríamos encontrando varias veces por la vida.

Bueno, en la foto de arriba vemos el momento en que el cura párroco don Gregorio Ichaso echa un hisopazo sobre la cinta colocada al inicio de la calle de la Iglesia. De izquierda a derecha podemos ver a Román Lahorra, un tricornio, Mariano Matesanz “el torero”, dos “camisas viejas” o sea, falangistas: el que luego fue director provincial de la Vivienda, Fernando Tejada y el Gobernador, y justo detrás, creo que es Luis Lahorra. Sigo hacia la derecha: con corbata clara y gafas, el alcalde, o sea, mi padre; y por detrás de su cabeza parecen el veterinario a la izquierda y "Capita" a la derecha; en primer plano, don Gregorio dándole hisopo y justo detrás de él, don Julián Cantera, y detrás de don Julián, asomando su gorra de plato, Luis, el alguacil; y más a la derecha, al fin, un franciscano, otro tricornio y el joven cura Bernardito (o don Bernardo, cuando fue párroco en Briones). Los monaguillos, con la Cruz procesional y sus velones, decoran magníficamente la escena.

Aquel día hubo más fotos. No es que entonces se hicieran tantas como ahora, pero la visita de un Gobernador atrajo a más de un fotógrafo, y además de Albe estuvo Calleja y alguno otro que no las firma. De aquel día tengo otras tres fotos:

En la primera puede verse al “grupo de autoridades” dirigirse por la plaza hacia la carretera a la espera del Gobernador. Vemos a Manolo Tobalina, que también sería concejal, al veterinario con gafas negras y fumando, a don Julián Cantera y Orive con la teja encima, a mi padre, y a la derecha del todo, a don Honorato, el médico.


Durante la espera en la carretera, aparece el Secretario, el cura, don Gregorio (también con teja) y en primer plano, con esa gracia de los niños que cruzan despistados y ajenos a los asuntos de los mayores, una hija del herrero.

Finalmente, entrando a la iglesia para coger fuerzas para las bendiciones de calles, tengo esta otra foto en que mi padre aparece feliz y sonriente junto al circunspecto Gobernador, con Mariano Matesanz detrás y el juez “Capita” delante, abriendo camino:



(14mr2008)

9. LA FUENTE



En Anguciana, como en muchos otros pueblos y ciudades, se establece una interesante pugna o dualidad entre las plazas creadas como antesala de los edificios públicos (ayuntamiento, iglesia, escuelas) y las plazas que surgen espontáneamente como puntos de encuentro entre distintas calles. Y así, frente al doble espacio formado por la Plaza de la Constitución (2) y la Plaza de la Iglesia (3), el gran espacio en que confluían la “Calle Arriba”, “Las Callejas”, la “Calle de la Iglesia” y la carretera de Haro al Montón de Trigo ha sido desde siempre su “otra plaza”, una plaza menos representativa pero mucho más animada en cuanto a trasiego de gentes y vehículos.

Hasta que en los comienzos de los años sesenta se pavimentara y se crearan los jardincillos que tras varias alteraciones han llegado hasta nuestros días, (creo que fue la primera gran obra de mi padre como alcalde), esta plaza era un gran paramal de tierra o de barro (según la climatología), cuyo único punto construido y arbolado era la fuente del pueblo y el banco que la rodeaba, situada en la confluencia geométrica entre la calle Arriba y la calle de la Iglesia, al sur de la carretera .

De aquella entrañable fuente sólo teníamos en mi familia la foto de arriba, en la que se ven sentadas a mis dos tías (María y Pilar) y de pié en la escalera, a Mercedes Izquierdo. El fondo de la foto es la “Calle Arriba”, en la que hay un par de carros aparcados con varios "bocois" encima.

Pero en la exposición de 1993 se recogieron por el pueblo algunas más, y tuve la suerte de hacerme con unas fotocopias de las mismas. Son estas tres que vemos aquí abajo, en las que no reconozco a las personas. El fondo es siempre la Calle de la Iglesia, y transversalmente, la carretera.






Además de estas cuatro fotos, en la mencionada exposición hubo una foto de tipo personal en la que se ve al fondo el conjunto de acacias de bola que rodeaban la fuente.



Lo curioso es que no haya ni una foto del gran espacio vacío (polvoriento o barrizal) que iba desde la calle Arriba hasta las Callejas (y su primitivo“badén” con la carretera”), con todo el frente de la “posada” y las dos casas con soportales como fondo de escena. Es una pena. En todo caso, ese frente de casas lo veremos muchas veces en las fotos de los nuevos jardincillos.

(15mr2008)

10. EL CASTILLO



Sobre el castillo de Anguciana ya he escrito varias cosas, así que no me voy a repetir aquí. La más amena de todas creo que es el artículo para Piedra del Rayo titulado “Anguciana, capital Perú” que también está colgado en mi libro-blog “Una voz en un lugar”, por lo puede leerse en pantalla pinchando sobre el link del título. Pocos años después y para un estudio general de los Castillos de La Rioja impulsado por el arquitecto Jesús Pascual y el Colegio de Arquitectos, y editado finalmente por la Consejería de Cultura, escribí sin mucho entusiasmo otras pocas líneas sobre el mismo que pueden leerse allí. Lo mejor de esas páginas (79 a 93), sin embargo, son las fotos aéreas que muestran el penoso estado del Castillo y del Convento en la fecha de su edición (2006).

Para curarse de todo este presente y del aún menos esperanzador futuro, nada mejor que contemplar la fotografía que muestro arriba, en la que junto a la torre aún puede verse la “casa-palacio” antes de que fuera derribada para la construcción de la segunda fase del convento.

Además de estos dos protagonistas principales (la Torre y la Casa-palacio) la foto muestra otros elementos urbanos muy queridos para quienes los vivimos en la infancia. En primer término, el “cauce” en el punto en que hace su aparición en el pueblo, después de pasar por la huerta del Castillo (donde tuvo incluso un truchero), y antes de llegar a lo que fuera su molino (que veremos en otro post). A ese “cauce” iban a abrevar las mulas y las vacas del pueblo, dejando… un oloroso reguero de mierda por la carretera…, ja ja ja; aunque no todo era suciedad, porque también servía para que algunas mujeres, que lo preferían al lavadero del “venajo”, hicieran en él su colada. La piedra que se ve en el borde del cauce era un lugar de asiento muy cotizado, y las dos acacias de bola, que ha sido tristemente taladas el año pasado, han constituido uno de los adornos vegetales más bonitos del lugar durante toda mi vida.

Según he oído comentar varias veces, el hombre que aparece a la derecha de la imagen era uno de los varios hermanos de Mercedes Izquierdo que murieron jóvenes, probablemente Ramón, aunque no lo puedo asegurar.

Otros dos árboles muy singulares que adornaban el castillo por detrás, eran esos dos cedros que pueden verse en esta fotografía hecha desde el camino del Soto. A la derecha, al fondo, también se ve la torre de la iglesia antes de su recrecido, y en primer plano, vemos la gran tapia de la huerta del castillo hecha con la técnica del “tapial”.



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El periódico La Rioja editado el 12 de junio de 1895 publicaba un largo artículo de la visita a Anguciana del "Doctor L. Mosquera", que incluía una ilustración hecha por Merino Guerra (de Zaragoza) sobre fotografía de José López Mosquera (de Santo Domingo) en la que puede verse la fachada sur de la torre y de la casa palacio con una galería adosada al testero de esta última.

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La última de las fotos antiguas del castillo de que dispongo, es ésta otra tomada desde el extremo oeste del puente, en la que se llega a adivinar, al fondo de la carretera, la fachada norte de la casa palacio. También se ven las barandillas de piedra del puente (como las veremos en otras muchas posteriores), y el hecho de que la “caseta del caminero” (que estaría a la izquierda de la foto) aún no estuviera construida. Es imposible ver quienes son los que están posando en el extremo del puente y haciendo equilibrios sobre las barandillas de piedra, pero es indudable lo alegre de la escena:

11. JAIME MARIN




La fotografía que traigo hoy aquí ilustra perfectamente lo que contaba en el post de ayer (10) sobre el uso del “cauce” junto a la carretera. Esta tomada en agosto de 1963 por Jaime Marín, y en ella vemos a la izquierda a un hombre llevando a su ganado por la carretera, aún sin asfaltar, a abrevar en el cauce, mientras un poco más allá de la piedra que señalaba como un asiento muy apetecible, se ve a un grupo de mujeres haciendo la colada. En cuanto al fondo arquitectónico vemos que la antigua casa-palacio ha dado paso a la nueva capilla del convento y las alas de la segunda ampliación, y que las dos acacias de bola han sido encerradas detrás de una tapia mixta de mampostería y forja, construida sobre el borde mismo del agua. En primer plano, está mi hermana Mercedes con un hijo de Jaime Marín subido a una de las bordalesas que “Perjuicios” tenía delante de su casa. A la derecha de esa bordalesa podemos ver la variante en “medio banco” del modelo de la plaza de la Constitución que vimos en (2). Con cuatro o cinco bancos construidos a cada lado de las tapias de este tramo de la carretera se creó allí todo un auténtico salón urbano. Otro detalle reseñable es el cartel que anuncia la centralita telefónica del pueblo, que en tiempos de la foto estuvo en casa de la Celes, y que años después pasaría a la de la Santos, dos casas más allá.

Pero vayamos con el título de este post, dedicado al autor de la foto. Mucho me gustaría que gracias a este blog pudiera establecer contacto con los herederos de Jaime Marín, porque estoy seguro que atesoran una estupenda colección de fotos de Anguciana. Jaime Marín padre, que tenía una sastrería en Bilbao, fue uno de los primeros veraneantes en nuestro pueblo, hasta el punto de comprar y arreglarse una casa justamente en la plaza, entre la nuestra y la de la Amelia. Jaime Marín hijo siguió el oficio del padre, pero además, era un gran aficionado a la fotografía. Tenía una cámara de doble cuerpo, de aquellas en las que se miraba por arriba con negativos en formato 6x6, y como enamorado del pueblo que era, seguramente hizo fotos de todos sus rincones. A nosotros nos dio aquellas en las que salía alguien de nuestra familia, pero sus álbumes de Anguciana en los sesenta tienen que ser preciosos. Como muestra de ello, la foto de arriba, y esta otra en la “calleja de la Chimela”, también con mi hermana Mercedes como protagonista, cuyo tema central es el reflejo de la torre de la iglesia en ese gran charco que dejaría alguna tormenta veraniega.



(17mr2008)

12. LA CALLE ARRIBA


Otra de las joyas fotográficas que conservo de la recolecta popular de fotos para la exposición de 1993, es ésta de un grupo de niños al comienzo de la Calle Arriba, tomada hacia 1958. Está un poco arrugada (y por eso la conservo, porque fue una fotocopia fallida), pero aunque esa arruga afecta a algunas de las preciosas caras de aquellos niños que muchos reconocemos perfectamente, la foto proporciona a cambio un buen testimonio del aspecto vivo y destartalado de la calle Arriba antes de que se pavimentara hacia 1963 y pasara a llamarse “Calle Real”.

Vistas ya las plazas y los edificios más representativos de Anguciana, toca recorrer las calles en las que se asentaba el grueso de las casas y de la población, y de entre ellas, la primera y principal es la larga calle que empieza en el centro del pueblo y acaba…, allí arriba, en el camposanto. Y de ahí su viejo nombre.


Y de ahí también que ponga aquí una vieja foto hecha desde “arriba”, es decir, desde la ermita que hay junto al cementerio, en la que puede verse, si no el espacio de la calle, sí el caserío de la misma. Es una foto de foto que saqué hace mucho tiempo de una postal fotomontaje en la que el motivo principal era la Virgen del pueblo. A la izquierda y en primer término se ve la fábrica quemada, al fondo del caserío, el castillo; al fondo a la derecha, la torre antigua de la iglesia.; y más a la derecha, el tupido arbolado de las chopas de la carretera, en la que puede, verse que más acá de la casa nueva donde vivieron Maxi e Isaías Ibarnavarro, (y donde se instaló la primera sucursal de la Caja de Ahorros de Zaragoza Aragón y Rioja), no hay más casas.

Me encantaría recorrer casa a casa toda la calle, con fotos de cada una de ellas e indicaciones de sus moradores, pero me temo que sé muy poco del pueblo para hacer eso. De momento, termino esta presentación de la calle Arriba con la imagen de 1964 en la que se muestra su primera pavimentación en hormigón.



(18mr2008)

13. LA CALLE DE LA IGLESIA







Con ese nombre no podía ser mala calle. No es muy larga, pero sí bastante regular y tiene (o tenía) media docena de casas notables, todas ellas peculiares o muy distintas entre sí. Como es calle pequeña me voy a detener en ellas.

A mano derecha (fotos 1 y 2) vemos en primer lugar la casa de los Lahorra, con ese mirador hacia la carretera en su medianil y esa fachada tan ordenada de ladrillo que se ve al fondo en la fotografía 3; fue demolida hace muy pocos años y sustituida por una nueva. Junto a ella la casa de la Marita o de los Angulo, con mirador blanco y el curioso revestimiento total de cerámica verde. Y a continuación, la casa en la que recuerdo que vivieron “las maestras”, o sea, doña Feli y sus dos hermanas, Pura y Neme, toda de piedra y con tres balcones por piso a la calle.

En el comienzo del lado izquierdo está esa casa con el balcón en esquina y ventanas desordenadas donde vivía el secretario, y a continuación, la casa con fachada de piedra de sillería y balcón corrido de Emiliano y la Dolores que puede verse muy bien en la foto 1. En la esquina con la travesía a la plaza está aún la casa de Mariano Matesanz, de la que no tengo foto antigua y por eso pongo abajo una del 2006 (foto 4). A cambio, le vemos al propio Mariano Matesanz (“el torero”) con gabardina blanca en la procesión de San Isidro Labrador (foto 3). Y como tampoco tengo fotos viejas de las dos casas de piedra de sillería que están justo detrás de la cabecera de la iglesia, pues también pongo una foto nueva (foto 5). La casa grande era la de Ramón Mendoza.

El resto del caserío, de carácter más sencillo y popular ha ido sufriendo varias transformaciones, modernizaciones y sustituciones, y por eso no lo comento aquí; aunque eso no quita para que, en nuestros recuerdos y conversaciones siempre señalemos quién vivía en cada cual.

Y es que eso es (o era) lo más interesante del pueblo: que cada casa y cada tramo de calle era conocido por cada uno de sus moradores.




(19mr2008)

14. LAS CALLEJAS



Nunca he sabido porqué la tercera y última de las calles tradicionales del pueblo tenía su nombre en plural, pero así es como se la llamaba cuando yo era niño y así es como la traigo al blog. Luego se le llamó calle del Soto y ahora, creo que calle Blas Santa Cruz, -como si Anguciana fuera ya un lugar cualquiera de esos que los nombres se cambian cada poco. Lo que no ha cambiado es su estrechura inicial, de donde seguramente le viene el nombre de “calleja”, y eso que por ella se han ido metiendo con calzador, primero el enorme bloque que promovió Miguel Llorente, luego un edificio de pisos algo más proporcionado pero con muchas viviendas, y finalmente toda una calle para más casas nuevas y pisos, todos en su lado izquierdo según se entra desde la plaza.

Las casas del lado derecho siguen siendo las de antaño, empezando por la de Lola Mendoza, con ese mirador tan original que aparece como cruzado respecto a la calle y mirando hacia las zonas importantes del pueblo. (Como está igual que siempre, pongo una foto reciente de esta casa que lleva bastante tiempo deshabitada).


La casa de Gonzalo Samaniego fue la primera construcción nueva del lado izquierdo, y así aparece en la foto de 1964 que va arriba en primer lugar. Para mejor acceder a sus grandes garajes se apartó de la alineación y así empezó el desorden de todo este lado. Al fondo de esa foto puede verse el elemento más singular de la calle, el depósito de las aguas que la remata y que se construyó en 1953. Una orgullosa placa negra lo recuerda en lo alto.


De 1964 tengo también una foto en color en la que se pueden ver los chopos del camino y tres paseantes. Pero lo bonito de esta foto es que muestra que el “diálogo visual” que había entre el depósito de las aguas y la torre de la iglesia a ambos extremos de la calle:


De todos modos, subidos a lo alto del depósito aún se puede restablecer ese diálogo por encima del bloque de Llorente, e incluso ampliarlo a la torre del convento, como en esta bonita foto en la que también podemos ver, abajo, nuestras “Callejas”.



(21mr2008)

15. LA CARRETERA




Después de ver las tres plazas (Constitución, Iglesia y la de la Fuente) y las tres calles tradicionales de Anguciana (Arriba, de la Iglesia y Callejas) es momento de ver algunas fotos de la carretera.
La primera que he puesto arriba, de 1966, es una vista tomada desde el castillo hacia Haro y aunque en primer término vemos algunas casas del centro del pueblo y la frondosa arboleda de la plaza a la izquierda, me interesa dirigir la mirada hacia el fondo de la foto para ver la cortina de árboles que señala la línea de la carretera. También se puede ver en esa foto la caseta del caminero que estaba encima de la cuesta del Batán, y llegando al pueblo, otra gran mancha oscura de árboles a la derecha.
Las carreteras son ahora anchas cintas de asfalto entre biondas de protección y peligrosas cunetas cortadas a bisel, pero hace cuarenta años, las carreteras eran lugares, -lugares de paso, sí, pero lugares, es decir, espacios humanizados. Y las sombras de los árboles que las adornaban eran el elemento más evidente. Por eso pongo aquí otro par de fotos que tengo de la vieja carretera. En la primera, tomada en la cuesta del Batán a comienzos de los cincuenta, también podemos ver, tras las paseantes con niño y los árboles, la caseta del caminero.


En la siguiente, hecha en el verano de 1966 con la primera cámara que nos compramos a medias mi hermano Ricardo y yo, se me puede ver posando con la bicicleta poco antes de llegar a la única curva que hay en el tramo llano entre Haro y Anguciana.

El arbolado de la mayor parte de la carretera estaba formado por acacias y olmos, es decir, por árboles que aguantan la sequedad de la Loma, pero al llegar al pueblo (y a sus ricas aguas subterráneas) había unas chopas enormes que creaban todo un bellísimo túnel de entrada. En esta foto que se hizo mi hermano Alberto hacia 1970 con algunos amigos junto a la valla del chalet de San Ignacio, puede verse ese túnel vegetal del que hablo, y el grosor de las chopas que marcaban la división entre la calzada y la acera.


Pero seguramente el lugar más bonito de la carretera a su paso por el pueblo era el pequeño “salón urbano” que se creó adosando a las tapias de la huerta del convento y del jardín de nuestra casa, esos medios bancos semejantes a los de la plaza. Los árboles eran unos plátanos tan frondosos como los de la plaza y las aceras estaban a un nivel inferior a la carretera con lo que resultaban ser como más especiales. No tengo una foto lo suficientemente específica de este lugar pero podemos hacernos una idea con esta vista tomada desde lejos.


De aquel bonito “salón urbano con carretera” quedan aún los árboles (los troncos más bien) del lado del convento, las aceras (ahora por encima del nivel de la calzada) y unos bancos de madera que sustituyeron a otros prefabricados de hormigón que se pusieron en el lugar de los originales. Pero algo es algo. Por comparar (y por llorar un poco), también podemos fijarnos en el fondo de este lugar, que ya hemos visto cómo era en la primera foto del Castillo (10) y en la de Jaime Marín (11). La foto la hice el miércoles pasado (19mr08) y por suerte no se ven las nuevas almenas, también de hormigón y color cagalera que le han puesto al castillo en la recién concluida "restauración" (lo dejaremos para otro día, o mejor, para nunca jamás: que esto va de recrearse la vista con las fotos antiguas del pueblo).



(22mr2018)